La imprescindible Hannie Schaft

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Hannie Schaft

Miembro de la resistencia holandesa contra la ocupación nazi. Su vida es un ejemplo de los miles de jóvenes que en toda Europa se dispusieron a luchar contra el fascismo y que pagaron con sus vidas.

La historia oficial presenta la II Guerra Mundial como la lucha entre los ejércitos de los diferentes países, pero lo que ocultan a menudo es que una importante parte de la lucha antifascista la llevaron a cabo hombres y mujeres, sobre todo jóvenes, pertenecientes a organizaciones comunistas y antifascistas. La escasez de medios y la represión brutal de que fueron objeto no les disuadió del camino que habían emprendido.

El 10 de mayo de 1940 Holanda fue ocupada por el ejército nazi sin que hubiera prácticamente resistencia.

Es a raíz de este momento cuando el Partido Comunista empezó a crear los primeros grupos de la resistencia y fue prácticamente el único que se enfrentó con las armas en la mano al nazismo y la ocupación.

Hannie Schaft como militante comunista realizaba tareas relacionadas con la propaganda y la obtención de documentos de identidad.

En 1943 tuvo que pasar a la clandestinidad al negarse a firmar una declaración de lealtad a la que obligaban los nazis a todos los estudiantes. Los estudiantes que no firmaron la declaración tuvieron que abandonar sus estudios.

A partir de este momento participó en numerosas acciones de sabotaje, eliminación de nazis y colaboracionistas, transporte de armas, hasta convertirse para los nazis en una de las terroristas más peligrosas.

Hannie Schaft fue capturada por los nazis el 21 de marzo de 1945 cuando tenía 25 años, al principio no sabían quien era pero las raíces rojas de su pelo pronto dejaron su identidad al descubierto.

Fue trasladada a un centro de detención de Ámsterdam y de allí a las dunas de arena de Overveen donde, a tres semanas de la liberación, el 17 de abril de 1945, fue fusilada y allí mismo enterrada.

Tras finalizar la guerra su cuerpo fue exhumado y trasladado al cementerio de Honor de Bloemendaal.

Pero en los años 50, se desató la guerra fría y las consiguientes campañas contra los comunistas en toda Europa y EEUU.

Se intentó borrar el papel que los comunistas habían cumplido en la lucha contra el fascismo y del que H. Schaft era un símbolo; los homenajes que todos los años se realizaban para reivindicar su memoria y su lucha fueron prohibidos, lo que no impidió que se siguieran organizando en la clandestinidad, en la muy democrática Holanda.

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