Defender las guerras justas…

Dibujo George Grosz. Poderoso protegido por militar, y un obrero casi en miseria.

La guerra deseable, la que dé la vuelta a la tortilla

Opinión. Un lector.

El militarismo agresivo de los yanquis y sus aliados está subiendo muchos puntos el nivel de terror en los últimos tiempos. Y de una manera desatada desde que el campo soviético se vio colapsado por sus propios revisionistas. A quien por edad le sea desconocido, hay excelentes análisis e historias en la red.

Lo contemplamos en Siria o en Yemen, o contra Corea del Norte. Se vio contemplado en Irak y Libia. Creemos con datos que de una sociedad como la afgana, que vivía en pleno siglo XX y con un régimen de progreso, los EEUU creando a los talibanes llevaron a Afganistán a la más negra Edad Media. Leemos que la contra terrorista que actuó en las revoluciones latinoamericanas, estaba formada y armada por U.S.A. Sabemos que quien dicen que voló las torres gemelas, era íntimo amigo comercial de los yanquis o que de lo Nicaragua, El Salvador, etc. los yanquis lo financiaron con toneladas de drogas. Conocemos que el 90% de las guerras desarrolladas en el mundo tienen como combatiente agresor a los USA o a sus mercenarios. Se ha desentrañado la madeja, y resulta que E.I. = ISIS = EE.UU.

Y en cuanto a los militarismos agresivos de otro calibre, por ejemplo el europeo, estudiando se recuerda que el principal culpable de la guerra en la antigua Yugoslavia fue Alemania y el beneficiado de las guerras en África lo es Francia. Todo ello lo sabemos, pero sus guerras, la de antaño y hogaño, sigue desangrando el mundo, exterminando a los países independientes o contrarios a sus intereses.

Jamás se las ha parado, no se les para, jamás se les parará, con buenas intenciones e intento de diálogo. La agresión imperialista terrorista la llevan formando parte de su más íntimo ADN. No conocen otra. Y también leyendo se descubre que Lenin ya lo decía hace más de 100 años.

Por eso, cuando se habla de guerra en general, no se puede poner en el mismo rasero, a EE.UU. contra Corea del Norte, a Ucrania intentando exterminar al Donbass antifascista o silenciar a la histórica guerrilla naxalita que lucha en amplios territorios de India porque “no nos gustan las guerras”.

Porque esas guerras antagónicas llevan en su vientre el deseable vuelque de la tortilla. Esas guerras antagónicas a lo establecido, que es el fascismo, el imperialismo, el capitalismo. Al terror del capitalismo contra el pueblo lo llaman orden mundial, a la respuesta del pueblo contra ellos, terrorismo.

Sólo un deseo. Que en las guerras del ya y del porvenir, los poderosos sean pisoteados entre el polvo, y los silenciados empiecen a desarrollar pequeños mundos nuevos. Esos siempre soñados y nunca podidos realizar.

(Os mando este poema de la 1ª G.M. que me ha inspirado el deseo)

Grosz. Militares asesinando y un poderoso comiendo de lujo.

Guerras

En las guerras de antaño, el tamborileo de los cascos y el rumor de pisadas de botas.
En las guerras nuevas, rugidos de motores y rodar de llantas.
En las guerras por venir, ruedas calladas y girar de vástagos que aún no se han soñado en las cabezas de los hombres.

En las guerras de antaño, empuñar de espadas cortas y
embates de las lanzas en los rostros.
En las guerras nuevas, armas de largo alcance y muros destrozados, cañones que escupen metal y hombres que caen a decenas, a centenas.
En las guerras por venir, nuevas muertes calladas, nuevos lanzamientos silenciosos que aún no se han soñado en las cabezas de los hombres.

En las guerras de antaño, reyes que disputan y miles de seguidores.
En las guerras nuevas, reyes que disputan y millones de
seguidores.
En las guerras por venir, reyes pisoteados en el polvo y millones de seguidores de las grandes causas, que aún no se han soñado en las cabezas de los hombres.

Carl Sandburg

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