Recuperando especial del ‘Gaceta Roja’ de junio 1981, sobre la muerte en huelga de hambre de Kepa Crespo Galende y los porqués de la lucha.

Portada del especial Gaceta Roja sobre Kepa Crespo. 6/1981.

Recuperando materiales:

-Sobre la muerte en huelga de hambre de Kepa Crespo Galende.

Gaceta Roja, especial. N.º 111. Junio 1981. 10 páginas.

El 19 de junio 1981 fallece en huelga de hambre el preso político comunista Kepa Crespo. En esos días se reparte en las calles este especial sobre la huelga de hambre de decenas de presos comunistas y antifascistas, la muerte de Crespo, y el asesinato de 4 militantes de los GRAPO el 17 de junio de 1981.

Carta de ‘Arenas’ en dicho especial.

*Carta de Manuel Pérez Martínez, S.G. del PCE(r) preso desde 1977, incluida en dicho especial:

“… Vivimos en una oscuridad completa. Este es uno de los peores castigos que se nos puede infringir: ni cartas, ni periódicos, ni radio, ni comunicaciones con los familiares. 20 minutos de paseo en el patio bajo la celosa vigilancia de los guardianes y a la celda. Esto es todo. Prohibido hablar, prohibido reír; sometidos a una dieta que no es otra cosa que un sucedáneo del pan y el agua. Y todo esto no es lo peor. Yo, como la mayor parte de los camaradas, he pasado 5 meses en una especia de nicho donde no se puede ver ni el azul del cielo, desprovisto absolutamente de todo, sin un banco para sentarse. ¿Y esto por qué? se preguntará más de uno. Es inútil, no hay explicación: porque sí, para demostrar que pueden hacer con nosotros lo que les venga en gana, sin que te asista ningún derecho; ni siquiera te conceden el que te puedas quejar. Esto también está prohibido.

…En Zamora, aún dentro del régimen mixto, logramos con muchos esfuerzos, con huelgas de hambre continuadas y verdaderos prodigios de organización y disciplina partidista que nos respetasen en nuestra forma de vida laboriosa y ordenada… Pudimos hacer trabajos…, estudiábamos según un plan, practicábamos deportes, organizábamos actos culturales…

Aquello no podía durar: cada vez que iban por allí los chicos del superagente Conesa se ponían histéricos… Se dedicaban a destruir todo con rabia, sin que por nuestra parte pudiéramos hacer nada por evitarlo. ¡A empezar de nuevo!… Reconstruyámoslo todo, camaradas, como hacían en Vietnam. Esa era nuestra consigna. Pero el enemigo acechaba. Esperaba la oportunidad de acabar con aquella vergüenza suya y del Gobierno. Había que reducirnos por la fuerza a la condición del delincuente común, a un estado inferior al que se tiene encerradas a las alimañas. La fuga de Diciembre de 1979 fue el pretexto.

Dijeron que nos trasladaban a Herrera por seguridad; ninguno de los trasladados había participado en la fuga, ninguno la había intentado siquiera. ¿Qué había que asegurar?… Si por cada fuga que se produce hay que adoptar como norma el castigo de todos los que están recluidos en el lugar que se produce, entonces toda la población reclusa de España tendría que encontrarse ahora mismo en igual situación que nosotros…

‘Castigarnos’: ésta era la palabra; y, proseguir, acelerándolo, su labor encaminada a destruirnos como organización y como personas…

Nada más llegar, cuando nos trajeron de Zamora, al comprobar el trato que comenzaron a darnos los funcionarios y la policía armada, sin mediar siquiera una palabra, me dirigí a ellos: ‘No les servirán esos métodos con nosotros y, por mucho que hagan por ocultarlo, en la calle terminan por saberlo’, a lo que me respondieron: ‘Creéis que nos importa el que se sepa; además, tenemos tiempo’. Después de oír esto me desnudaron y se subieron a mis hombros para obligarme a hacer flexiones. Seguidamente me trajeron, para que me lo pusiera, un mono azul. Era el traje de la tortura…

Compañeros: faltaría a la verdad si os ocultara esta situación que os estoy describiendo y que se mantiene intolerable… Nuestros sentidos se embotan; carecemos de reflejos; cuando nos encontramos en el patio no tenemos de qué hablar; nos vigilan desde todas partes, ni un solo gesto, ni una sola palabra queda sin registrar…

Compañeros: nosotros concebimos la presencia de esta prisión como una batalla más que debemos librar contra el fascismo y así lo estamos afrontando. Somos conscientes de que aún nos esperan sacrificios y pruebas más duras. La revolución, en el aspecto personal, es esto: que nadie, ningún comunista y verdadero revolucionario, espere otra cosa de sus enemigos.

El Partido, el conjunto de sus militantes, ha dado ya numerosas pruebas de bravura, entereza y honestidad revolucionarias, y aunque no sea más que por esto se está ganando el reconocimiento y el aprecio de las masas trabajadoras. En este momento histórico de la vida de nuestro país, cuando la vieja y podrida sociedad burguesa se descompone a ojos vista y se disuelve; cuando asistimos al espectáculo sobrecogedor que nos vienen dando los ‘políticos’, haciendo de todo, incluso de las cosas más sagradas para la personalidad humana, objetos de compraventa; cuando cunde el chalaneo y el egoísmo y las peleas se convierten en la moneda de curso más corriente; cuando todos los llamados partidos ‘obreros’ han demostrado lo que son realmente y cuáles son los verdaderos objetivos, la posición de principios y la actitud inflexible, clasista, de nuestro Partido no puede por menos de ejercer una influencia saludable, verdaderamente moralizadora, capaz, casi por sí sola, de servir de ejemplo y de galvanizar de nuevo el movimiento de masas para realizar la obra revolucionaria y renovadora que las condiciones están exigiendo hace ya tiempo.

Compañeros: ¡manteneos firmes; no flaquead; redoblad los esfuerzos; la mentira y la injusticia no siempre han de triunfar; el porvenir pertenece a la clase obrera y a su vanguardia!

¡RESISTID! ¡NOSOTROS RESISTIMOS!»

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