
Repasando la historia:
Internacional
-El ALLANAMIENTO
Juvenal Herrera Torres (Colombia 1940-2010)
«Cuando las botas llegaron
arrasando soldados
invadiendo el calor de mi hogar
confiscando mis cartas y mis versos
requisando las camas y cuadernos
capturando mis libros y mis sueños
y amarrando mis huesos
bajo fuerte custodia
apenas pude despedirme
con esas mudas palabras de las manos
y vi que por los rostros
de mi esposa y mis hijos
rodaron esas lágrimas
como astros ardidos
esas lágrimas cósmicas y mudas
tan hondas y potentes
tan claras y sentidas
que bastan por sí solas
para abrir en la tierra más dura
y en la más dura roca
toda una eternidad de surcos,
de pena, y de agonía,
de amor y victoria».

-Dicen que la esperanza también es una forma de resistir.
Y para resistir, primero hay que tener claro quién eres y de dónde vienes.
Hoy la apatía es el ruido de fondo que intenta apagar nuestra voz. Nos quieren distraídos, callados, mirando hacia otro lado.
Pero la resistencia no siempre es un grito. A veces es un puño en alto. A veces es una flor que crece en medio del cemento. A veces, es simplemente la terquedad de seguir creyendo.
El poeta alemán Martin Niemöller lo escribió desde el horror: «Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas, guardé silencio, ya que no era comunista… Cuando vinieron a buscarme, no había nadie más que pudiera protestar»
Su silencio no lo salvó. Nos enseñó que la indiferencia es el mejor aliado de la tiranía.
En América Latina, el peligro tiene otro nombre. Se llama apatía. Se llama «no estoy ni ahí». Se llama dejarlo pasar. Y su consecuencia es la misma: que otros decidan por nosotros, que la injusticia se vuelva paisaje, que la derecha avance mientras miramos el teléfono.
No esperemos a que vengan por nosotros. La lucha juvenil no es un cliché. Es la única garantía de un futuro que valga la pena ser vivido. Es tomar la primera línea no por moda, sino por convicción.
Resistir es no olvidar. Resistir es organizarse. Resistir es entender que mi bienestar no puede ser el techo de una sociedad, sino el piso de todas y todos.

-Violencia es…
Nos quieren hacer creer que la violencia empieza cuando nos tapamos la cara. Nos señalan desde sus espacios y los noticieros, mintiendo con que somos nosotros los que rompemos la paz. Pero la paz no se rompe con una piedra, se rompe todos los días cuando te obligan a elegir entre el pasaje y el pan. La verdadera violencia tiene corbata y se sienta en los despachos. Es la violencia del Estado cuando te deja sin empleo, cuando te quita la salud, cuando te condena al hambre y luego te dice que no protestes. La violencia es el hambre. La violencia es el desempleo. La violencia es la indiferencia de un sistema que prefiere verte muerto en vida antes que organizado y en las calles.
Y por eso la juventud se levanta. No nos gusta el humo, no nos gusta correr, no queremos perder la vida. Pero entendemos que no resistir también es una forma de violencia. Es violencia dejar que nos sigan matando de hambre. Cuando la juventud se organiza, el miedo cambia de bando.

-Víctor Jara siempre en el recuerdo.
El 16 de septiembre de 1973, era asesinado el juglar chileno. Cantor popular, compositor, director teatral, miembro del Comité Central de las Juventudes Comunistas.
Víctor Jara fue uno y todos. Yo no soy nadie para hablar de Víctor. No soy chileno. No viví la dictadura. No perdí familia en esos años. Pero cuando escucho «El derecho de vivir en paz» algo se me mueve. Y no es nostalgia. Es vergüenza. Vergüenza de saber que todavía hay pueblos que sufren lo que él cantó. Vergüenza de saber que todavía hay gente que tiene que pelear por cosas que deberían ser de todos.
Víctor no es un santo. No es una estatua. Es un compañero. Un tipo que agarró una guitarra y dijo lo que había que decir. Y lo dijo bonito. Y lo dijo fuerte. Y lo dijo con amor.
Porque de eso se trata, ¿no? De decir las cosas con amor. Aunque duela. Aunque te maten. Hoy, 53 años después, lo recuerdo. No con discursos. No con citas. Lo recuerdo como se recuerda a un amigo que ya no está. Con el pecho apretado. Con ganas de que estuviera aquí para cantarle a este mundo roto que le tocó.

-Yuri Gagarin.
…Para la mirada revolucionaria, la de Gagarin, la del materialismo soviético, Dios es una construcción humana. Una respuesta provisional al miedo, una promesa de ultratumba que calma el hambre de justicia mientras otros se quedan con la tierra. El cosmos no tiene trono. La liberación no se reza: se conquista. El hombre y la mujer son creadores de su propio destino. Lo divino no baja, porque nunca subió. Lo que hay es la materia, la historia, la praxis…
Todas las imágenes, textos y referencias: Ritxard Etxebarrieta.