España: con 1.084 años de condena por crímenes de lesa humanidad, tras tirar desde un avión al vacío a 30 personas, el criminal argentino Scilingo, lleva 26 salidas de la cárcel. Y vive en la sierra madrileña.

El criminal Scilingo de paseo en una calle de la sierra madrileña.

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El escondite de Scilingo en Madrid: así disfruta su libertad el argentino de “los vuelos de la muerte”

Condenado por lesa humanidad tras tirar desde un avión al vacío a 30 personas, lleva 26 salidas de la cárcel, con su familia en un pequeño pueblo de la sierra de Madrid.

Secuestraban a todos aquellos que consideraban contrarios al régimen. Les torturaban durante días, semanas o meses. Luego les drogaban para dejarlos seminconscientes y les subían engañados en aviones. Cuando sobrevolaban el océano, abrían la compuerta y les lanzaban desnudos al vacío. Aquello recibió el nombre de “los vuelos de la muerte”. Por su participación en estas prácticas de la represión militar argentina el excapitán de corbeta Adolfo Francisco Scilingo Manzorro fue condenado en España a 1.084 años de cárcel por lesa humanidad. Hoy, cuarenta años después, es un anciano de 71 años que disfruta de la libertad que le permiten sus permisos penitenciarios escondido en un pequeño pueblo de la sierra madrileña.

Es media tarde en esta población de varios miles de habitantes donde casi todo el mundo se conoce. Generalmente los vecinos se saludan por su nombre. Sin embargo, casi nadie en el lugar sabe que entre ellos se halla un activo represor de la dictadura militar que sembró de terror y muerte Argentina entre los años 1976 y 1983. Da la casualidad de que en la pequeña localidad viven varias familias argentinas y Scilingo fue lo bastante conocido en su país como para pasar desapercibido del todo. Han transcurrido muchos años, pero sus cejas oscuras conservan intacta una mirada profunda, casi desafiante.

Todos los miércoles se hacía un vuelo y se designaba en forma rotativa distintos oficiales para hacerse cargo de esos vuelos. Los que el día antes se les elegían para morir, se les llevaba al aeropuerto dormidos o semidormidos mediante una leve dosis de un somnífero haciéndoles creer que iban a ser llevados a una prisión del Sur. Una vez en vuelo, se les daba una segunda dosis muy poderosa, quedaban totalmente dormidos, se les desvestía y, cuando el comandante daba la orden, se les arrojaba al mar uno por uno”. De este modo, con gesto tranquilo, confesó en 1996 sus crímenes Adolfo Scilingo en una entrevista televisiva de fácil acceso en youtube.

Admitió que participó en al menos dos de esos vuelos en los que arrojaron a 13 y 17 personas, respectivamente. En el segundo, durante las maniobras, se resbaló y a punto estuvo de caer al mar junto a sus víctimas de no ser porque uno de sus compañeros le rescató a tiempo. Dijo que tras aquella experiencia no volvió a ser el mismo y que se entregó al alcohol. Cuando llegó a España fue ingresado en prisión. “Estoy donde tengo que estar, no sólo yo, sino un montón de gente más”, dijo en este caso a TVE.

Corría el año 1997 y el represor había sido invitado a participar en un programa de esa cadena, pero en lugar de acudir al plató fue detenido, interrogado por el exjuez Baltasar Garzón y encarcelado. Entre las víctimas de aquel periodo se cuentan 600 españoles. Hoy la versión de Scilingo es muy distinta, niega los hechos.

Nacido en Bahía Blanca el 28 de julio de 1946, acababa de cumplir 30 años cuando llegó a la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) de Buenos Aires, quizá el más siniestro de los cerca de 340 centros de detención y tortura que los militares establecieron por todo el país. Se incorporó unos días antes de las Navidades de 1976 y desde el inicio mostró su deseo de integrar el temido Grupo de Tareas 3.3.2., el más activo. Tuvo que conformarse con el puesto de jefe de electricidad y posteriormente con el departamento de automoción. Eso le permitió conocer muchos secretos de la ESMA.

En 3 cuadros: (3 personas torturadas y destrozadas).

Según el relato de los hechos probados que recoge la sentencia del Tribunal Supremo, subió en diez ocasiones a la “capucha”, el último piso del edificio donde retenían en las peores condiciones a los últimos secuestrados en llegar. Les cubrían la cabeza durante días para que perdiesen toda noción del espacio y el tiempo, les esposaban y les tendían en el suelo sumidos en una oscuridad nauseabunda. Hace unos años se discutió la conveniencia de rehabilitar las paredes de ese centro, ahora convertido en un museo de la memoria. Se decidió no hacerlo porque sus muros aún pueden contener pistas grabadas a mano por alguna víctima durante su cautiverio.

En la “capucha” vio Scilingo por primera vez a una embarazada entre los secuestrados. Se llamaba María Marta Vázquez Ocampo. Nunca más se volvió a saber nada de ella. Era habitual que los militares permitiesen dar a luz a las mujeres que llegaban en estado. Luego eran asesinadas y sus hijos entregados a matrimonios afectos al régimen que no podían procrear. Cómo responsable de los vehículos de la ESMA, prestaba aceite de quemar o gasoil para los llamados “asados”, eufemismo para referirse a la incineración de los cadáveres. En la misma sentencia se relata una comida en la que un médico explica a varios comensales, entre ellos Scilingo, que cuando los cuerpos se retuercen durante la incineración, no es que sigan vivos, sino que es una reacción del cuerpo al calor de las llamas. Todo eso era la ESMA.

Scilingo sabía a lo que iba porque fue uno de los 900 oficiales que acudieron a la reunión del cine del Puerto Belgrano en marzo de 1976 convocados por el almirante Luis María Mendía. Allí se les explicó que el objetivo era combatir todo lo que fuera “contrario a la ideología occidental y cristiana”. Se explicaron las líneas generales de la actuación: se actuaría con ropa de civil, operaciones rápidas, interrogatorios intensos, práctica de torturas y sistema de eliminación física mediante vuelos sin destino, si bien la muerte así producida sería “cristiana” puesto que la gente sería previamente narcotizada. Se estaban sentando las bases del llamado Proceso de Reorganización Nacional.

Scilingo ahora huye de los periodistas. Deja que sea su mujer la que abra la puerta de casa para decir que “él ahora no está” o que “no volverá hasta la noche”. Se preocupa de abrir la puerta lo justo y evitar que el extraño pueda ver a su marido en el interior de una casa modesta. El exmilitar rechaza por tanto la invitación de Vozpópuli a participar en este reportaje y poder hablar sobre su arrepentimiento, sus víctimas. Ofrecer algún dato sobre aquella embarazada llamada María Marta Vázquez Ocampo. Evitó una vez más la oportunidad para aportar los nombres de quienes, según dijo, deberían también estar en prisión y nunca fueron detenidos.

Artículo completo en:

https://www.vozpopuli.com/espana/Scilingo-escondido-Madrid-argentina-vuelos-muerte_0_1134187228.html

Y en:

https://www.clarin.com/politica/encontraron-adolfo-scilingo-responsable-vuelos-muerte-caminando-pueblo-espanol_0_Sk7sBCWRM.html

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