“En España se dejó de torturar a los detenidos políticos tras la muerte del dictador”, de Agencias. Relato de torturas a la militante comunista Arantza Díaz, en 2006.

Tortura de ‘la barra’ a una mujer.

Torturas:

A Arantza Díaz Villar, en 2006

RELATO de las TORTURAS DIALOGADORAS

Me detuvieron junto a mis camaradas Carmen Cayetano y Juan García la madrugada del 9 de junio en Reus, irrumpiendo de forma extremadamente violenta y destrozándolo todo (puertas, cristales, enseres…).

Una vez esposados y tras la parafernalia de leernos nuestros “derechos”, nos sacaron encapuchados y nos metieron en los coches que nos llevaron a la Dirección General de la Guardia Civil en Madrid. Durante el viaje los fortísimos golpes en la cabeza y la provocación de asfixia fueron continuos, avisándome de que aquello “no era nada con lo que te espera si continúas sin hablar” , ya que me había negado incluso a identificarme. En el trayecto a Madrid aprovecharon para robarme dos pulseras, una de ellas de plata.

En la DGGC las primeras 48 horas fueron un continuo ir y venir del calabozo a las dependencias de tortura, donde los golpes, insultos, malos tratos y torturas fueron lo “normal”. De forma salvaje me golpeaban una y otra vez en la cabeza, bien con las manos o bien con porras de cartón enrollado. Como consecuencia de estas sesiones de tortura he tenido hasta ahora enormes dolores y chichones. En repetidas ocasiones me desnudaron integra y violentamente, me envolvían totalmente con una manta y una vez en el suelo, y mientras varios me sujetaban, otro sentado sobre mi pecho y estómago me practicaba “la bolsa”. A esta tortura uno de ellos llegó a denominarla “el juego de la apnea”. En diversos momentos me amenazaron con introducirme un palo por el ano, llegando a prepararlo todo y simulaban que lo estaban intentando.

Otra práctica era la de llevarme al agotamiento absoluto, obligándome a estar de pies o cuclillas con los brazos en alto.
El impedimento de dormir fue continuo y las escasas veces que pude descansar un momento, eran alteradas con ruidos y control absoluto.

Alternaban todas las torturas con el papel del picoleto bueno “preocupado” por mi negativa a comer y beber lo que me daban, diciéndome que iba a quedarme muy débil. Pero tal debía ser su “preocupación”, que llegaron a cortar el agua del baño donde a veces bebía algo para no deshidratarme.

Dibujo. (El escudo de España, un policía chorreando sangre).

Al tercer día el trato fue menos salvaje físicamente, aunque el acoso psicológico no cesó ni un instante, e incluso aumentó con preguntas y amenazas a otras personas de mi entorno, sobre todo de Euskal Herria, y muy especialmente referentes a mi compañero David Garaboa -preso político del PCE(r)-. Para entonces, ya me habían enseñado la foto de una amiga personal -que nada tiene que ver con mi militancia comunista- y amenazado con detenerla e incriminarla.
Durante todo el tiempo me efectuaron los interrogatorios y torturas con antifaz ellos, o yo encapuchada. Y me llegaron a decir literalmente “no vamos a llegar hasta el final, pero de aquí puedes salir con muchas secuelas. Lo sabes ¿verdad?”.

Constantemente insistían en cúal era mi actividad en el PCE(r). Les indiqué que no iba a hablar de ninguna otra persona que no fuese yo misma; y ello debido a su impunidad total y facilidad para incriminar incluso a la gente que desarrolla una labor solidaria con los presos políticos en el Socorro Rojo Internacional. En ese momento de torturas dialogadoras les llegué a poner como ejemplo el juicio-farsa de 2005 y principios de 2006 en el Estado francés y español contra mi Partido, el SRI, la AFAPP y los GRAPO. Les dije que tanto a ellos como a su amigo y cómplice Garzón les gusta mucho poner guiones (PCE(r)-GRAPO-SRI-AFAPP-CNA-ALA…. ¡Todo es GRAPO!), para de esta manera encarcelar a quien les plazca con la manida etiqueta de “banda armada”.

Así que les indiqué que era única y exclusivamente militante del PCE(r) y que, aunque intenten una y otra vez mezclarlo todo, el PCE(r) es un partido político que nada tiene que ver orgánicamente con los GRAPO, que son una organización armada revolucionaria.

Durante el tiempo que duró la incomunicación (unas 90 horas), me llevaron a la que decían era la forense, pero al no ver identificación alguna me negué a hablar con ella, aunque a decir verdad, visto lo que me estaban haciendo y con qué impunidad, ni de la forense real me hubiera fiado. El tercer día le pregunté por su identificación médica y me contestó que “sólo la necesitaba para entrar allí, y no hacía falta que me la mostrase”, con lo cual quién sabe quien era la susodicha.

Me negué rotundamente a hacerme pruebas de ADN y a firmar ninguna declaración ante la Guardia Civil. Posteriormente y ante el juez, me negué a declarar. Antes de llevarme a la Audiencia Nacional vinieron todos a “despedirse”, insistiendo en repetirme “no te hemos tratado mal ¿no?”.

Decididamente, los fascistas y su corte de picoletos tienen un concepto del “buen trato” y del “diálogo” muy diferente al nuestro, al de la clase obrera.

Pero que no les quepa la menor duda: seguiremos combatiéndoles, ahí en la calle o en este nuevo frente que ahora nos toca vivir; pues estamos convencidos que la lucha es el único camino para lograr el socialismo. El único capaz de acabar con el fascismo. Por eso, frente a su diálogo tramposo, seguiremos adelante con la lucha de resistencia.

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