
Presos políticos escriben y opinan…
Israel Clemente López
Cárcel de Mansilla, 11 de agosto de 2026

HOLA: (…)
El verano pasa tranquilamente entre amenas lecturas que me vienen bien para no perder el hilo de la compleja y vertiginosa “actualidad”. El largo y cálido verano transcurre como si no pasara nada y todo se hubiese detenido… Nada más lejos de la realidad… El verano ucranio precede al otoño, y están pasando muchas cosas… El ejército ruso está creando todas las condiciones en ese amplio teatro de operaciones para pasar a la guerra de movimientos. Los avances territoriales en Donetsk son lentos, pero continuos, y la última línea de defensa ucraniana en Elavíansk-Kramatorsk se halla cada vez más cerca. A partir de ella habrá sido liberada integralmente toda la región fortificada del Donbass, donde se combate sin tregua desde 2022.
Todo el margen oriental, al este del Dniéper quedará abierto para la penetración de formaciones blindadas bajo la cobertura que les dará la casi absoluta supremacía aérea de que gozan. A esta situación llegaremos tras varios años de “guerra de desgaste”, una guerra industrial de alta intensidad en la que el “fuego”, la “aniquilación de la fuerza viva del enemigo” ha sido el componente central, y el que se revelará como factor determinante. Una guerra de desgaste que ha sido netamente asimétrica, con una altísima desproporción entre las bajas militares irrecuperables rusas y las ucranianas. Netamente desfavorable para Ucrania.
Mientras los propagandistas occidentales ponían el acento en la “lentitud” del avance ruso, ocultaban que este lento avance y la “fricción” a lo largo de toda la línea de contacto generaba día a día, semana a semana, una verdadera sangría de pérdidas militares ucranianas. Ya se les empieza hacer insostenible el ocultar la magnitud de las pérdidas sufridas.
No hemos vivido ningún conflicto armado parecido a éste desde el final de la II guerra mundial. El único que se le aproxima, en términos demográficos, es el conflicto interestatal entre la República Islámica de Irán y de Irak de Saddam Husseín, que se prolongó de 1980 a 1988. El 95% de las pérdidas fueron militares, en esto también se asemeja a la actual guerra en Ucrania.
Pienso que cuando la burguesía dirigente rusa se decida finalmente a poner fin al conflicto, seguramente tras las elecciones legislativas a la Duma del próximo 20 de septiembre, sólo podrá hacerlo elevando la presión de forma determinante en términos militares a través de una amplia ofensiva.
Todo dependerá, pues, de la decisión final que tomen en el Kremlin. Cuando se disipen las últimas esperanzas de un importante sector de la burguesía monopolista rusa por normalizar (reanudar) las relaciones económicas y comerciales con el Occidente imperialista, el momento de resolver el conflicto armado en Ucrania habrá llegado.
En los últimos meses las señales son cada vez más claras en cuanto al fortalecimiento del sector político y militar partidario de poner fin a la guerra desde posiciones de fuerza que conlleven el colapso del régimen neonazi de Kiev sostenido por Occidente.
Las posiciones públicas, de figuras como Dimitri Medvédev, Serguei Karaganov y Dimitri Trenin apuntan en ese sentido y me parecen suficientemente representativas de esa tendencia que está ganando peso.
Como ya os comenté recientemente, la Federación Rusa no puede permitirse que esta guerra se cierre “en falso”, tal y como sucedió con los nefandos Acuerdos de Minsk pergeñados por la perfidia de los imperialistas. La conciencia de que es necesario provocar el hundimiento del régimen de Kiev está cada vez más extendida entre los círculos dirigentes rusos.
La decisión militar que empieza a perfilarse en el horizonte próximo no está, obviamente, exenta de riesgos. El riesgo de escalada con la OTAN e internacionalización (aún más) del conflicto es bien real. Pero no parece haber otra salida, a menos que acepten “congelar” el conflicto, lo que resultaría a la larga suicida para la propia supervivencia como gran Estado de la Federación Rusa.
La “contención” mostrada hasta en el accionar militar ruso en Ucrania se debe, en mi opinión, a dos motivos principales de orden político, y por lo mismo, determinantes.
