Imponen al pueblo la ideología burguesa.

Topas, a 07-2015

El calor no para de apretar y por aquí ya hace años que no tenemos piscina. Hace un par de días, me hicieron firmar un papel en el que me informaban de que no me entregaban tu última carta porque traía mucha y buena información de cómo anda el panorama de la lucha política fuera de estos muros.

Estoy de acuerdo con lo que señalas respecto a que imponen al pueblo la ideología burguesa, no sólo a través de la cultura oficial y los medios de información, o mejor dicho de desinformación, sino también desde todos los ámbitos de nuestra vida y, como dices, a través de personajes aparentemente inofensivos como los famosos Mickey y su novia Minie creados por Disney, que transmiten la ética de la sociedad capitalista, los valores de la familia patriarcal, la sumisión, el individualismo, las formas de vestirse, etc. Pero lo primero que debo confesarte es que jamás he visto la serie de estos famosos ratoncitos. Claro que teniendo en cuenta en donde los han creado y por lo que he escuchado, me hago una idea del reaccionario papel que representan.

Dejando a un lado a los ratoncillos que tratan de envenenar la mente de los niños, la cosa es que la burguesía desde el momento que controla ya tiene a su servicio al Estado, dispone asimismo del monopolio de los medios de formación ideológica general en el conjunto de la sociedad. Y si en la primera etapa del capitalismo la ideología de la burguesía tuvo cierto carácter progresista y democrático, en esta última etapa imperialista en la que estamos, ya ha adoptado un papel cada vez más reaccionario. No obstante, esta ideología tampoco es uniforme sino que tiende a diversificarse para llegar a todos los sectores, tomando ciertos aires críticos con la burguesía, o incluso de supuesta defensa de la clase obrera, como hace el revisionismo para tergiversar el marxismo.

La cuestión es que con sus grandes medios consiguen poner la ideología burguesa a buena parte de la clase obrera y otros sectores populares; lo que implica también dar una visión realmente distorsionada que no se corresponde en absoluto con la realidad de explotación y opresión que sufrimos los trabajadores en el capitalismo, ni tampoco con los valores de solidaridad, unidad y lucha contra los explotadores que conlleva nuestra vida.

En ese sentido, bien se puede decir que la ideología burguesa se basa en la mentira mientras que la nuestra tiene como raíz la situación objetiva que se da en los barrios populares y en las fábricas y tajos de trabajo. Se trata, por lo tanto, de ser consecuentes con esa realidad y los valores que conlleva, e ir asimilando la ideología comunista que desarrollaron Marx, Angers, Lenin… para acabar con el capitalismo e implantar el socialismo, donde se podrán fin a la explotación de una clase social por otra.

Mas, por otra parte, también debemos de tener en cuenta que la burguesía no perderá su absoluta hegemonía sobre los medios y la técnica de difusión de la ideología, ni por tanto su dominio ideológico, hasta después de que sea derrotada y se implante la sociedad socialista. De ahí que la clase obrera no pueda competir con su ideología, basándose únicamente en el ámbito de la pedagogía y la difusión de nuestra propaganda y agitación política e ideológica, como pretenden y afirman erróneamente algunos.

Para ganar terreno en ese sentido ni que decir tiene que es absolutamente necesario impulsar un potente movimiento de lucha, con reivindicaciones de carácter económico y político, a través de huelgas y todo tipo de protestas y métodos prácticos, que pueda ir avanzando hacia un proceso revolucionario. Claro que dentro de esa vía asimismo es necesaria la propaganda y la agitación, pero el papel principal siempre lo juzgará la práctica de la lucha. Lo que en principio nos impulsó a nosotros mismos a la lucha contra la burguesía no ha sido la lectura de los libros de los clásicos sino las injusticias y la explotación que hemos sufrido y visto personalmente en los puestos de trabajo y en los barrios obreros, así como nuestra propia participación en huelgas y otras protestas. Yo mismo me empecé a interesar por el Partido en una fábrica en la que hicimos numerosas huelgas, y en un momento de auge de la lucha política como fue el inicio de la reforma del régimen en 1976. Es justamente en ese terreno en el que mejor se puede desarrollar la conciencia de clase, aunque para asimilar la ideología comunista también es necesario el estudio del marxismo-leninismo, de sus principios teóricos. Es un proceso en el que a través de la lucha práctica uno va viendo la necesidad de formarse teóricamente.

Respecto a esta cuestión es realmente esclarecedor lo que remarcaba Mao en una conferencia sobre propaganda: “Para adquirir una verdadera comprensión del marxismo, hay que aprenderlo no solo en los libros, sino principalmente a través de la lucha de clases, del trabajo práctico y del contacto con las masas obreras y campesinos”. Y bueno que tirando de la cola ideológica del ratoncito Mickey me he enrollado un poco, je, je.

Está interesante la carta de los 93 expresos políticos y exiliados vascos reclamando la necesidad de luchar por la amnistía, pero todo apunta a que la mayoría del movimiento abertzale ya no está por la labor, lo que es realmente penoso (por no decir otra cosa), teniendo en cuenta las grandes movilizaciones que hicieron en Euskal Herria con esta importante consigna política en otros momentos. Claro que las consecuencias de ello: ya se han perdido bastantes votos, y no me cabe duda de que seguirán bajando cada vez más.

Es bastante chocante que mientras por allá arriba se da esa tendencia, en el resto del Estado esté resurgiendo el movimiento por la amnistía, en la misma medida en que aumenta la represión y vienen encausando judicialmente y encarcelando a decenas de personas, por participar en manifestaciones o huelgas, y por tratar de expresarse en internet. Tanto en los escritos que me enviaste como en otros que me llegan de otras partes se aprecia un desarrollo de las charlas y todo tipo de actos de solidaridad con los presos políticos, lo que puede suponer la punta de lanza para desarrollar el movimiento popular de resistencia.

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