Zamora, memoria histórica imprescindible: el asesinato falangista de José Alonso Zapata, maestro de Puebla de Sanabria.

Papel del fascista gobierno civil dando a Zapata como sacado de la cárcel.

Memoria Histórica imprescindible

Puebla de Sanabria / Mombuey, Zamora, 23-24 de agosto de 1936

(En las redes)

EN MEMORIA DE JOSÉ ALONSO ZAPATA (1904-1936)

Al cumplirse el aniversario de su asesinato, recordamos a José Alonso Zapata, maestro de Puebla de Sanabria.

Gracias a Lucio Martinez Pereda por documentos imprescindibles para completar su historia, que además nos permiten conocer a los responsables de su muerte, a los que dedicamos una mención.

Nació en Polopos (Granada) en 1904, hijo de Manuel Alonso y Ángeles Zapata. Su padre era maestro y sus hermanos mayores, Manuel (nacido en 1893) y Encarnación (nacida en 1901), se dedicaron también a la enseñanza.

En 1927 aprobó las oposiciones para el ingreso al magisterio y obtuvo destino en Pedrazales (Galende). En 1932 ascendió a la categoría de maestros con dotación de 3.500 pesetas.

Casado y con dos hijos, cuyos nombres desconocemos, tampoco hemos localizado ninguna imagen suya, aunque sí existen varias fotografías de su hermano Manuel.

En sus ideas políticas influyó sin duda el ejemplo de su hermano mayor, Manuel Alonso Zapata, destinado en Madrid, autor de La Escuela Unitaria (Madrid, Juan Ortiz, 1930) y La Nueva Educación (Madrid, Magisterio Español), desde 1930 secretario general de la Asociación general de Maestros, fundada en 1912 y denominada desde 1931 Federación Española de Trabajadores de la Enseñanza (FETE), presidida por Rodolfo Llopis y diputado socialista en 1933-1936. También como lo ejemplifican sus palabras públicas, fue consciente de la situación de atraso y de dominio caciquil en la comarca sanabresa, en la que ejerció su actividad profesional.

En 1932, como secretario de la Asociación de Maestros del partido de Puebla de Sanabria, participó en la organización de los cursillos de perfeccionamiento para maestros. En el acto inaugural “exhorta a sus compañeros a trabajar intensamente esta semana que comienza, para que siguiendo el ritmo de renovación social que se ha iniciado en todos los sectores de la vida sean los maestros sanabreses la vanguardia de ese movimiento de renovación cultural y que lleven a sus aldeas y a sus escuelas los nuevos cauces que la República quiere infiltrar en sus ciudadanos para llegar a hacer una España grande y feliz como todos deseamos”. En estas actividades de renovación pedagógica, Alonso Zapata contó con la colaboración entusiasta de José Salgado Luengo, inspector responsable de la zona noroeste y candidato por el PCE en las siguientes elecciones generales.

En diciembre del mismo año, con motivo de la declaración del Lago de Sanabria como bien de dominio público (tras reclamación de los vecinos de Galende) intervino en el acto de celebración organizado por las organizaciones republicanas y la casa del Pueblo, en el que, según La Mañana, “con una alocución brillante, excita a los ribereños a no dejarse liberar por los caciques, que ofrecían mercedes para aprovecharse de los beneficios. Termina dando un viva a Sanabria libre. Una clamorosa ovación ahoga las últimas palabras del orador”.

En concurso de traslado celebrado en 1933 obtuvo en propiedad la plaza de la escuela unitaria número 2, serie A, de Puebla de Sanabria, y en noviembre de 1935 formó parte de la junta encargada del funcionamiento de la cantina escolar de Puebla. Aunque no se conserva documentación, parece ser que habría participado en la creación de la FETE en la provincia de Zamora, que se constituyó en fecha tan tardía como marzo de 1936. Tampoco hemos podido acreditar la militancia en Izquierda Republicana que se le atribuiría en su expediente de depuración.

Hacer de la memoria antifa un presente de lucha y resistencia.

