Anécdota carcelaria sobre la URSS

Santiago, desde Jaén, a 02-2015

Febrero 2015

“…hablando de energía, describes perfectamente las serias dificultades para proveerse de calefacción, una necesidad básica que se ha convertido en un verdadero lujo para miles de familias trabajadoras. Pobreza energética lo llaman , nunca falta una buena definición para una mala situación. Y claro, se han disparado las muertes provocadas por el monóxido de carbono producido por la mala combustión de calderas, estufas y braseros humildes. Se trata, en realidad, de trabajadores fallecidos mediante asesinatos sociales. Que naturalmente no son merecedores, al igual que los empujados al suicidio a consecuencia de los desahucios o el resto de miles de personas consumidos en el altar de la voraz codicia capitalista, de funerales de Estado, lamentos públicos, condenas mediáticas o poses de dolor de los pacíficos demócratas de toda la vida.

Hace unos diez años me encontraba en una galería de aislamiento de la prisión madrileña de Alcalá-Meco en compañía de un bielorruso al que le salieron en las manos unos sabañones tremendos debidos al frío que pelábamos allí. El cachondo del médico, al verlo, le dijo: pero hombre, si es usted bielorruso. Soy bielorruso, le contestó, pero no gilipollas. En Minsk, si alcanzamos los veinte grados bajo cero… al aire libre; en las casas, los edificios públicos y la misma cárcel, no son necesarias las prendas de abrigo porque se disfruta de un calor confortable. Tuvo que reconocerme en una conversación que la calefacción entendida como un bien elemental, al igual que la comida, el vestido o la sanidad, esa herencia de la Unión Soviética.

Aquí tenemos calefacción, pero es insuficiente y hay que abrigarse en la celda. Jaén es una de las provincias andaluzas más frías, aunque destaca más por su calor veraniego extremo.

Existe, eso sí, variación estacional, a diferencia de lo que decían los abuelos por allí arriba: 9 meses de invierno y 3 de infierno. El otoño y la primavera jienenses están muy bien.

Cuando era niño, en los gélidos inviernos leoneses, escuchaba la radio mientras desayunaba, antes de ir al colegio. Guardo un vivo recuerdo del locutor enumerado a diario los pueblos aislados por la nieve. Y también de los accidentes mineros, que nos conmocionaban.

Concluyo esta carta monográfica dedicada al tiempo en medio del temporal que sacude al país.

Van abrazos cálidos.

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