Sobre la URSS

31 julio 2016

¿Cómo sigue la vida con los calores actuales? Lo bueno por esta zona es que las temperaturas mínimas no suelen alcanzar los 20º, pero esta semana de Madrid hacia abajo llegaron hasta los 35º, así que en estos momentos donde mejor se está es por Asturies y todo el norte.

Te contesto a la tuya del 21 del 6, aunque hace un par de días me han entregado otra, que aún no he leído.

De la carta a la que contesto destaca con claridad el artículo “El desmantelamiento de la educación soviética en la Rusia actual” de Stanislav Chinkov.

Como es natural, al cambiar la ideología dominante se tuvo que desarrollar un nuevo sistema educativo, y es significativo que fuese ya antes de la caídas de la URSS, con Gorbachov, cuando se iniciase el proceso, Como buen revisionista sabe que era primordial dar una impulso definitivo a la ideología burguesa en el ámbito de la sociedad socialista para terminar de destruirla e implantar el capitalismo. Y, como aún quedaba allí una base bastante firme de ideología comunista, lo hizo de forma traicionera, con la escusa de enriquecer y perfeccionar el socialismo. Pero es preciso recordar que esa ideología revisionista y burguesa ya se empezó a instalar allí a principios de los años 50 del pasado siglo, a la muerte de Stalin, y poco a poco fue calando en las mentes de muchos soviéticos.

Por otra parte, es interesante el comentario que hace Stanislav respecto a que el desmantelamiento de la enseñanza soviética no se pudo imponer con rapidez “y, en muchos aspectos, aún subsiste”. Habla de que “su erradicación era costosa y no había dinero”; pero yo supongo que también tendrían miedo a que las masas populares pudiesen rechazar que les intoxicasen las mentes con porquería anticientífica y místico-religiosa, después de haberse podido educar con una concepción verdaderamente científica sobre el desarrollo del mundo, de la sociedad y del ser humano, y que da un sentido pleno a la vida de este.

La cosa es que allí, en el pasado, la ideología dominante estaba relacionada con una sociedad socialista en la que se miraba por el interés y el bienestar del conjunto de los trabajadores, y se fomentaba que estos fuesen los más cultos y completos posible y, en estos momentos, ya en el capitalismo, se ha impuesto la explotación del hombre por el hombre para el lucro de una minoría, y a esta le interesa que la masa trabajadora sea lo más ignorante y embrutecida posible para que no se pueda quejar y rebelarse.

Es muy esclarecedor que en el socialismo el Estado costease la enseñanza y la gente pudiese estudiar gratuitamente y, ahora se tengan que pagar los estudios y el Estado financie las fiestas religiosas. Antes en las escuelas rusas se enseñaba la teoría de la evolución y, en la actualidad, los estudiantes deben tragarse el Génesis. Y todo lo que pasa en el mundo se debe a la voluntad de Dios y es consecuencia de los pecados que se cometen. Un “refinamiento” de la espiritualidad para que la gente no se pueda preguntar nada de lo que observa a su alrededor y sea totalmente sumisa al poder establecido. Para conseguirlo también impusieron una nueva asignatura que llaman patriotismo. En 1990 la clasificación de la UNESCO ponía a la URSS en el tercer puesto de nivel educativo mundial, en 2012 ya ha descendido hasta el puesto 35 y sigue cuesta abajo. Pero también es muy ilustrativo que en 15 años se hayan abierto 20000 iglesias ortodoxas y cerrado 23000 centro escolares.

Es lógico que allí en estos momentos se están esforzando en estigmatizar como oscura y hasta enemiga de la humanidad a la URSS y el socialismo, pero por mucho que se empeñen no podrán ocultar que con Lenin y Stalin, después de haber sufrido la primera guerra mundial y una guerra civil, y heredar un país feudal y destrozado, en poco más de 20 años la URSS pasó a ser la segunda potencia industrial del mundo (en lo social siempre fue la primera), y le ganó la guerra al nazismo, se puso a la cabeza de la carrera espacial, etc. La decadencia llegó con Kruchev y el revisionismo. Pero tampoco podemos olvidar que en el referéndum del 17 de marzo de 1991, el 76,4% de la población votó a favor de la conservación de la URSS; y como se recordará, poco después la burguesía impondría un golpe de Estado para acabar con el socialismo.

No obstante, en Rusia siguen quedando muchos comunistas, y, por lo que cuenta Stanislav, no parece que lo religioso esté calando en los rusos, pues solo el 3% viene acudiendo a las iglesias. Pero el factor fundamental para que se pueda ir fortaleciendo de nuevo la ideología comunista es que los comunistas de allí se puedan reorganizar en un verdadero Partido Comunista, y en ese sentido, al parecer, las cosas van despacio aunque se va avanzando. Y el escollo principal no es otro que la permanencia del Partido revisionista apoyado por el actual Estado para que pueda seguir confundiendo a la clase obrera y popular.

Por otra parte, además de las obras de los clásicos hemos heredado de la URSS gran cantidad de libros y manuales que desarrollaron el marxismo-leninismo, así como una abundante literatura de calidad que nos servirán para seguir formándonos como comunistas y poder desarrollar el proceso revolucionario en todo el mundo.

Cambiando de tema hacia la situación política española, cabe remarcar que se sigue agudizando el descrédito y la crisis del Estado y, en este contexto, es bastante positivo que se haya reavivado el proceso catalán, aprobándose esta semana en el Parlament la vía de desconexión con el Estado español. La histeria fascistoide con la que ha reaccionado el gobierno, pidiendo al Tribunal Constitucional que abra un procedimiento penal a la presidenta del Parlament, así como todo el lío mediático que se ha desatado, deja bien clara la naturaleza fascista del régimen y ayuda en gran medida a elevar el nivel político de las masas populares de todo el Estado.

La exigencia de la CUP a Puigdemont para que convoque un referéndum por la autodeterminación también puede reavivar el debate político y favorecer la unidad y la lucha por una ruptura democrática y la conquista de las libertades políticas y la amnistía general.

¡Hai qu’armala!

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