
Internacional
Ecuador
Solidaridad con los pueblos en resistencia en India
SOLIDARIDAD INTERNACIONALISTA CON LOS PUEBLOS EN RESISTENCIA DE LA INDIA
El pasado 3 de octubre de 2026, en la ciudad de Quito, se desarrolló una Conferencia-Taller de dirigentes del Frente Antiimperialista del Ecuador, con la participación de organizaciones de trabajadores, obreros, campesinos, estudiantes, comerciantes, intelectuales y diversos sectores populares del país. En este espacio de debate y formación política se analizó la situación que atraviesan los pueblos de la India y la ofensiva represiva impulsada por el Estado indio al servicio de los intereses del imperialismo, particularmente del imperialismo norteamericano, a través de la denominada Operación Kagaar principalmente dirigido en contra del Partido Comunista de la India (Maoista).
Durante la jornada se expusieron denuncias sobre las graves consecuencias que esta política represiva y genocida que tiene para los pueblos indígenas y sectores populares, así como sobre la persecución que enfrentan quienes resisten el despojo de sus territorios y recursos naturales. Asimismo, dirigentes de distintas organizaciones populares presentaron una campaña de solidaridad internacionalista en respaldo a las luchas que se desarrollan en la India y en defensa de los derechos de los pueblos oprimidos.
El Frente Antiimperialista del Ecuador expresa su firme rechazo a toda forma de intervención, dominación y saqueo imperialista, y manifiesta su solidaridad con los pueblos que enfrentan la violencia, la militarización, la represión y genocidio. En ese sentido, nos acogemos al llamado formulado por la Liga Antiimperialista (LAI) para fortalecer la solidaridad internacional entre los pueblos y organizaciones que luchan por una nueva democracia.
¡Contra el imperialismo y el genocidio de los pueblos!
¡Viva la solidaridad internacionalista!
¡Por la lucha de los pueblos del mundo!
FAI-EC

Chile
Memoria histórica: LAS MANOS ATRÁS
El ambiente en el salón de honor del edificio Diego Portales se cortaba con un cuchillo. Era el 14 de mayo de 1974 y la selección chilena de fútbol se preparaba para viajar al Mundial de Alemania Occidental. El dictador Augusto Pinochet, jefe de la Junta Militar que apenas ocho meses antes había bombardeado el Palacio de La Moneda, avanzaba de civil saludando uno por uno a los futbolistas en una calculada maniobra de propaganda. A su lado, la comitiva del régimen vigilaba cada gesto. En la fila esperaba el máximo goleador y referente del equipo, un joven de 23 años llamado Carlos Caszely. Caszely, apodado el Rey del Metro Cuadrado, no era un deportista indiferente; era un hombre de firmes convicciones de izquierda que había apoyado abiertamente el gobierno de Salvador Allende. Cuando Pinochet se plantó frente a él y estiró la mano enguantada esperando la sumisión del ídolo, Caszely permaneció inmóvil. Clavó la mirada en el vacío, cruzó los brazos por detrás de su espalda y le negó el saludo. El tirano no tuvo más opción que seguir de largo frente al silencio sepulcral de la sala.
Al igual que ocurría en el resto del país bajo el terror del Plan Cóndor, Chile se encontraba sumido en una dictadura sanguinaria que utilizaba el propio Estadio Nacional como centro clandestino de detención, tortura y exterminio. La respuesta del aparato represivo contra el entorno del futbolista fue inmediata y despiadada: el cóctel autoritario no se hizo esperar. Pocas semanas después del desplante, la madre del jugador, Olga Garrido, fue secuestrada y brutalmente torturada por la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA). Mientras la prensa oficialista y los sectores conservadores tildaban a Caszely de "comunista y antipatriota", el delantero debía salir a la cancha cargando con el peso del dolor familiar y la paranoia de saber que cada uno de sus movimientos era vigilado por los servicios de inteligencia de la dictadura.
Durante esos años de plomo y censura, lejos de amedrentarse, Caszely transformó su exilio futbolístico en España y su posterior regreso al país en un testimonio viviente de resistencia cultural. En 1985, para su partido de despedida en un Estadio Nacional repleto, desafió la prohibición militar dando una vuelta olímpica mientras el público rugía consignas contra el régimen. Tres años más tarde, de cara al histórico plebiscito de 1988 que definiría la continuidad del dictador, el futbolista ejecutó su golpe político más recordado. Apareció en la franja publicitaria oficial de la oposición política junto a su madre, quien relató con valentía ante las cámaras los tormentos sufridos a manos de los militares. Aquel testimonio corto, honesto y desgarrador caló hondo en la sociedad chilena, desarmando la campaña del terror de la dictadura y empujando el triunfo del "No" en las urnas.
Tras la recuperación de la democracia, Caszely continuó siendo un férreo crítico de las herencias institucionales de la dictadura y del olvido impuesto sobre las violaciones a los derechos humanos. El legado de aquel desplante de 1974 demostró que, frente a la barbarie y el terror de Estado, la dignidad de un pueblo también podía defenderse con las manos atrás y la frente en alto. Después de todo, el fútbol siempre fue un poco más que fútbol.