
Memoria histórica imprescindible:
-Tinta y utopía: Baltasar Lobo y el semanario «¡Campo Libre!» en Zamora.
La Biblioteca Nacional de España daba una bonita sorpresa, solo hace unos meses, al poner a pública disposición de los usuarios la digitalización de los números del semanario ¡Campo Libre! pertenecientes al año 1936.
Aunque para consultar los ejemplares del año anterior (el periódico vio la luz el 29 de junio de 1935), sigue siendo necesario acudir a las hemerotecas madrileñas, consultar con paciencia los microfilmes del Centro Documental de la Memoria Histórica de Salamanca o solicitar la siempre presta colaboración de los archiveros del IISG de Ámsterdam (en mi caso, debo agradecer al historiador Fran Andújar y al portal Ser Histórico la gran ayuda ofrecida), tener de una manera fácil una parte de esta histórica cabecera, nos facilita mucho la tarea a investigadores, filólogos e interesados en un periodo clave de la historia social española.
¡Campo Libre!, una publicación próxima a la ideología anarquista y vinculada al mundo rural, nos acerca a una época pasada cuando el idealismo y las letras alcanzaron su cénit en esa Edad de Plata de la cultura de nuestro país.
Y en este importante periódico, de tirada nacional y que tuvo miles de lectores, la provincia de Zamora estuvo muy presente entre sus páginas. El artista Baltasar Lobo (1910-1993) formó parte de su equipo de redacción desde sus inicios, y por sus números pasaron también las vivencias y sensaciones de los campesinos e intelectuales zamoranos más luchadores.
Los contenidos del semanario ¡Campo Libre!, previos al golpe de Estado militar de julio de 1936. Una publicación necesaria para comprender una parte de nuestro pasado más transformador. En primer lugar, llama la atención el interés por la literatura, el arte o las ciencias de una publicación dirigida especialmente a las clases trabajadoras rurales. Leyéndola se perciben sus pretensiones de formación y superación intelectual.
Sus ejemplares muestran las inquietudes y los intensos debates sobre derechos sociales y laborales que recogía la cabecera anarcosindicalista: la crítica a la pena de muerte, la emigración del campesinado a la ciudad, la problemática causada por los latifundios en los jornaleros, un incipiente feminismo, su firme defensa por la abolición de la prostitución, el análisis del tradicional colectivismo agrario en el campo español, las tesis del sindicalismo revolucionario, su absoluta autonomía con los distintos partidos políticos, la ineficacia de la reforma agraria burguesa republicana, la conciencia anticlerical, los peligros por el ascenso del fascismo, la necesidad de la revolución social, etc.

No solo un joven Lobo fue el único artista zamorano que participó en la publicación. Un dibujante toresano, Luis García Gallo (1907-2001), también realizó ilustraciones y viñetas para ¡Campo Libre!. Además, un prestigioso periodista natural de Villanueva del Campo, Jacinto Toryho (1909-1989), firmó algunos de sus artículos; uno de ellos, “Los pueblos, abandonados” (publicado el 17 de agosto de 1935), rezuma aún hoy actualidad, allí culpabilizó directamente a políticos y a caciques del atraso endémico de nuestro mundo rural.
Por las hoy amarillentas páginas de ¡Campo Libre!, pasaron los anhelos, triunfos y derrotas de toda una generación, irrepetible y romántica, que nos precedió no hace tantos años. Unas personas que intentaron cambiar el mundo a su manera, con sus aciertos y también muchos errores, y que emplearon los mejores años de sus vidas para dejarnos escritos los primeros renglones de unas fascinantes historias aún por narrar…

