La solidaridad entre pueblos en la Guerra Nacional Revolucionaria. Del Frente Popular al Gobierno popular y democrático.

Milicianos ante la sede de Milicies Antifeixistes.

La solidaridad, arma imprescindible entre los pueblos.

Agenda

18 de julio de 1936: comienza la Guerra Nacional Revolucionaria

La unidad de todas las fuerzas antifascistas que se había materializado en la formación del Frente Popular abrió paso a un Gobierno popular y democrático contra el que el fascismo desencadenó una guerra que duró tres años. Una vez más, en los campos de batalla, en las fábricas, cavando trincheras, en las ciudades bombardeadas, en el peregrinar de miles y miles de refugiados se volvieron a dar innumerables ejemplos de solidaridad entre los pueblos. Vascos, catalanes, gallegos y castellanos lucharon codo a codo, porque la lucha contra el fascismo era la defensa de las libertades democráticas y de los derechos nacionales, el derecho a una lengua, a una cultura y, por supuesto, el derecho a decidir sobre su futuro.

Hemos podido rescatar algunos hechos de una memoria que fue aniquilada, como el agradecimiento de los refugiados al pueblo catalán, los miles de milicianos catalanes que no dudaron en defender a Madrid cuando estaba cercada, el reclutamiento de las milicias gallegas en Madrid, los marineros gallegos en los frentes de Euskal Herria o los gudaris vascos en Asturias, aparte de dedicar un apartado muy especial al trabajo del Socorro Rojo Internacional, una organización de la que no solo hemos recogido su nombre sino también sus objetivos, enseñanzas y combate contra la represión, por la liberación de los prisioneros políticos y por las libertades democráticas.

Dibujo. (El pueblo forma un enorme puño)

Pierre Vilar

Historia de España. Ed. Grijalbo, 1978

«… El golpe de estado triunfó, en el sentido de que privó a la República de casi todos sus cuadros militares… Pero el golpe de estado fracasó en el sentido de que el ejército no reconstituyó los poderes sino sobre una parte restringida del territorio; en las otras partes fue desarmado por la población y el gobierno no se consideró vencido, a pesar de la destrucción del instrumento militar…

Por primera vez el ejército son también los soldados; en Madrid, Valencia, Barcelona los soldados se pasan, en cuanto pueden, al lado del pueblo. Y en los cuatro quintos de las unidades de la marina, los marineros y suboficiales ejecutan y reemplazan a sus jefes sublevados. Por otra parte, el pueblo no es una vaga muchedumbre: partidos, sindicatos, “juventudes” dan los cuadros de los combatientes populares.»

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