En mayo de 1936 publicó en la Tarde un artículo titulado “Ni una provocación más” en la que denunciaba la ofensiva terrorista desarrollada por la Falange en Sanabria tras la victoria electoral del Frente Popular, y la insuficiente respuesta de las autoridades, con frases como estas:

«Estamos amenazados de muerte por la canalla reaccionaria que parece ser –por la impunidad con que actúan- que siguen siendo los amos. (…) Y ahora que nos hemos convencido que se les jalea, que se les mima, que tienen armas y libertad completa para obrar, sin ser molestados, surge en nuestro ánimo la duda y el desaliento. Los que deben prestarnos auxilio, no tienen más que promesas y ante este dilema, sólo nos queda un camino, la violencia. Pero piensen bien, aquellos a quienes debe interesarle por su cargo y representación, que hemos agotado cuantos medios estaban a nuestro alcance, para evitar una situación difícil y de desbordamiento, declinaremos cuanta responsabilidad pueda cabernos”.

Estas palabras resultaban premonitorias pero también revelaban una impotencia que se pondría de manifiesto al producirse el golpe de estado. Aunque en la alta Sanabria se registró la única oposición digna de tal nombre, los intentos de coordinar a los partidarios del régimen democrático, en los que José Alonso Zapata habría participado junto al alcalde de Puebla, José Boyano, fueron inútiles, y no tardó en desencadenarse una durísima represión.

Detenido por la guardia civil el 22 de julio de 1936, ingresó en la prisión de partido de Puebla de Sanabria, a disposición de la autoridad militar, acusado de «excitación a la rebelión y otros delitos».

El 23 de agosto, en el documento que ilustra este post, el gobernador civil, teniente coronel Hernández Comes, ordenó al director de la cárcel la entrega del detenido al falangista Manuel Girón, oficialmente para su traslado a la cárcel provincial de Zamora. Sin embargo, aunque Manuel Girón firmó el recibo el 24 de agosto, José Alonso Zapata no llegó a Zamora, sino que, de acuerdo con un informe de la guardia civil, «apareció muerto a fines de agosto último en un monte cercano al pueblo de Mombuey». Tres semanas antes, el 5 de agosto, había sido asesinado en Ávila, donde pasaba las vacaciones, su hermano Manuel Alonso Zapata.

Tres días después de su asesinato, el gobernador civil incluyó el nombre de José Alonso Zapata en la lista de los maestros a los que declaraba destituidos. El 22 de enero de 1940, la Comisión provincial de Depuración hizo publicar en Boletín la orden del Ministerio de Educación por la que, una vez tramitado su expediente de depuración, se imponía a José Alonso Zapata la sanción de separación definitiva del servicio, con baja en el escalafón. La única superviviente de los tres hermanos, Encarnación, con destino en Carbonero de Ahusín (Segovia), pudo reintegrarse a la enseñanza tras haber sido sancionada.

Evidentemente, en un caso como el que nos ocupa, no podemos dejar de hacer mención a los perpetradores. Así como la biografía del teniente coronel Hernández Comes es sobradamente conocida, la figura de quien aparece como ejecutor material no forma parte de la nómina de personajes a los que estamos acostumbrados, ni se trata de uno de esos productos del lumpen que tan cómodos resultan a los espíritus bienpensantes. Manuel Girón Hernández, comerciante, conocido deportista en su juventud, en la que militó en Acción Popular, ingresó en Falange a tiempo de participar en las luchas callejeras contra jóvenes de organizaciones obreras y de merecer, en su condición de camisa vieja, los honores de la medalla de la Vieja Guardia y de participar en el traslado de los restos de José Antonio Primo de Rivera. En la retaguardia prestó, además de los ya conocidos, servicios en retaguardia de “vigilancia e inspección de Locales” junto al ya (también) tristemente célebre José Avedillo Brioso, y en 1938 era jefe de la centuria Manuel Redondo de la Segunda Línea de Falange. En la postguerra accedió al cargo de delegado provincial del Frente de Juventudes (1941), fue vocal de la sección de pastelería del Sindicato Local de Alimentación de Zamora y a comienzos de los años 60 era delegado provincial de la Vieja Guardia. En 1961 se le impuso la Cruz de Caballero de la Orden de Cisneros.

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