Fosas y más fosas: Monreal del Campo, Teruel, 12 fusilados. Bértoa, A Coruña, 4 asesinados / A la cárcel por rojas: hablan antiguas presas de Ventas, la prisión de la resistencia femenina antifranquista.

Foto. Placa en el cementerio, a los asesinados.

Memoria histórica imprescindible:

-Una fosa común por dignificar en Monreal del Campo, Teruel.

Homenaje a 12 antifascistas fusilados en Monreal del Campo.

En la fosa se encuentran los restos de 12 víctimas de la represión franquista que fueron fusilados el 12 de septiembre de 1936.

La localización de la fosa común estaba clara ya que el escritor/poeta Lucas A. Yuste había descrito en un libro biográfico dónde y cómo había sido el fusilamiento de su padre y los otros 11 vecinos pues lo había contemplado escondido entre matojos desde una distancia de varias decenas de metros.

Los cadáveres de los fusilados fueron dejados en el exterior del cementerio, sepultados en una zanja junto a las tapias pero en 1943, en un pleno del Ayuntamiento, se acordó que los restos se enterrasen en el interior del cementerio. Y así se hizo, se abrió una nueva zanja y se sepultaron allí los restos de los 12. Al parecer, el único signo identificativo de la nueva fosa fue una cruz pintada en la pared. Nada de nombres, ni de fotografías de las víctimas.

Pues bien, la dignificación de la fosa común era cuestión de dignidad, de humanidad porque los vecinos de la fosa de Monreal del Campo no eran delincuentes, ni tampoco terroristas, ni ladrones, sino personas de familias humildes y sencillas, algunas numerosas, gentes del campo la mayoría, jornaleros que vivían de la escasa tierra que poseían pero, sobre todo, eran personas nobles, íntegras, que vendían la fuerza de su trabajo a cambio de un mísero jornal, que no salario, que no les llegaba para llevar una vida digna pasando hambre en ciertos momentos. Su único capital era el esfuerzo y el trabajo de sus brazos, como el de la mayoría de los jornaleros e ínfimos propietarios que figuraban en los censos electorales.

Para ellos, para los fusilados, fue una gran tragedia porque perdieron lo más importante que poseen las personas: la vida. Pero la maldita tragedia no se quedó ahí, sino que se hizo extensiva a las personas que se quedaron en vida, a las que les rodeaban como sus familiares que quedaron huérfanas y huérfanos y que arrastraron su orfandad a lo largo de su vida, con lo que ello significa, lo digo por experiencia. Este hecho cruel marcó y condicionó la vida posterior de mujeres, padres, hijos e hijas que aparecían ante la sociedad como los apestados, los hijos de los fusilados, de los rojos…

https://www.diariodeteruel.es/temas-turolenses/una-fosa-comun-por-dignificar-en-monreal-del-campo

Foto. Trabajando en la fosa de Bértoa.

-Recuperando a memoria de catro represaliados polos falanxistas en Bértoa, Coruña.

Atopan no cemiterio de Bértoa as primeiras evidencias dos posibles restos de Francisco Miguel Fernández, Juan Boedo, Andrés Pinilla e Pedro Pinilla, represaliados polos falanxistas no ano 36.

Arqueólogos traballan levantando o chan con pas e maquinaria. Buscan os restos de catro persoas: Francisco Miguel Fernández Díaz, Juan Boedo Pardo, Andrés Pinilla Fraga e Pedro Pinilla Calvete, secuestrados e asasinados por falanxistas no ano 36.

“Todo comezou por unha muller, Trini, que agora ten 95 anos e que era coñecida do meu pai”, conta Basi Pacoret, profesora prexubilada de galego don instituto de Carballo. “Ela coñecía a familiares dos represaliados e foi testemuña de como viñan aquí, a esta zona do cemiterio, deixar flores. Viuno todo”.

Trini, entón unha nena, nunca esqueceu eses familiares que se achegaban día tras día ata o cemiterio de Bértoa. Sobre todo a Syra Alonso, muller do pintor Francisco Miguel Fernández Díaz. “Ata que un día Syra deixou de vir porque tivo que fuxir exiliada a México”, conta Pacoret, emocionada. “Entón foi ela a que, cando se decatou de que xa ninguén deixaba flores, viña sempre ata o cemiterio, collía uns ramos do campo do lado, e colocaba ela as flores para que non se esquecera o que sucedeu aquí”.

