«Matar al mensajero», película imprescindible. La historia de la implicación de la CIA en el gran narcotráfico. Y cómo su denunciante Gary Webb se ‘suicidó’ con DOS tiros en la cabeza…

Cartel de la película.

«Matar al mensajero”

Película de denuncia contra la implicación de la CIA en el gran narcotráfico mundial

La película “Matar al mensajero”, producida en 2014, se basa en la historia real del periodista estadounidense Gary Webb, que puso en evidencia que la CIA controla las riendas del gran tráfico de drogas en el mundo.

En su libro “Dark Alliance” Webb detalla que la CIA inundó de cocaína y crack los barrios pobres y negros de Estados Unidos y el dinero del narcotráfico se destinó a abastecer de dinero y armas a los “contras” nicaragüenses. El libro no se ha traducido al castellano.

Tras muchas amenazas, Webb apareció muerto en 2004 en su casa de California con el rostro destrozado por dos disparos. La policía lo consideró aún así un “suicidio”.

Entre los miembros de la CIA encargados del tráfico de drogas estaban Luis Posada Carriles, Félix Rodríguez Mendigutía, el que ordenó el asesinato del Che, y conocidos terroristas cubanos.

PELÍCULA:

El reportero Gary Webb se convierte en el objetivo de una violenta campaña de difamación después de destapar el papel de la CIA importando grandes cantidades de cocaína para destinar el dinero de la venta para los contras nicaragüenses. Webb continúa explorando el escándalo, averiguando más cosas escandalosas, lo que pondrá en peligro no sólo su carrera, también su vida y la de sus seres queridos.

Foto. Gary Webb con un recorte de prensa de su denuncia.

ARTÍCULO de 2016 en prensa de Cuba:

Gary Webb, que denunció las relaciones de la CIA con el narcotráfico

El periodista norteamericano Gary Webb fue posiblemente el primero en usar INTERNET para denunciar las operaciones de la CIA, pero no tuvo la suerte de Edward Snowden y Julian Assange. Lo encontraron muerto con el rostro destrozado por dos disparos calibre 38 el 17 de diciembre de 2004 en su casa de California. Sin embargo, su caso lo consideraron suicidio y la policía sostuvo la insólita teoría de que se auto infligió las dos mortales heridas de forma sucesiva.

Ocho años antes, cuando trabajaba para el diario San José Mercury News en su formato digital, evidenció en una saga de artículos cómo la CIA en la década de 1980 vendió toneladas de crack en los barrios pobres de Los Ángeles, principalmente entre la población negra, y utilizó el dinero para sufragar las guerra de la Contra nicaragüense que trataba entonces de derrotar al gobierno sandinista en Nicaragua.

En los materiales reveló por primera vez cómo el flujo de cocaína se originaba en las bases del ejército salvadoreño por aviones de ese país hacia aeropuertos militares estadounidenses, donde era desembarcada bajo protección oficial para ser repartidas a las organizaciones de traficantes controladas por los servicios de inteligencia locales.

Sus investigaciones periodísticas se basaron en documentos desclasificados de la CIA y los testimonios de participantes en la operación, entre los cuales se encontraba Ricky Ross y “Chico Brown”, traficantes importantes de drogas de la costa oeste de Estados Unidos quienes operaban bajo la sombrilla de la central de inteligencia y “Cele Castillo” ex oficial de la Agencia Anti Drogas (DEA), testigo de la introducción de los estupefacientes y autor del libro “El polvo arde” sobre esas acciones encubiertas.

La serie documentó que jefes de la contra nicaragüense organizaron una red de traficantes en Los Ángeles y distribuyeron toneladas de cocaína a dos pandillas denominadas los ‘crips’ y los ‘bloods’ por medio del mencionado Ricky Ross. La cocaína era procesada y se le adicionaban sustancias químicas que incrementaban el volumen de venta y la nocividad al convertirse en crack. Mientras, la CIA y DEA miraban al otro lado.

En los artículos, Webb describía el papel de rectores del tráfico de cocaína, de Luis Posada Carriles y sus cómplices. Félix Rodríguez Mendigutía, el agente de la CIA que ordenó el asesinato del Che, y los hermanos Ignacio y Guillermo Novo, entre otros terroristas de origen cubano protegidos por las administraciones de Ronald Reagan y George Bush. De ahí que el periodista se ganó peligrosos enemigos, además de la agresividad oficial de su gobierno.

La CIA respondió con una campaña total de descrédito contra Webb al reproducir la matriz de que sus investigaciones se basaban en pistas erróneas y teorías conspirativas sin objetividad. Los mayores órganos de prensa se sumaron a la maniobra principalmente el New York Times y el Miami Herald.

En una entrevista en 1997 le preguntaron a Webb las causas de su decisión de correr los riesgos por su actitud de publicitar las acciones encubiertas de la CIA con el narcotráfico y respondió: “Porque es la verdad. Eso es lo fundamental. Uno se dedica a una carrera periodística precisamente por esa razón. Si estuviera errado, lo admitiría, pero no lo estoy. La gente tiene que enterarse de estos hechos, no solo para entender lo que pasó, sino también porque hay que pedir cuentas. Se han cometido crímenes. Hay mucha gente presa por el tráfico de cocaína. Esta operación trajo miles y miles de kilos de cocaína a los Estados Unidos, a los ghettos. Y hasta la fecha no se ha pedido cuentas a nadie, los únicos que han pagado el precio son los que viven en esos barrios.”

Tuvo que abandonar San José Mercury News en 1997 y no consiguió trabajo en ningún medio importante, pero en 1999 retomó el tema y publicó un libro titulado Dark Alliance: The CIA, the Contras, and the Crack Cocaine Explosion (Alianza oscura: La CIA, los contras y la explosión de la cocaína crack) que renovó sus denuncias con impacto en la opinión pública mundial.

El tema motivó un informe del Inspector General de la CIA acerca del tráfico de droga realizado en la que exoneraba a la Agencia, pero la Cámara de Representantes estudió el tema bajo la dirección de Porter Goss, jefe del Comité de Inteligencia, quien determinó en una corta audiencia que las alegaciones eran “falsas”. Posteriormente, en 2005 Goss fue nombrado Director de la CIA por la administración Bush

Poco antes de morir a los 49 años, Webb le comentó a un amigo que era vigilado y una noche sorprendió a varios individuos huyendo por las cañerías externas de su domicilio con gran rapidez, sin que le robaran nada en el apartamento, por lo cual consideró eran agentes oficiales con el fin de registrar su computadora. En el momento de su muerte Webb se encontraba preparando una nueva investigación sobre la conexión narcotráfico CIA. Eso selló su trágico destino.

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