Sobre las luchas de los presos sociales

TOPAS, 22 Mayo 2016

Por aquí sigo tirando y contento por la llegada de la primavera pues ya lo necesitaban los huesines, je, je.

Sobre la actualidad ha estado bastante animada la polémica creada en torno a la prohibición de llevar la estelada catalana a la final de la copa del Rey de futbol. Aunque finalmente han retirado esa prohibición ha quedado en evidencia una vez más la catadura fascista del Estado, y es de esperar que el domingo su máximo representante reciba una buena tronada de abucheos y silbidos. Bien se lo merece.

De los escritos que me has enviado el que más me ha llamado la atención es el que habla de la huelga de hambre de varios presos sociales (Poblete, Chavero y Corporales) en las cárceles de Estremera y Soto del Real desde primeros de febrero y marzo, aunque en estos momentos no sé en qué circunstancias estarán. Pero la cosa es que no viene mucha información. Las causas que les ha llevado a esa huelga están relacionadas con el régimen de excepción carcelaria que se aplica en las prisiones a los reclusos catalogados en primer grado que tienen en los módulos de aislamiento. En ellos están en las celdas 20 horas diarias, y los patios a los que salen suelen tener unos 25 metros de largo y una alambrada en el techo, lo que está reconocido por todos los organismos de derechos humanos como tortura y, en teoría, prohibido por las instituciones europeas. Y es muy significativo que, en el escrito denuncien maltrato degradante, palizas sistemáticas, desatención médica de los presos enfermos, y también exijan “el esclarecimiento y delimitación de responsabilidades por los compañeros muertos o asesinados”.

Mas, por otra parte, me ha llegado información intercarcelaria sobre que en menos de medio año se ha venido produciendo un alarmante aumento de muertes de presos sociales en distintas prisiones y en extrañas circunstancias, entre los que, además (no creo que sea por casualidad), se encuentran hombres muy luchadores que venían denunciando las injusticias que se dan en estas casas. Se trata de José Tarrio González, Francisco Ortiz Giménez, Eugenio García Serrano, Popico, Manolín, el Gaviotu y algunos más que no recuerdo el nombre. Pero, como bien sabes, los medios de desinformación del régimen ocultan estos crímenes, y a la prensa alternativa que los denuncia le ponen todo tipo de trabas y la pueden prohibir y cerrar en cualquier momento. En este sentido, no es casual que desde hace tiempo la dirección de Topas me venga reteniendo a mí la revista Tokata que trae información de ese tipo. Y el propio Juez de Vigilancia Penitenciaria desestimó la queja que le envié por estas retenciones, lo que supone un atropello autoritario a mi supuesto derecho a recibir todo tipo de prensa legal.

No obstante, lo que me parece más importante de las huelgas de hambre mencionadas, o de otras que se pueden dar en el futuro, es que (por lo que me cuentan por estos patios) no son algo coyuntural sino que responden al desarrollo de cierta concienciación política y social de un sector de los presos sociales, y asimismo al nacimiento hace tres años en las cárceles gallegas de una organización llamada COLAPSO, Coordinadora de Lucha a favor de los Presos Sociales, o algo similar porque lo digo de memoria. Claro que en relación con esto no podemos pasar por alto la dificultad que tiene en las condiciones que se dan entre estos muros desarrollar un mínimo de organización y de lucha, pero todo apunta a que la semilla ya está plantada e irá hacia arriba.

Siempre se ha dicho que la situación en estas casas vienen a ser un reflejo de lo que ocurre en la calle, así que no es extraño que cuando el fascismo en la calle impone la llamad Ley Mordaza, de forma paralela también revise el código penal para subir las condenas e imponer la cadena perpetua, y asimismo aumente la represión en las prisiones. Pero, como se empieza a notar, todo ello viene desarrollando la resistencia en la calle y por aquí adentro.

Por otra parte, cabe recordar que al calor de la lucha antifascista que se dio en las calles en la década de los años setenta del pasado siglo, también en las prisiones se empezó a desarrollar un importante movimiento de resistencia que encabezó la COPEL, Coordinadora de Presos en Lucha. Su reivindicación principal se basó en que la amnistía que se dio a los presos políticos (que en realidad no fue tal), asimismo se aplicase, en cierta medida al menos, a los presos sociales, lo que no pudo ser conseguida. La lucha tuvo su punto culminante en el año 1977, en el que se dieron numerosos motines con la subida de los presos a los tejados de las prisiones, así como huelgas de hambre. Mas las protestas continuaron hasta bien entrados los años ochenta, consiguiéndose algunas mejoras concretas en las cárceles. Y todo ello tuvo una gran repercusión en la calle, creándose un amplio movimiento de solidaridad.

Otro de los artículos que me ha gustado es la crítica que hace Pablo Hasel a los oportunistas que vienen contraponiendo la llamada “Amnistía Social” a la Amnistía Total y verdadera, dividiendo a los presos políticos entre sociales y violentos; lo que en realidad supone apoyar la tesis del Estado fascista de que la gran mayoría de los presos políticos somos “terroristas” y que en España existe democracia. Y son los mismo que tan solo hace unos años gritaban en las calles “lo llaman democracia y no lo es”, “No nos representan”, y hablaban de la necesidad de una ruptura. Mas es de una abyección repugnante que utilicen a los presos políticos como Alfon y Bódalo para tratar de ganar votos en la próxima farsa electoral, y dividir y frenar el desarrollo del movimiento proamnistía que viene siendo criminalizado por las leyes y los tribunales de excepción.

Por otra parte, es importante que el propio Alfon se haya desmarcado de esa sucia y vil maniobra, con la que también persiguen dar cobertura política a la pantomima de nueva “reforma o transición” que está en marcha para apuntalar al régimen del 39. Y tampoco podemos olvidar que la consecución de la AMNISTÍA, además de suponer la libertad de todos los presos políticos, significaría la implantación de las libertades políticas y sindicales fundamentales, la recuperación de la memoria histórica, la reparación moral y política de las víctimas de los crímenes de más de 300.000 personas en el franquismo y la “transición”, y el castigo judicial de los culpables.

¡HAI QU’ARMALA!

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