E, tras máis de 80 anos, e grazas ao traballo da Asociación da Recuperación da Memoria Histórica de Galicia, a lembranza comeza desenterrarse. “Trini foi a que nos levou ata aquí, pero Carmen García Rodeja foi a que moveu todo”.

Carmen García Rodeja, voceira da ARMH de Galiza, observa as labores de exhumación ao lado de Dolores e José Manuel, familiares de Juan Boedo Pardo. “Estas persoas son vítimas de desaparición forzada. Foron sacados da súa casa ou do cárcere e foron asasinados en Queo de Arriba, en Morgade”, conta. “O cura de entón, o pai Coello, decidiu que foran enterrados aquí, con caixa e velados. Sabemos que foron enterrados neste cemiterio entrando a man esquerda. Pero, que pasa nos cemiterios? Que hai sempre moito movemento de terras, axustan o territorio, fixeron uns nichos, sacaron ósos para colocar alí… Entón nunca se sabe exactamente se van aparecer ou non, pero imos intentalo”…

https://www.elsaltodiario.com/memoria-historica/cemiterio-bertoa-exhumando-corpos-catro-represaliados-polos-falanxistas

Foto. Cárcel de Ventas.

-A la cárcel por rojas: hablan antiguas presas de Ventas, la prisión de la resistencia femenina antifranquista.

Madrid, 1931-1969.

Pensada por la abogada Victoria Kent como un centro modelo, terminó siendo algo muy distinto: un “almacén de reclusas” de la represión franquista pero también una escuela de presas políticas que seguían movilizadas desde la cárcel.

Dulce Caballero, Lola Moreno, Julia López y Estefanía Sánchez recuerdan cómo fue esa represión y su encierro en Ventas. La vida de varias de ellas se cruzó en esa cárcel, otras se conocieron más tarde, algunas ya habían coincidido antes de recalar en el centro. Las cuatro eran mujeres jóvenes, obreras, que decidieron combatir la dictadura de Franco. Lo pagaron: fueron a la cárcel por rojas. Estos días sumaban sus historias a las Primeras Jornadas de Memoria Pública sobre las Prisiones Femeninas del Franquismo organizada por la Fundación Rosa Luxemburg junto a varios colectivos.

Una escuela de presas políticas

Durante los años 40, Ventas es también una escuela de presas políticas: “Pasa a ser un caso emblemático de la prisión militante, un lugar de la resistencia antifranquista femenina”, afirma Fernando Hernández. Las presas políticas celebraban las efemérides republicanas en festivales clandestinos que organizaban en el patio o en los retretes. La represión de sus comportamientos implicaba la dispersión (llegaban a enviarlas a prisiones muy alejadas de sus familias, como las de Tenerife o Gran Canaria), la pérdida de derechos acumulados que les permitían reducir su condena o el aislamiento para que dejaran de recibir paquetes y cartas de sus familias. Esa comunidad militante que alberga Ventas sigue auto-formándose y también llevando a cabo actos de rebeldía, desde huelgas de hambre a la fuga de dos presas condenadas a muerte en noviembre de 1944.

A partir de los años 50, el número de presas políticas decae y ya en los 60 son minoría frente a las comunes. Es entonces cuando ingresa en Ventas la siguiente generación de reclusas de la represión franquista, a la que pertenecen Dulce Caballero, Lola Moreno, Julia López y Estefanía Sánchez. La cárcel queda entonces solo para ingresos preventivos. A las ‘políticas’ y las comunes se suman, en esta como en el resto de épocas, las presas gubernativas: mujeres arrestadas por ejercer la prostitución o, especialmente en la posguerra, por estraperlismo (la venta ilegal de productos tasados por el Estado)…

https://www.eldiario.es/sociedad/carcel-rojas-hablan-antiguas-presas-ventas-prision-resistencia-femenina-antifranquista_1_10532566.html?goal=0_10e11ebad6-dd4d073792-64733153&mc_cid=dd4d073792&mc_eid=741781b133

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