Foto de las torturas brutales que aplicaron a Kepa Crespo Galende en 1979. Murió en huelga de hambre el 19 junio 1981.

Foto. Kepa Crespo torturado.

Torturas:

Las torturas brutales que aplicaron a Kepa Crespo Galende en 1979

El diez de septiembre de 1979, una amplia operación dirigida por la Brigada Central de Información desembocó en la detención de trece personas, acusadas de pertenencia al PCE(r). Entre ellas, un joven que entonces contaba con veintiséis años, Juan José Crespo Galende, conocido entre sus camaradas como «Kepa».
Tres años después, en noviembre de 1982, la revista «Tiempo» publicaba, entre otras, esta foto que hoy compartimos. Es Crespo Galende, en uno de los instantes, inmortalizados como denuncia de la infamia, de su paso por la DGS. En la sesión de torturas participó el tristemente célebre «Billy el niño», que capitaneaba el Grupo Anti-GRAPO de la Brigada Central de Información.

Mucho llovió entre la detención de «Kepa» y la publicación de las fotos del martirio al que fue sometido. Condenado a unos increíbles treinta y siete años de cárcel por, supuestamente, haber participado en seis atracos a entidades bancarias (evidentemente, no estamos hablando de lucro personal, de «la causa de los atracos», sino de «atracos por la causa»), ingresó en Carabanchel y, de ahí, fue «kundado» a la recién inaugurada prisión de «máxima seguridad» Herrera de la Mancha, a la que fueron conducidos los prisioneros políticos en su conjunto, así como aquellos presos comunes que se habían destacado por su carácter contestatario, especialmente aquellos que habían integrado la COPEL.

En Herrera de la Mancha, decían, se encontraba el núcleo de la «reforma democrática» del sistema penitenciario. El relato que sigue a continuación, de los recuerdos de un preso común, deja constancia de la naturaleza de esa «transición» y recoge la esencia de las cientos y cientos de denuncias sobre torturas, malos tratos y vejaciones que se presentaron durante aquellos años y que traslucían un auténtico plan de exterminio cuyo núcleo, efectivamente, pasaba por Herrera de la Mancha:

“Nada más bajar del furgón, me llevaron desde el patio dos funcionarios, uno era Campos Córdoba había sido un reprimidor [sic] en La Modelo, nada más entrar habían formado un túnel de funcionarios a derecha e izquierda, un grupo de funcionarios de lo peor de toda España con porras y porras electrificantes [sic] me llevaron a patadas golpes y descargas, al módulo 1, donde me desnudaron a golpes y pusieron un mono azul, luego me explican, que nunca les he de mirar a la cara, siempre al suelo y una vez en una celda de hormigón me dicen cada vez que se habra [sic] la puerta, tenías que ponerte al fondo y hacer la postura del cristo, como lo llamamos nosotros, cuando pudimos hablar, la cabeza mirando arriba la piernas un poco abiertas y las manos abiertas y separadas del cuerpo, cuando salías al patio o donde fuera, siempre te cacheaban, en ocasiones te desnudaban directamente, otras veces se te metían en la celda cuatro boqueras y empezaban a tocar aquí y allí, luego decían hay polvo, no lo había era la escusa [sic] para machacarte, tenía un sentimiento de impotencia de no poder hacer nada, sólo la noche poder estar tranquilo [sic] unas horas, y tampoco porque encendían las luces y te obligaban a estar en la postura del cristo hasta que querían, qué tristeza siempre que recuerdo lo que tuve que pasar allíi y los abusos que tuve que soportar de estos maltratadores, pero no era lo peor pues si te pegan y no puedes hacer nada sólo te queda esperar que pase, pero te rebajaban, te humillaban, querían parecer mejores y era vergonzoso, vosotros sois la escoria. Estuve recibiendo palos todos los días durante 6 meses, ya no sólo eran las palizas, era vivir con esa espera, con ese dolor interior, esa ansiedad que no te dejaba, desde luego estaban bien preparados, pretendían derrumbarnos mediante el aislamiento más completo”.

El catorce de marzo de 1981, ante esa política de exterminio, «Kepa», junto a sus camaradas del PCE(r) y militantes de los GRAPO, iniciaron una huelga de hambre. Sus exigencias: un trato humano en prisión, el fin del aislamiento, de las palizas, de las torturas.

<<Morir para sobrevivir>>, así se expresó «Kepa» durante el transcurso de la huelga de hambre, que se prolongó durante más de tres meses de agonía. Poco antes de su fatal desenlace, un informe médico independiente confirmó que el agua que bebían los huelguistas contenía vitaminas. Los alimentaban a la fuerza. <<Pues ya ni agua. Hasta el final>>, sentenció «Kepa».
El diecinueve de junio de 1981, a las tres de la tarde, su rojo corazón dejó de latir.

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