
Memoria histórica imprescindible:
-Así recibió la España de Franco al mayor genocida de la historia.
De la Gestapo a la Brigada Político-Social: la huella de Himmler en España.
Recibido con honores, agasajado por Franco y aclamado por la prensa falangista, el Reichführer Heinrich Himmler recorrió España entre esvásticas, banquetes, toros y delirantes búsquedas del Santo Grial. Tras aquella visita se escondía una siniestra cooperación entre la Gestapo y la policía política del régimen.
En octubre de 1940, mientras las cárceles españolas rebosaban de presos políticos y miles de familias sobrevivían entre el hambre y la represión, Heinrich Himmler, el genocida que organizó y propulsó los campos de concentracion de la Alemania nazi fue recibido en España con honores propios de un jefe de Estado.
El máximo responsable de las SS y de la policía del Tercer Reich recorrió durante seis días estaciones engalanadas con esvásticas, palacios, museos, catedrales y escenarios de la reciente Guerra Civil. Fue agasajado con banquetes, desfiles y hasta una corrida de toros organizada expresamente en su honor. La propaganda franquista presentó aquella gira como una visita cultural. Pero detrás de las fotografías turísticas se desarrollaron conversaciones sobre cooperación policial, persecución de exiliados republicanos, propaganda, espionaje y coordinación entre los aparatos represivos de las dos dictaduras. El viaje contribuyó, además, a reforzar la influencia alemana sobre la policía política franquista, reorganizada pocos meses después.

Himmler entró en España el 19 de octubre de 1940, cuatro días antes de la entrevista que Franco y Hitler mantendrían en Hendaya. Alemania acababa de derrotar a Francia, dominaba buena parte de Europa occidental y parecía próxima a ganar la guerra. Dentro del Régimen franquista, sectores encabezados por Ramón Serrano Suñer defendían una incorporación española al conflicto junto al Eje, siempre que Hitler garantizase compensaciones territoriales y ayuda económica.
El visitante no era un jerarca cualquiera. Como Reichsführer de las SS y jefe de la policía alemana, Himmler controlaba la Gestapo, el Servicio de Seguridad y el sistema de campos de concentración. Todavía no se había desplegado plenamente el exterminio industrial de los judíos europeos, pero las SS ya habían asesinado a decenas de miles de personas en Polonia y desarrollado una gigantesca maquinaria de persecución política y racial.
La invitación procedía de José Finat y Escrivá de Romaní, conde de Mayalde y director general de Seguridad. Finat – que seria alcalde de Madrid en la década de los sesenta- había viajado a Berlín durante el verano y conocía personalmente al jerarca nazi. La visita debía devolver aquella cortesía, inspeccionar los servicios de seguridad españoles y profundizar una colaboración policial ya iniciada durante la Guerra Civil.
Himmler llegó acompañado por un numeroso séquito, en el que figuraban Karl Wolff, jefe de su Estado Mayor personal, y Joachim Peiper, entonces uno de sus ayudantes. En Irún lo esperaban Finat; el general José López-Pinto; el embajador alemán, Eberhard von Stohrer; el jefe del Partido Nazi en España, Hans Thomsen, y Paul Winzer, representante de la Gestapo en Madrid.
La primera escala fue San Sebastián. Las autoridades mostraron al visitante la Diputación, el Museo de San Telmo, el Club Náutico y el monte Igueldo. Las fotografías conservadas retratan a Himmler paseando entre uniformes, saludos fascistas y calles decoradas para la ocasión. La comitiva continuó hacia Burgos, donde Himmler visitó la catedral. Algunas reconstrucciones sitúan allí una cena o un primer contacto con Franco, aunque la documentación más firme reserva la entrevista oficial para el día siguiente en El Pardo.
El 20 de octubre llegó a la Estación del Norte de Madrid. Lo recibieron Serrano Suñer, autoridades militares, diplomáticos alemanes, falangistas uniformados y unidades de la recién creada Policía Armada. Las calles estaban cubiertas con banderas monarquicas, falangistas y nazis. Según el embajador británico Samuel Hoare, Himmler fue tratado como un «príncipe soberano».
