La memoria antifascista imprescindible de la familia Santesteban, de Laredo. Nicasio, Manuel y Ramiro forman parte del primer contingente de 400 republicanos españoles destinados a Mauthausen.

Foto. Hijos y padre Santesteban.

Memoria histórica imprescindible:

La familia Santisteban de Laredo

Por Toni Álvaro

‘Veías que el soldado iba con un perro al que tenía amarrado. Y, de repente, soltaba el enganche y lo lanzaba contra el primero que pasaba. Lo hacía por pura diversión. Si te enganchaba, salías en trozos’.

Ha muerto Ramiro Santisteban Castillo (a la derecha, junto a su padre y su hermano mayor) tras una existencia aferrado a la vida para poder hablar y mantener la memoria de las personas decentes, tarea imprescindible cuando se regalan masters de indecencia y cualquier botarate dispone de altavoces y votos.

Familia humilde de Laredo, padre socialista que era ante todo un hombre de paz, ganadero que completaba sueldo repartiendo correo. En agosto del 37 la gente se agolpa en el puerto de Laredo esperando alguna embarcación que los aleje del fascismo, ese chapapote que amazacota neuronas. Nicasio Santisteban consigue embarcar en un pequeño pesquero con su esposa Silvina y sus hijos. Navegan a oscuras para no ser interceptados por el crucero Almirante Cervera, alias El Chulo del Cantábrico, especializado en cañonear población civil, lo mismo en Gijón o Santander que en la línea de costa que une Málaga con Almería.

La familia Santisteban Castillo consiguió llegar a Francia y luego pasaron a Catalunya. Nicasio consideraba un deber defender la II República. En el invierno de 1939 vuelven a cruzar la frontera hacia el otro lado. Nicasio y sus dos hijos mayores, Manuel y Ramiro, que tienen 19 y 17 años respectivamente, son enviados al campo de concentración de Vernet, mientras que la madre y los hijos pequeños son enviados a un campo de refugiados en Normandía.

Cuando Francia declara la guerra a Alemania, Nicasio, Manuel y Ramiro son trasladados al campo de Septfonds como paso previo a emplearlos como pico y pala en la 101ª Compañía de Trabajadores Españoles del Ejército francés destinada a la frontera franco belga. Caerán prisioneros de los alemanes en Amiens en mayo de 1940.

En un primer momento, los republicanos españoles son tratados como prisioneros de guerra, hasta que el general Franco da luz verde a su exterminio. Nicasio, Manuel y Ramiro forman parte del primer contingente de 400 republicanos españoles destinados a Mauthausen. Ramiro Santisteban, número 3.237, cumple los 19 años a los quince días de su llegada al horror. Y decide aferrarse a la vida.

Hagamos de la memoria antifascista un presente de lucha y resistencia.

Es testigo de la brutal paliza a la que es sometido su padre por uno de los guardias, que lo rompe a palos bajo una ducha helada, y conseguirá, gracias a Francesc Boix, que acaben destinando a Nicasio a cocinas. Su hermano Manuel es destinado al subcampo de Steyr, al servicio de Steyr-Daimler-Puch, empresa pionera en la utilización de mano de obra esclava de los campos de concentración. Ramiro acabará en el kommando Poschacher, los poschacas, integrado por los prisioneros más jóvenes, puestos al servicio del empresario Anton Poschacher.

Padre e hijos sobrevivieron a la liberación de Mauthausen el 5 de mayo de 1945. Esperaron un mes para ser trasladados a Francia y supieron que el resto de la familia había vuelto a Laredo. A los pocos días de llegar a París para su convalecencia, Nicasio Santisteban, devastado por los años de cautiverio, moría en el hospital  de La Salpêtrière. Manuel Santisteban decidió cruzar de nuevo la frontera a pie para poder abrazar a su madre. La Guardia Civil lo asesinó a tiros en un camino de montaña mientras lo intentaba.

Ramiro Santisteban se quedó en París, trabajando en la fábrica Renault, y la vida le regaló a Niní, su compañera, que gestionaba los expedientes de los criminales de guerra nazis en el ministerio de Justicia. Ramiro fue presidente de la Federación Española de Deportados e Internados Políticos Víctimas del Fascismo (FEDIP) y fue a todas partes con sus compañeros exterminados en los campos.

Tuvo que esperar a 2007 a recibir un homenaje a los deportados cántabros en su tierra natal. A esas alturas, del centenar de deportados sólo dos seguían vivos dos, Ramiro Santisteban y Lázaro Nates. En 2010 se inauguró un monumento en memoria de los once vecinos de Laredo enviados a los campos de exterminio. Abrazado a Lázaro Nates, Ramiro expresó un deseo: ‘que este momento venga a ser como colocar un eslabón que faltaba en la cadena de la historia de nuestro país’. O aprendemos de ese eslabón o nos quedamos sólo con la cadena, que somos mucho de vivan las cadenas y dejar que la indecencia campe a sus anchas.

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