Represión con el pretexto de la seguridad

CÁRCEL DE HUELVA, 20/5/2013

-Los problemas con el correo han disminuido, pero no estoy exento de seguir sufriéndolos.
Al hilo de esto, afirmar que no soy muy dado a escribir y relacionarme por carta. Una pena, dices, porque de ese modo hacemos el juego al enemigo, que busca que como mucho nos vinculemos a nuestros familiares, profundizando el aislamiento que padecemos. Debo hacerte unas precisiones al respecto. Comenzare reconociendo que no me entusiasma escribir ni relacionarme por carta. Dicho lo cual, emborrono las dos cartas semanales que nos permiten, una limitación de correo impuesta, como el resto de perrerías, bajo el pretexto de la seguridad. En genérico, nunca aclaran que se trata de la seguridad de los grandes empresarios y los banqueros, de la clase explotadora en su conjunto. Disgresión aparte, envío las ciento y pico cartas anuales correspondientes al máximo permitido, ni una menos. Comprenderás que es matemáticamente imposible atender a más de cincuenta personas, pongamos por caso, escribiéndolas tan solo un pan de cartas al año. Eso sin contar que en la cárcel en que estés, no se encuentra otro camarada, lo que obliga a mantener una relación epistolar más elevada, porque el correo intermuscular contabiliza igual que el intercarcelario y el extramuros. Añade que tu compañera esté secuestrada en otra trena, como es mi caso, entre otros. Mónica y yo llevamos cerca de dos años separados a la fuerza y solo tenemos derecho a un par de llamadas telefónicas mensuales de cinco minutos cada una que, en la práctica se reducen a cuatro. Situación que convierte a la escritura en nuestro medio principal de relación.
En lo que concierne al aislamiento, esto es algo cuya responsabilidad cabe únicamente imputar a nuestro enemigo, el Estado terrorista de la burguesía. La cárcel es una trinchera avanzada de la lucha de clases, un terreno, muy desfavorable para el preso antifascista, al que más allá de las escasas acciones que puede llevar a cabo en defensa de su identidad, siempre a costa de perjudicarse uno así mismo, compete principalmente mantener una adhesión insobornable a los principios políticos e ideológicos que informan su práctica.
El aislamiento tiene un carácter estructural y no puede modificarse en lo esencial mediante la escritura de cartas, lo que no quiere decir que no deba hacerse y más aun para dar respuesta a la solidaridad que nos proporciona calor desde afuera, como la tuya.
Los familiares, de otro lado, no escapan a la quema y el contacto directo se ve impedido por la dispersión. A mi me visitaban con regularidad mi madre y mis tíos, aunque son ya mayores, a pesar de la lejanía. Este mes se cumplen cuatro años justos desde que no les veo, coincidiendo con la fecha en que comenzaron a realizar manoseos vejatorios a las visitas. A esta distancia, no puedo permitir que se arriesguen a venir para que tengan que regresar, noche de hotel mediante, sin poder llegar a verme debido a que han pretendido cachearles.
Sucede también aquí que me aíslo voluntariamente… Si no se toma en cuenta la provocación represiva previa, claro. Y estas son algunas de las miserias carcelarias de las que repugna hablar, aunque no quede más remedio. Por eso mismo a veces no sabe uno que contar a la gente de la calle, teniendo un día a día compuesto por las cuitas de un presidio fascista.

El panorama que tenéis por ahí tampoco está para tirar cohetes. A lo mejor lo de las mermeladas artesanales no es tan mala idea, a condición de que te lo curres en Internet para comercializarlas ampliamente.

Es necesaria la participación de cuadrillas en la limpia de montes, para fijar a la población rural con ingresos suplementarios, entre otras razones. Pero sin ganado no hay desbroces que valgan, como bien dices. Los franceses, con una larguísima tradición silvícola, trabajan en la prevención de incendios mediante rozas técnicas, insertas en los planes forestales, efectuadas con cabras. Sobra añadir que a ello se asocia toda la industria de elaboración de quesos.
El medio rural tal como lo vivieron las generaciones anteriores ha desaparecido, dado el abandono del campo. Lo que no puede hacerlo es la esencia clasista, semifeudal, que secularmente ha marcado a hierro y fuego a ese medio. De ahí que pervivan hasta hoy, al amparo de la seudodemocracia, los excesos de los pikoletos, la sicología de casta y en las gentes más mayores el recuerdo vivo del terror abierto, las fosas comunes, el obligado silencio.
Y eso es todo por esta. A cuidarse mucho. Un abrazo fuerte.

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