La Revolución es la cosa más seria, por la tremenda responsabilidad que conlleva que tu clase y tu pueblo depositen en tus manos sus banderas. Capítulo 9 del relato de Paco Cela.

Portada «Aún me sigue enamorando aquel invencible grito».

Francisco Cela Seoane

“Aún me sigue enamorando aquel invencible grito”

Capítulo IX

No aterrizamos en este planeta provenientes de Marte, ni nos hicimos revolucionarios leyendo a Carlos Marx en una anodina sala de Biblioteca. Nos parió nuestra clase y nuestro pueblo con su lucha y su grito, con sus ansias de romper sus cadenas a dentelladas fieras. En su seno nacimos, en su seno crecimos y en su seno siempre hemos permanecido.

Éramos jóvenes y rebeldes, henchidos de vida, rebosantes de una alegría loca y festiva, con una pasión desatada por amar hasta acabarnos, llameantes de impaciencia no ya por tomar el cielo al asalto, sino a la carrera, sintiendo a bocajarro en nuestros corazones el crepitar del hombre nuevo. Ese fue nuestro Grito de Guerra: Luchar, Vivir. Amar y Soñar pero que a tumba abierta, tal y como si no existiera el mañana. No nos conformábamos con convencer, ¡queremos enamorar!

Pero plenamente conscientes de que la Revolución no es un juego, que es la cosa más seria, no ya porque un revolucionario se juega la tortura, la cárcel y la vida a cada tramo del camino, sino por la tremenda responsabilidad que conlleva que tu clase y tu pueblo depositen en tus manos sus banderas.

(Continuará…)

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