La guerra del Este, por Manuel Arango

LA GUERRA DEL ESTE”

El llamado «problema ruso», como así es calificado por las potencias imperialistas y sus aliados está adquiriendo una resonancia mundial que no cesa de crecer. Allí, en ese extenso país, se encuentran para el imperialismo, como resultado de cuanto viene sucediendo, tres campos principales de graves problemas.

En uno de esos campos, se encuentran los graves y continuos fracasos que esta cosechando el imperialismo en sus persistentes intentos por consumar su viejo objetivo estratégico dirigido a convertir a Rusia en un inmenso protectorado, en unos «Balcanes rusos»; de ahí que «la guerra del este» la esté perdiendo claramente el imperialismo internacional.

Otro campo que cada vez va a desencadenar más problemas para el imperialismo y para la propia burguesía rusa es el que se refiere a la existencia del nuevo movimiento revolucionario ruso. Este movimiento revolucionario, base para avanzar hacia la restauración del socialismo en aquel país, es ya imparable en su desarrollo, a pesar de la represión, de la influencia del reformismo y de las herencias arrastradas del largo período revisionista en la ex-URSS.

Y por si todos estos no fueran suficientes problemas para el imperialismo internacional y la reacción rusa, todos ellos están comprobando que el desarrollo de la vía-capitalista en la economía rusa no sólo no es firme ni fiable, además se va encontrando obstáculos cada vez mayores en medio de un sistema capitalista atrapado por una decadencia galopante.

Las perspectivas de estos tres grandes campos de problemas que afectan al imperialismo internacional, van a tender a agravarse cada vez más. Quién le iba a decir al imperialismo que se iba a encontrar en la actualidad con este panorama, cuando en los nada lejanos años 90, compinchado con el yeltsinismo ruso, estaba descuartizando a ese inmenso país.

Toda esta situación se explica, ante todo, por dos causas destacadas, las cuales condicionan aspectos relevantes del actual panorama ruso y de su devenir.

Por una parte, hay que tener en cuenta que si existe un país capitalista especial, al que no se le puede situar como a otro país capitalista al uso, ese país es Rusia. Y esto se debe a la existencia de toda una serie de poderosas herencias históricas procedentes de las características de su revolución socialista, de que ese país fue el crisol del leninismo (la teoría y la práctica de la revolución proletaria) y que fue allí, durante 70 años, donde se acumularon los más dilatadas y cualificadas experiencias en la edificación del nuevo sistema social socialista. Todo lo cual condiciona en uno u otro grado la situación política, económica, social y cultural de ese país, así como afecta a las posiciones de las clases sociales (sus movimientos y actitudes) y a las relaciones de Rusia de cara al exterior. Dentro de las consecuencias de esas herencias históricas, hay que destacar de manera especial, el trascendente hecho de que la clase obrera de ese país disponga desde hace tiempo de nuevos destacamentos de militantes bolcheviques y de un nuevo movimiento revolucionario. Por otra parte, hay que señalar que el capitalismo ruso no sólo sigue lastrado por las consecuencias negativas derivadas del paso de la economía planificada socialista a la forma capitalista, sino que, además, Rusia se encuentra atrapada dentro de un sistema capitalista en acelerado proceso de decadencia: Atenazado por crisis permanentes de diverso tipo, contenciosas interimperialistas y guerras económicas y comerciales en ascenso y en medio de guerras imperialistas en progresión. De todo este marco de decadencia acelerada no se puede sustraer Rusia. También, para empeorar aún más el presente y el porvenir del capitalismo ruso, las huestes imperialistas coaligadas al repoblar continuamente sus esfuerzos dirigidos a acabar con Rusia como país independiente para someterlo a vasallaje: desplegando cercos militares, embargos comerciales, sabotajes, etc, no puede por menos, como así está sucediendo, que debilitar y frenar el desarrollo del capitalismo ruso, al mismo tiempo que sirve para relanzar las posiciones antiimperialistas y antifascistas del pueblo ruso y aún otras repúblicas ex-soviéticas.

A todo esto hay que añadirle, en suma, que nos encontramos con la realidad de que Rusia aterriza tardíamente en el sistema capitalista, cuando este sistema se encuentra en el tramo final de su última fase (imperialista) de existencia, en el tramo de su agonía histórica. De ahí que otorgarle vitalidad y futuro al capitalismo ruso es desconocer los principios por los que se rige el comunismo científico.

 

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