
Memoria histórica imprescindible
-La Moricha de Trebujena, la mujer que sobrevivió a dos fusilamientos franquistas
Juana Aguilar Pazos «la Moricha”. En Trebujena, un pueblecito cercano a Sanlucar de Barrameda.
Fue la única mujer que falangistas y Guardia Civil de Trebujena (Cádiz) intentaron fusilar tras el golpe del 36. En este pueblo fueron asesinados 105 republicanos entre agosto y noviembre del mismo año. Con ella lo intentaron hasta en dos ocasiones. Las dos veces, fracasaron.
Juana trabajaba como jornalera y también iba por el monte recogiendo leña que después vendía para conseguir algo más de dinero con lo que ayudar a la economía familiar. Vivía en los extrarradios del pueblo en una vieja casa junto a su marido, sus tres hijos y sus dos nietas.
Antes de la Guerra un día traía un conejo que había capturado por el monte mientras recogía leña. Una pareja de la Guardia Civil la para y le pide el conejo acusándola de que lo había robado. Ella se negó a dárselo y les pidió dos pesetas por él. Después de una discusión y ante el cabreo de los Guarda Civiles Juana se marcha con el conejo.
Al comenzar la Guerra hicieron una redada entre los habitantes del pueblo que habían sido señalados como «Rojos». Los Guardia Civiles a los que negó el conejo vieron la oportunidad de vengarse y fueron a por ella, cuando tenía 62 años de edad. La raparon el pelo en forma de cruz y la pasearon por el pueblo mientras les daban de beber aceite de ricino junto a otros veinte vecinos a los que también había arrestado. Después les mandaron a casa citándolos a las 7 de la tarde nuevamente en la plaza. Imaginando el fin que les esperaba se quedó en casa, metida en la cama, fingiendo estar enferma. A las 22:30 fueron a buscarla a su casa en el momento que llegaba su marido de trabajar en el campo.
Dijeron que venían a por ella y le apuntaron con sus pistolas en la cama. El marido se lanzó para cubrirla y protegerla cuando comenzaron a disparar. Matando a este y a ella le atravesaron la mandíbula aunque pensaron que estaba también muerta. Les subieron en una carretilla y los arrojaron a una fosa común donde habían arrojado los cuerpos de los asesinados esa tarde. Al salir de la fosa le dijo al esposo muerto: «Moriche (así se llamaba el marido) yo me voy, ¿y tú?» Sin percatarse de su estado.
Juana escapó de aquel túmulo de carne y huesos, donde dejó el cuerpo sin vida de su querido esposo. Deambuló por los campos, con una herida abierta en el rostro, siendo atendida a escondidas por algunos vecinos que le ofrecieron comida y agua.
Fue así como la encontró Juan, su hijo mediano, que cargaba a hombros el cuerpo ya muerto de su hermano mayor. Juntos, caminaron hasta llegar a la casa de Antonio, el hijo menor, donde la mujer se refugió. Días después, Juana recibiría la terrible noticia del fusilamiento también de su hijo Juan.
Gracias a ciertas amistades de su hijo Antonio, Juana recibió un indulto. A pesar de eso, cuando a Trebujena llegó la noticia de que la mujer seguía con vida, fueron a buscarla, llevándosela de nuevo a la prisión del pueblo, haciendo caso omiso a su indulto. Ya estaba siendo encañonada, cuando en la sala irrumpió el comandante Arizón, deteniendo este segundo intento de asesinato y liberando a la mujer de nuevo.
Juana murió el 21 de diciembre de 1960 enferma de bronco pulmonía, tras 24 años de pesadumbre, dos intentos de fusilamiento, el recuerdo de dos hijos y un marido muertos por la barbarie fascista y representando la resistencia y la vida que jamás consiguieron apagar.
De: Alejandro Torrús, en Público.

-Huérfanos por asesinato fascista
Hay tantos casos así desgraciadamente… mi abuelo tenía 51 años cuando lo asesinaron, lo fusilaron y lo tiraron junto a 30 y tantos más en una fosa en el cementerio del El Madroño.
Antes de asesinarlo a tiros mi madre, con 12 años, lo vio pasar por la puerta de su casa ensangrentado y escoltado por militares. Su delito, pertenecer al sindicato UGT. 
Quedó sola con mi abuela asmática y sobrevivieron malamente con la poca ayuda que le prestaban algunos vecinos. El 15 de este mes de julio hizo tres años que murió esa niña de 12 años con 99 años.
Miles de veces la he visto llorar recordando a su padre que los malditos fascistas impidieron el 26 de Agosto de 1936 seguir disfrutando de él como hija única. Había perdido a 4 hermanos por diversos enfermedades. Ella era la última que nació y mi abuelo la cuidaba de forma extraordinaria por temor a perderla también. Desgraciadamente, ella fue la que perdió a su padre… Yo tampoco ni perdono ni olvido y maldigo a toda esta gentuza que quieren que pasemos página y olvidemos a los que hay tirados en fosas comunes y en cunetas por toda la geografía española.
Vicente Rubiano.