Fosas y más fosas:
-Llamamiento para localizar a familiares de víctimas de la represión franquista asesinadas en Farasdués.
De todos los cuerpos exhumados desde 2020 en las fosas comunes del cementerio de Farasdués (Zaragoza), entre los que se encontraban diez mujeres de Uncastillo cuyos restos ya se entregaron a sus familias, todavía quedan otros diez cuerpos de varones sin identificar —nueve de una fosa y uno de otra—. Por eso, el Equipo Arqueológico Forense de Aragón y las memorialistas CHAMA y Charata solicitan colaboración.
En las sucesivas campañas arqueológicas acometidas desde el año 2020 en el cementerio de Farasdués se buscaba a varias decenas de personas asesinadas por las escuadras que ejercían la represión en las Cinco Villas entre el 25 de agosto y diciembre de 1936. Las víctimas procedían de localidades cincovillesas como Uncastillo, Asín, Ardisa, Erla, Exeya, Biota, Castiliscar, Luna, Lacorvilla, Sádaba, Valpalmas y el propio Farasdués, además de tres pastores navarros residentes en Erla y Exeya.
En la primera campaña de exhumaciones, en 2020, se localizaron y exhumaron dos fosas comunes con un total de 18 víctimas: la primera de ellas albergaba los cuerpos de diez mujeres de Uncastillo que fueron identificadas y entregadas a sus familias en un homenaje público en septiembre de 2022.
La segunda podría corresponder a un grupo de once hombres asesinados el 8 de septiembre de 1936 compuesto por los vecinos de Erla: Amadeo y Nemesio Alastuey Millás, Eladio Cortés Liso, Gabriel Gállego Aznárez, Santos Gayarre Landa, Santiago Pascualena Sanced y Antonio Sevilla Pérez. Junto a Raimundo Aznárez Sánchez (Sádaba), Prudencio Gimeno Petroch (Exeya), Cesáreo Jiménez Soteras (Farasdués) y Eugenio Jodra Ruiz (maestro de Uncastillo).
Pero también se han analizado muestras de ocho familiares de víctimas de Asín (Manuel Abadía Burguete, Pedro Pablo Abadía García, Pedro Burguete Asín, Francisco Burguete Paradís, Aurelio Burguete Villacampa y Patricio Laborda Campos), uno de Ardisa (Ramón Fontana Apiyuelo) y otro de Valpalmas (Sebastián Botaya Alegre), sin que hasta el momento se haya podido identificar ninguno de los cuerpos.
En el año 2021 tan sólo se pudieron recuperar otros tres cuerpos en dos fosas. En una de ellas se halló un cuerpo enterrado de manera individual que fue identificado como Miguel Bailo Paradís, miembro de la UGT y concejal socialista de Biota, ya identificado y entregado a su familia.
En otra fosa se exhumaron dos hombres, de los que uno ha resultado ser Raimundo Llera Asso, vecino de Valpalmas. Este labrador de 31 años se encontraba trabajando en su pueblo natal cuando se lo llevaron por la fuerza y lo subieron a un camión. Su familia ya no volvió a verlo ni supieron dónde había sido conducido. La investigación condujo a saber de quién podía tratarse y tras localizar a sus sobrinos y realizar los correspondientes análisis genéticos, sus restos pudieron serles recientemente entregados. Se desconoce la identidad de la segunda víctima que acompañaba a Raimundo en la fosa. «Tan sólo sabemos que se trata de un varón de unos 50 años asesinado en las proximidades de Farasdués el 25 de agosto de 1936 y que también podría ser vecino de Valpalmas o algún pueblo cercano», detalla el Equipo Arqueológico Forense de Aragón.

-Exhumados los restos de los hermanos Lapeña y otras víctimas de la represión franquista en Cuelgamuros.
Los forenses tratan de determinar la identidad de los cuerpos en el laboratorio del templo.
Los forenses anatomopatólogos y técnicos en medicina mortuoria extrajeron de la cripta del sepulcro en la Abadía del Valle de Cuelgamuros los columbarios que contienen los restos de los hermanos Lapeña y otras víctimas asesinadas por falangistas en la comarca de Calatayud en 1936, nueve años después de que una sentencia fijara la devolución de esos restos a su familia. La búsqueda en el interior de la cripta del sepulcro ha concluido. Ahora esos restos permanecen en el laboratorio forense instalado en el templo.
Todo esto nace tras el aval de La Justicia para proceder con las exhumaciones de víctimas del franquismo de la basílica de Cuelgamuros, antes conocido como Valle de los Caídos. En 2016 los familiares de los hermanos Lapeña consiguieron, tras luchas en el juzgado, que se reconociera el derecho a recuperar los restos de sus familiares, fallecidos durante la Guerra Civil. Ya a partir de 2023, en julio, fueron identificados los primeros restos de represaliados por la dictadura.
Se están realizando análisis genéticos y también antropológicos para determinar la identidad de Ramiro y de Manuel. Fueron fusilados junto a otras víctimas de la represión y después enterrados en una fosa en la tapia del cementerio de Calatayud. En 1959 sin ningún tipo de permiso fueron extraídos y trasladados al Valle. Un lugar en el que permanecen todavía 34.000 españoles. Hace un mes, el Gobierno Central entregó los restos de otras cuatro víctimas también asesinadas en Aragón y que han sido localizadas en esa cripta del sepulcro.