¿Vale todo para evitar la represión?. Artículo del Movimiento Antirrepresivo de Madrid. Revista ‘Amnistía’ nº 5: No valen las salidas individuales.

Portada «Amnistía» nº 5, del MAR de Madrid.

Lucha anti-represiva:

¿VALE TODO PARA EVITAR LA REPRESIÓN?

Artículo de “AMNISTÍA”, revista informativa del Movimiento Antirrepresivo de Madrid. n.º 5, Mayo 2021

Esta es una de las preguntas más polémicas a las que nos enfrentamos los activistas y militantes cuando nos topamos cara a cara con la represión del Estado, La respuesta indudable es no, no todo vale. Todo el mundo tiene muy interiorizado que no es admisible recurrir al chivateo para salir indemnes. Fuera de ello, ¿es todo lo demás aceptable para evitar la represión o minimizar sus efectos? En este artículo trataremos esta cuestión, exponiendo cómo entendemos nosotros la lucha.

En primer lugar queremos aclarar que con este artículo no queremos insultar o denostar a las personas que elijan la vía de evitar la represión, aunque sea a costa de negar su lucha ante el juez. Entendemos que cada persona es libre de elegir cómo afrontar la represión de la que es víctima. Sin embargo, consideramos que desde los espacios militantes se debe fomentar y preparar a sus miembros para mantener la firmeza, ya sea ante la policía, ante el juez o ante quien sea.

Está muy extendida la visión de que para librarse de una condena, menos recurrir al chivateo, es válida casi cualquier cosa (pedir perdón, negar que se participa en la lucha o movimiento del que se trate, etc.). Esta postura se defiende con la excusa de que es mucho más útil una persona en la calle o «limpia» de condenas judiciales que un preso a una persona que hubiera sido condenada. En aras de ello, los abogados tienden a incitarnos a negar que participáramos en una determinada manifestación, que pretendíamos parar un desahucio o lo que corresponda en el momento. Según los defensores de esta postura, da igual lo que se diga ante el juez, siempre y cuando se puedan minimizar los costes represivos. Olvidan que el juicio que tiene un activista, sea del ámbito que sea, por su actividad política, no es sino una parte más de la lucha contra el Estado donde es esencial defender la justeza de nuestras ideas. Por ello, debemos ser conscientes de que esa lucha debe ser colectiva y debe ir guiada por nuestros principios, al igual que la que libramos en la calle.

Si nos mantenemos firmes, politizamos el proceso judicial y lo acompañamos de una campaña de solidaridad potente, podremos doblarle el brazo al Estado en ese pequeño pulso, consiguiendo así salir indemnes y con nuestros principios también intactos.

Si por el contrario, decidimos tomar el camino de despolitizar el proceso judicial lo que estamos haciendo es contribuir a lavarle la cara al Estado, a perpetuar así la represión y a silenciar los atropellos que comete.

Si yo estoy luchando por el derecho a la vivienda cuando se me detiene, por poner un ejemplo, y niego esto en el juicio, estoy asumiendo que no se está reprimiendo el derecho a la vivienda. Soy solamente una víctima aleatoria que pasaba por allí. Negar, además, haber acudido a una manifestación, a una concentración, o al acto político que sea, contribuye a criminalizar las luchas en las que participamos y al resto de compañeros. «Señoría, yo soy bueno, no participo en manifestaciones».

Estas prácticas se fomentan por parte de determinados sectores y gran parte de los abogados debido a la falsa creencia de que cuanto menos ruido se haga, más posibilidades hay de salir bien parado en el juicio. Se anima, de esta manera, a los diferentes activistas a renegar de todo y a silenciar la represión. Esto, no solo no es cierto, sino que es contraproducente para el acusado. Tenemos que tener claro, y hacérselo entender a los abogados que nos representen, que la batalla no es judicial, sino que es política. Y que, por tanto, nuestra mejor defensa es una defensa política, desarrollada a través de campañas de denuncia y solidaridad. Nos podremos librar de la represión y salir bien parados del juicio si consigues que este se vuelva un juicio popular contra quienes nos están acusando, si conseguimos demostrarles que les podrá salir más caro dejar caer el peso de su ley sobre nosotros, debido al movimiento de solidaridad y protesta que se desarrolle.

Por todo ello es necesario que, sea ante quien sea, defendamos la legitimidad de nuestra lucha, nos reivindiquemos como activistas de ella y los actos políticos en los que hemos participado. Es necesario politizar los procesos judiciales y acompañarlos de campañas de denuncia. No conseguiremos nunca obtener los derechos y las libertades por los que peleamos renegando de nuestra lucha y agachando la cabeza ante los mercenarios con toga del Estado.

Camiseta: «Si luchar por nuestros derechos es delito. Somos culpables».

Tampoco debemos dejarnos engañar por los famosos pactos con fiscalía, en los que nosotros mismos reconocemos los hechos de los que se nos acusa y nos autocondenamos, aceptando antes del juicio una pena determinada. Esto supone aceptar la legitimidad de que se nos juzgue y condene por luchar por nuestros derechos y libertades. Evitamos así que el poder judicial tenga que mancharse las manos juzgándonos y condenándonos porque somos nosotros mismos quienes firmamos y aceptamos la condena. ¿Cómo vamos a plantear una campaña combativa por nuestro caso si somos nosotros quienes hemos reconocido todo y aceptado la pena en cuestión? ¿Qué pretendemos arañar si la sentencia que nos condena lleva nuestra propia rúbrica?

Además, no olvidemos que, en muchas ocasiones, cuando fiscalía pide uno de esos tratos, es precisamente porque ve que apenas tienen argumentos para condenarnos.

No podemos, por poner otro ejemplo, denunciar la falta de libertad de expresión y luego aceptar condenas por ejercerla, ponernos nosotros mismos la mordaza y comprometernos con el Régimen a portarnos bien, es decir, a censurarnos nosotros mismos en adelante.

Cuando planteamos estas cuestiones, mucha gente las malinterpreta y cree que lo que pedimos es que la gente se inmole ante los jueces. No somos kamikazes ni queremos mártires. No se trata de reconocer delitos o acciones concretas, como son golpear a un policía o quemar un contenedor, por poner algunos ejemplos. Que hagan ellos su trabajo, si quieren condenarnos y encerrarnos que demuestren ellos aquello de lo que se nos acusa. Pero no reneguemos del carácter político de la represión que sufrimos. Además, es paradójico que, quienes suelen acusarnos malintencionadamente de querer que la gente se inmole, son precisamente, quienes, con sus pactos, reconocen estos hechos, ¡muchas veces incluso aún sin haberlos cometido realmente!

Para terminar, queremos remarcar que nuestra postura contra la represión nace del análisis que hacemos de la misma, como hemos ido exponiendo a lo largo de este artículo. Para nosotros, la represión es un problema político y colectivo. Es por ello que la respuesta que damos a este debe ser también política y colectiva. Las salidas individuales, el mirar cada uno para salvar nuestro propio pellejo sin importar en cómo va a incidir la postura que adoptamos en el conjunto del movimiento, no solo no soluciona el problema, sino que contribuye a apuntalar la represión. No valen las salidas individuales.

MAR de Madrid.

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