
Memoria histórica imprescindible:
-Memorial a 17 vecinos fusilados de Rafelcofer, Valencia.
La principal iniciativa es la construcción de un memorial dedicado a los 17 vecinos de Rafelcofer que fueron fusilados tras la guerra.
El memorial recuerda a los 17 represaliados asesinados y se instalará en un lugar destacado del cementerio de Rafelcofer. Se trata de un monumento funerario concebido para recordar a las 17 personas asesinadas por el fascismo y para acoger los restos de las víctimas a medida que avancen los trabajos de exhumación. Entre ellas figura Juan Bautista Escrivá Mata, fusilado el 9 de mayo de 1940 y enterrado en la Fosa 114 de Paterna.
El monumento contará con un bloque de piedra calcárea de planta cuadrada colocado sobre una base de dos escalones.
*Además al Memorial se suma la mejora del acceso y la rehabilitación parcial del refugio antiaéreo de esa localidad. La intervención incluye también la difusión de la historia del refugio. Se han instalado dos paneles temáticos: uno explica su contexto histórico, características, ubicación y técnicas constructivas, mientras que el segundo aborda los tipos de aviones y bombarderos y el funcionamiento y regulación de estos espacios de protección.

-El refugio antiaéreo del Serrallo: memoria de la Guerra en Tarragona.
Una placa, colocada en la calle Callao, recuerda desde este 1 de octubre el espacio que protegió a los vecinos de los bombardeos masivos de la aviación fascista.
La placa en cuestión recuerda que en ese mismo lugar, aunque la entrada ya no está a la vista, existió un refugio antiaéreo destinado a proteger a la población durante la Guerra contra el fascismo. El espacio ha quedado ahora señalizado en una iniciativa promovida por el Port de Tarragona.
El refugio del Serrallo estaba dimensionado para albergar a más de 500 personas, calculando una densidad muy ajustada de unas tres personas por metro cuadrado. Los vecinos acudían al sonar las sirenas e incluso instalaban jergones o camas improvisadas para pernoctar, ya que los bombardeos nocturnos buscaban aterrorizar a la población.
La posterior construcción de las vías del tren seccionó el refugio e impidió que hoy sea visitable, la placa colocada en el muro de la calle Callao devuelve su legado a la luz al incluir un texto explicativo y los dos únicos planos originales que se conservan.

*Uno de los refugios antiaéreo
El abuelo de Carles, Ramon Oliver Alegret, apodado ‘el Gamba’ y constructor de profesión, fue el encargado de dirigir las obras del refugio que levantaron los propios vecinos. Por su parte, el padre de Carme, Francesc Pedrol, conocido como ‘Ros de la Guita’ —último tarraconense de la Lleva del Biberó—, conservó una memoria prodigiosa hasta su fallecimiento, a los 98 años. El hombre explicaba el enorme esfuerzo colectivo que supuso construir el refugio en un tiempo récord. Cada día las barcas de pescadores dejaban a dos marineros en tierra para acelerar los trabajos, porque les iba, literalmente, la vida en ello.
*Brutal e inmenso bombardeo nazi.
El 5 de noviembre de 1938, en el contexto de la Guerra española (1936-1939), un escuadrón de veintiocho aviones de guerra Heinkel H-111 de las fuerzas aéreas de la Alemania nazi lanzaba, en un primer ataque a las 17.15 horas, 255 bombas sobre los barrios portuarios de Tarragona. En dos ataques posteriores, a las 19.45 horas y a las 20.10 horas, un avión de guerra Heinkel HE-59 de grandes dimensiones, también de la Alemania nazi, lanzaba diez y veinte bombas, respectivamente, sobre el mismo sector que había sido atacado a primera hora de la tarde. En total, aquel día, se lanzaron 285 bombas sobre el puerto de Tarragona y los barrios de la parte baja de la ciudad.
Sólo los más de cien refugios antiaéreos repartidos por todos los barrios de la ciudad evitaron una verdadera masacre.
Solo se produjo una víctima mortal. En cambio, los daños materiales fueron elevadísimos. Entre viviendas plurifamiliares y almacenes portuarios fueron totalmente destruidos 74 edificios y parcialmente destruidos 522 edificios más. Una catástrofe de grandes dimensiones en una ciudad, entonces, de 38.000 habitantes y con un parque inmobiliario de poco más de 1.000 viviendas. Las zonas más castigadas serían las calles de Trafalgar, Gravina, Sant Pere, del Mar, del Lleó, Reial y de Jaume I, y las plazas dels Infants y dels Carros.
*144 ataques aéreos
Entre abril de 1937 y enero de 1939, se contabilizaron ciento cuarenta y cuatro bombardeos fascistas sobre la ciudad de Tarragona, en los que se lanzaron 3.800 bombas y que arrojarían el trágico balance de 230 personas muertas y 350 heridas.
Desde 1937 se empezaron a construir refugios, muchos de ellos realizados por los propios vecinos, hasta llegar a casi 150 a principios de 1939. Sólo esa diversidad y número evitó una verdadera y enorme matanza ese noviembre de 1938.