El primero, es que Rusia se ve obligada, a su pesar, a librar esta guerra, que ha sido azuzada por la OTAN, contra un pueblo hermano dirigido por un régimen irreconciliable. Un pueblo hermano, en su historia común, cultura y demografía. Por no hablar de la lengua y la religión… Esto impone severas restricciones a la acción militar y un fuerte sentido de “paciencia estratégica”, a fin de no deteriorar irreversiblemente dichos lazos y poder retomarlos en un futuro.
Lo que los ideólogos imperialistas en los círculos militares de la OTAN parecen ignorar, sin llegar a ser verdaderamente conscientes de todo lo que ello implica… En caso de verse obligados a golpear objetivos militares en Polonia, los países bálticos, y Rumanía a la hora de entrar en la fase de resolución del conflicto ucraniano, las fuerzas armadas de la Federación Rusa no se verían limitadas, constreñidas, por el hecho de hacer la guerra a un “pueblo hermano”. Su única restricción operativa sería evitar el riesgo de una escalada incontrolada con la OTAN. No es lo mismo en absoluto. Y, si no, que lean bien a Serguei Karaganov…
Esta es la situación en este momento… El segundo motivo de contención mostrado por Rusia en los últimos años, evitar un conflicto abierto con la OTAN en Ucrania, está perdiendo relevancia, ya que lo sucedido en el 2022-2026 evidencia la incapacidad de los contingentes otanistas en Europa Oriental para sostener un enfrentamiento militar convencional con la Federación Rusa. Y eso tan solo desde el estrecho punto de vista operacional, prescindiendo de otras consideraciones políticas, económicas y sociológicas.
* * *
Es altamente probable, no hay casi nada ineluctable, que a lo largo del otoño asistimos a acontecimientos decisivos que pondrán a prueba la paciencia y la “racionalidad” de los imperialistas. De esta última pienso que no debemos esperar nada, en vista de su empecinamiento en mantener hasta el último día su campaña terrorista contra Rusia a través de los bombardeos con drones de larga distancia contra infraestructuras y objetivos civiles.
Si Rusia se ve obligada a subir las apuestas en busca de la decisión por las armas en el campo de batalla, ya no se va a conformar con lo que ofrecía antes en una mesa de negociación: Jarkov, Dnipro, Odessa… ahora serán objetivos clave, con lo que Ucrania dejará de existir tal y como la conocemos en la actualidad. Es muy posible que se vea privada del acceso al Mar Negro al quedar todo el litoral bajo control ruso.
Precisamente ahí reside el mayor riesgo de choque con la OTAN, en el control de la costa sur ucraniana y la región de Odessa. A Rusia no le inquieta el que Polonia, Eslovaquia y Hungría aprovechasen el momento para dirimir sus contenciosos territoriales con Kiev a expensas de Ucrania Occidental. Incluso, haciendo gala de su pragmatismo, Moscú podría llegar a acuerdos bajo cuerda con algunos de estos Estados. Nunca ha tenido dentro de sus pretensiones el controlar las regiones ucranianas más occidentales, salvo Odessa y parte del litoral del Mar Negro.
Pero si Rumanía intenta avanzar hacia la región de Odessa apoyada por algún contingente británico, francés y alemán… la cosa sería muy distinta y constituiría una línea roja a no traspasar. Es allí donde el riesgo de confrontación es más real, dada la insensatez de que hacen gala en las cancillerías occidentales.
Los propios militares otanistas ya avisaron en su momento a Macron, Merz y (entonces) Starmer de que no se hallaban en condiciones de garantizar la seguridad de ningún despliegue de efectivos regulares en territorio ucraniano mientras no hubiese entrado en vigor un alto el fuego. Los medios de defensa antiaérea serían inoperantes ante alguno de los sistemas de armas rusos más avanzados.
Veremos en qué queda la “racionalidad” de los imperialistas occidentales en caso de llegar a darse dicho escenario. El mito de la superioridad militar convencional de la OTAN puede acabar de derrumbarse estrepitosamente.
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Recibir un fuerte abrazo cargado de Resistencia.
¡Por el Comunismo!
¡Venceremos!
I.C.L.