La prensa sometida a la censura se volcó en los elogios. El diario falangista Arriba presentó al jefe de las SS como encarnación de la eficacia totalitaria y escribió:
«Con hombres como Himmler llegan a su cenit los Estados fuertes».
La frase resulta especialmente reveladora: lo que se admiraba no era solamente a Alemania como potencia vencedora, sino su capacidad para aplastar cualquier oposición interna.
Serrano Suñer consideró, pese a todo, que la prensa española no había mostrado suficiente entusiasmo. Ordenó al director general de Prensa, Enrique Giménez-Arnau, que diarios como ABC, Ya y Arriba estuvieran «a la altura de las circunstancias». Julio Martínez Santa-Olalla, arqueólogo estrechamente vinculado a Falange y ferviente admirador del nazismo, fue incorporado al séquito para ilustrar al visitante sobre los supuestos orígenes germánicos de España.
Tras entrevistarse con Serrano Suñer en el Ministerio de Asuntos Exteriores, Himmler fue recibido por Franco en el Palacio de El Pardo. La conversación tuvo un carácter fundamentalmente protocolario. El jefe de las SS, según sus impresiones posteriores, no quedó especialmente impresionado por el dictador español.
Las conversaciones sustanciales se produjeron con Serrano Suñer y con los responsables policiales. Himmler sondeó la posibilidad de permitir el paso de fuerzas alemanas para atacar Gibraltar y abordó el destino de los refugiados republicanos españoles que se encontraban en la Francia ocupada. Alemania pretendía desprenderse de ellos y utilizarlos como moneda de intercambio con Franco. Algunos serían entregados a la dictadura; otros acabarían deportados a campos nazis.
Esa tarde se celebró en Las Ventas una corrida organizada por Finat. El cartel anunciaba solemnemente una «gran corrida de toros» en honor de «S. E. el Reichsführer SS Heinrich Himmler»…

El 21 de octubre la comitiva visitó El Escorial y Toledo. En las ruinas del Alcázar, Himmler fue guiado por el general José Moscardó, convertido por el franquismo en símbolo de la resistencia nacionalista durante la Guerra Civil. El recorrido permitía enlazar dos relatos propagandísticos: la supuesta epopeya del Alcázar y el mito nazi de la lucha contra el bolchevismo.
Al día siguiente, Himmler recorrió el Museo del Prado, las instalaciones de Auxilio Social y el Museo Arqueológico Nacional. Allí se detuvo ante un mapa de las invasiones germánicas. Por la tarde habló en la sede madrileña del Partido Nazi. En su intervención anunció que los judíos del Gran Reich serían concentrados en un «gueto cerrado» dentro del Gobierno General de Polonia. Todavía se utilizaba el lenguaje del «reasentamiento», pero las deportaciones, los guetos y las matanzas ya estaban en marcha.
El 23 de octubre voló a Barcelona. Fue recibido en El Prat por el capitán general de Cataluña, Luis Orgaz; el alcalde, Miguel Mateu y Pla, y otras autoridades. Tras contemplar una exhibición folclórica en el Pueblo Español de Montjuïc, partió hacia Montserrat. De regreso a Barcelona, visitó el consulado alemán, asistió a una cena ofrecida por el Ayuntamiento y recorrió una antigua “checa” republicana de la calle Vallmajor, utilizada por la propaganda franquista como escenario demostrativo del “terror rojo”…
La Ley de Policía del 8 de marzo de 1941, publicada en abril, reorganizó definitivamente el aparato represivo y creó el Cuerpo General de Policía. La exposición de motivos rechazaba expresamente el «apoliticismo» policial y reclamaba una «vigilancia permanente y total», citando como modelo la capacidad de los Estados totalitarios. Dentro de esta estructura apareció la Brigada de Investigación Social, embrión formal de la conocida Brigada Político-Social.
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