Retenciones de publicaciones y represión

TOPAS. 31 de enero 2016

He tardado un poco en contestar porque se me ha acumulado el correo, como suele ser habitual por estas fechas. De las fiestas navideñas bien se puede decir que aquí nos enteramos por la TV.

La última “novedad” es que hace una semana que me llegó desestimada una queja que le envié al juez de vigilancia penitenciaria en septiembre, porque la dirección del Centro me retuvo la revista TOKATA, que me mandaron desde Valencia. No se si la conoces, trae bastante información de la situación en la que nos encontramos los presos. La motivación que alegaron para no dármela fue que “si bien le consta en su primera página el depósito legal carece de pie de imprenta”, lo que pude desmontarles basándome en su propia legalidad, señalando que “una publicación que tiene depósito legal no necesita pie de imprenta, ya que los datos que contarían en este ya figuran en el depósito legal”. Claro que también les daba otros argumentos.

Pero el juez de Vigilancia en vez de ceñirse a las causas que remarca la dirección del Centro se inventa unas nuevas que ni mucho menos responden a la realidad: “…en la referida publicación se insta a la realización de protestas y actos de indisciplina en las prisiones, poniendo en riesgo la seguridad y el buen orden del establecimiento”. En todo caso, para que esto pudiese servir de motivación se debería señalar en concreto el escrito y el párrafo que insta a ello, y argumentar en qué falta o delito se incurre. Hablar, como lo hace, en términos abstractos, es una prueba práctica más de que en este país no hay ni el más mínimo resquicio de libertad de expresión, y de que se atropellan los más elementales derechos democráticos. Tampoco sirve de nada que el reglamento penitenciario señale que “los internos tienen derecho a disponer de libros, periódicos y revistas de libre circulación en el exterior”. La arbitrariedad aquí empieza en el momento en que a los presos políticos y algunos presos sociales, nos imponen la intervención sistemática de todo nuestro correo, así como del resto de las comunicaciones.

Así que aquí habría que evocar una vez más aquella frase del genial poeta José Bergamín: “Se murió el perro, pero nos dejó la rabia”; y es que no sólo no hubo una ruptura con el fascismo, una condena y castigo de sus crímenes y una depuración de su aparato político, judicial y policial etc., sino que siguieron todos en sus puestos, e incluso reforzaron con creces toda la anterior legalidad de excepción, y ampliaron y modernizaron los cuerpos represivos.

Por otra parte, la cloaca de la corrupción ha vuelto a estallar en el Partido Popular valenciano, aunque es evidente que todo el régimen está podrido, que estamos ante un problema estructural de este y no ante casos aislados o particulares. Es la forma de funcionar y engrasar todo el engranaje del fascismo. Si cada vez salen más casos a la luz y hay elementos que tiran de la manta, se debe sobre todo a la agudización de la crisis política que sufre el Estado en su conjunto, y en particular al batacazo electoral que se ha pegado el bipartidismo que ha venido gobernando. El pastel a repartir es cada vez más pequeño y se agudizan las contradicciones y peleas internas, de las que surgen los llamados arrepentidos que airean el latrocinio que sufre el pueblo.

Es bastante llamativo lo que viene en los escritos que me has enviado, respecto a que en la campaña electoral PP y PSOE, repartían polvorones, caramelos, globos, e incluso invitaban a cenas; lo que les puede servir, junto al montaje de los mítines y la propaganda en todo tipo de medios, para arrastrar a las urnas a la gente más atrasada políticamente. Para eso está todo el chanchullo que tiene con las medianas y grandes empresas regionales, que es lo que viene saliendo a la luz en Valencia, Madrid, etc. Y lo más gordo es el entramado que utilizan con los grandes monopolios empresariales y bancarios, que incluso tiene un carácter institucional y legal en gran medida, con otro tipo de subvención, liberación de impuestos, encargo de grandes obras como autopistas, etc.; lo que, entre otras cosas, suele ser compensado a través de las puertas giratorias, con asesorías en las grandes empresas para expresidentes o exministros.

Lo que mosquea mucho a los presos sociales normales y pasa bastante desapercibido en la calle es que mientras a estos ladrones de cuello blanco y grandes cantidades, en general no les suelen meter en la cárcel hasta después de que se han celebrado los juicios (porque la ley lo autoriza para que los acusado los puedan preparar mejor), al resto de los acusados se les mete en prisión en cuanto hay sospechas de que han cometido el mínimo delito, y simplemente por la declaración que la policía ha arrancado en comisaría. Y luego, es evidente que en los juzgados hay dos varas de medir las leyes y los supuestos delitos. No hay más que ver que con las decenas de casos de corrupción que han aparecido en los últimos años y los cientos de sospechosos investigados, no creo que pasan de ocho o diez los que han pasado por la cárcel, y los que entran suelen salir bastante pronto. Yo he andado por unas cuantas prisiones y no he conocido a ningún elemento de este tipo.

La cosa es que la combinación de la crisis de Estado (con esa nueva maniobra de transición política que están anunciando hasta los peperos) y el lío de los escándalos de corrupción, creo que está creando un buen clima social y político para reclamar la propia disolución del PP y del PSOE, así como una verdadera ruptura democrática.

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