Crónica de un juicio farsa

desde Villanubla-Valladolid, a 03-2011

Crónica de un juicio-farsa
(en tránsito en la cárcel de Valdemoro)
Me suben de los calabozos de la Audiencia Nacional a la sala donde se va a celebrar el juicio. Me reencuentro con los camaradas. La emoción que en esos abrazos se desata, la alegría que se desborda, la sonrisa, las palabras entrecortadas. Como dijo Julius Fucik: «allí donde dos comunistas o revolucionarios se junten, así sea en el mismo infierno de los calabozos policiales, de inmediato emerge y se arma la Comunidad de los Celebrantes de la Vida, de la Lucha, del Amor, la celebración de los ideales en los que ardemos y que son los que encienden en nuestras pupilas la luz y el brillo de madrugada.»
Los Tribunales, como los hospitales, tienen un no sé qué de tristeza suspendida en el aire, un no sé qué de atmósfera amenazante, como filos de cuchillos cortantes. Y cuando el Tribunal es de Excepción para amordazar la boca y el grito de la Revolución, el que se persigue y condena es el arrojo de los parias y los desheredados de la tierra de lanzarse a tomar el cielo por asalto.
Se decreta Sesión Pública y nuestra gente comienza a entrar en la Sala. Veo entrar a Susana y María José, radiantes; a Xan, Brais, Bugui, Oscar, David y Javi, que me saludan puño en alto; la Vanessinha, mi pitufiña, que me aprieta con su sonrisa entrañable; los padres de David Garaboa, Pili y Santiago, que tanta alegría me produce verlos; a Chemari y Antón, que siempre acuden a la cita con la Solidaridad; mi madre, siempre ahí, de pie, entera, toda una vida ya siguiéndome de juicio en juicio y de cárcel en cárcel; a mi hermano Carlos, el pequeño, el que tenía tan sólo 8 años cuando me fui por primera vez a la clandestinidad.
Retrocede la historia suspendida en el aire, retrocede la atmósfera amenazante y si desvanecen los filos de los cuchillos cortantes. Un sol fraternal y solidario se abre paso en la Sala y todo se vuelve cálido, entrañable, próximo.

Se inicia el juicio. Llaman a declarar a los acusadores. Ni una sola acusación de delito concreto, ninguna prueba, tan sólo nimiedades y hasta disparatadas conjeturas. Declara Manuel Arango, militante del PCE(r), 62 años, casi cuarenta de militancia; detenido y encarcelado por primera vez en el año 1974. Declara Lucio García Blanco, militante del PCE(r), 60 años, más de 30 años de militancia; detenido y encarcelado por primera vez en 1979. Declara Isabel Aparicio, militante del PCE(r), 58 años, más de 35 años de militancia, detenida y encarcelada por primera vez en 1981. Declara Paco Cela, militante del PCE(r), 52 años, más de 30 años de militancia; detenido y encarcelado por primera vez en 1981. Además, Israel Clemente y Xurxo García, militantes de los GRAPO, condenados a 40 años de cárcel.

En cada declaración va desplegándose una vida entregada en cuerpo y alma a la Revolución, a la defensa intransigente de los intereses de nuestra clase, siempre en la primera línea de combate; de la clandestinidad a los calabozos policiales, de los calabozos policiales a las prisiones; tras 12, 15, 20 años de cárcel, de nuevo a la clandestinidad, de nuevo a seguir empujando del carro de la Historia.

Todos los militantes del PCE(r), nos reconocemos y reivindicamos como comunistas y como tales no escondemos ni los fines que perseguimos ni los medios que empleamos para conseguirlos. Nos proponemos y propugnamos abiertamente, a través de una estrategia de Guerra Popular Prolongada, la insurrección armada de la clase obrera y las masas populares para destruir el Estado burgués, instaurar la dictadura del proletariado, construir el Socialismo y encaminarnos cara a la sociedad comunista, sin clases y sin Estado, donde sea posible izar la bandera de: «De cada uno según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades».

Mas el PCE(r) no empuña las armas ni práctica la lucha armada, porque no es su cometido, no es el papel que está asignado en la gran obra de organizar la Revolución. Ya que luego, es absolutamente falsa la acusación que se nos hace de ser integrantes de una organización armada; falsa acusación por la que nos piden 12 años.

Al final de la segunda sesión del juicio, el Juez nos concedió 5 minutos para saludar a los amigos. Veo entrar a Oscar, a Bugui, a Brais. Me fundo con ellos en un tremendo, cálido, entrañable, interminable abrazo. Y en ese abrazo, aprieto a todos los que estabais y a todos los que no pudieron venir. Y también, por un momento, a través de las anchas alamedas de ese abrazo, huyo y vuelvo a caminar libre por las calles de la Coruña, vuelvo a sentir y oler su mar, me baño en la alegría de sus días claros. La vida y la lucha me enseñaron a no ojear para atrás con la inútil tristeza de las memorias, a perseguir la ruptura que me empuja hacia lo nuevo, hacia lo que nace; pero vosotros, mi gente, sois un inmenso mar azul al que siempre vuelvo y en el que algún día había querido apagarme.

Nos condenarán. Una vez más, volveremos a cumplir otro buen número de años de prisión, de aislamiento, de represión, de soledad. Se nos arrugará la piel, se nos pondrá el cabello aun más blanco. Mas tal vez con sesenta, con setenta, con setenta y tantos años, siempre que nuestra quebrantada salud nos lo permita, algún día, algún año o siglo de estos, volveremos, regresaremos al seno de nuestra clase y de nuestro pueblo sin haber arriado ni una sola de las banderas que nos pusisteis en nuestras manos, intacta la llama y el fuego que aviva el mundo nuevo que ya palpita en nuestros pechos.

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