Las Misiones Pedagógicas, al servicio de la cultura popular.

Cartel de “Misiones pedagógicas. Coro y teatro del pueblo, el próximo domingo”.

1931-1939. Pluma pincel palabra. Al servicio de la cultura popular

Agenda

Misiones Pedagógicas

Las Misiones Pedagógicas fueron un proyecto cultural patrocinado por el Gobierno de la República desde el Museo Pedagógico Nacional y la Institución Libre de Enseñanza. Creadas por Manuel Bartolomé Cossío, en 1931, con el fin de llevar la cultura y los medios de instrucción, principalmente a las zonas rurales, donde el analfabetismo alcanzaba cotas superiores al 70% y donde no llegaba ni el teatro ni el cine, ni tenían acceso a una biblioteca. Fueron coordinadas por María Moliner, Juan Vicens de la Llave y Luis Cernuda.

Así definirían las Misiones Pedagógicas sus objetivos:

Fomentar la cultura general mediante bibliotecas populares, organización de lecturas, sesiones cinematográficas para conocer otros pueblos, sesiones musicales de coros y orquestas, audiciones por radio, exposiciones de arte con museos itinerantes.

Orientación pedagógica con visitas a escuelas para conocer su situación con la posterior celebración de una semana o quincena pedagógica y cursillos para maestros, en los cuales les muestran o enseñan cómo dar clases a los niños y los materiales de los que disponen.

Convocatoria de reuniones en los pueblos para revisar la estructura del Estado y sus poderes.

Estas Misiones llegaron a reunir más de seiscientos voluntarios de diverso origen: maestros, profesores, artistas y jóvenes estudiantes e intelectuales.

Entre 1931 y 1936, la labor del Patronato (y a pesar de los intentos de sabotaje durante el Bienio Negro), llegó a cerca de 7.000 pueblos y aldeas.

Hasta el 31 de marzo de 1937, se repartieron 5.522 bibliotecas, que en conjunto sumaban más de 600.000 libros. El Teatro y Coro realizó 286 actuaciones, y las Exposiciones Circulantes de Pintura del Museo del Pueblo, pudieron verse en 179 localidades.

Cossío, su presidente, definiría así las Misiones: «Somos una escuela ambulante que quiere ir de pueblo en pueblo. Pero una escuela donde no hay libros de matrícula, donde no hay que aprender con lágrimas, donde no se pondrá a nadie de rodillas como en otro tiempo.

Porque el gobierno de la República que nos envía, nos ha dicho que vengamos, ante todo, a las aldeas, a las más pobres, a las más escondidas y abandonadas, y que vengamos a enseñaros algo que no sabéis por estar siempre tan solos y tan lejos de donde otros lo aprenden…»

Foto de una de las misiones pedagógicas entre el pueblo.

Tras la guerra, los casi seiscientos voluntarios que habían colaborado directamente con las Misiones sufrieron toda clase de destinos. Algunos murieron asesinados nada más estallar la guerra; otros se enrolaron en las Milicias de la Cultura o en las Brigadas Volantes; muchos de ellos fueron encarcelados, expedientados o exiliados. También se dio el caso de algunos que se integraron en las filas del régimen fascista.

Dentro del proceso de depuración del magisterio español, la Institución Libre de Enseñanza fue saqueada, defenestrada y declarada ilegal y “altamente perniciosa”.

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