
Memoria histórica imprescindible:
Libro: «País en ruinas. Historias enterradas de la España franquista (1939–1975)»
380 páginas. Mayo de 2026.
El silencio locuaz de las trincheras, las fosas…
Si en el Cantar de mío Cid el rey Alfonso VII se dirige a Rodrigo Díaz de Vivar diciéndole: «¡Cosas tenedes, el Cid, que farán fablar las piedras!», Alfredo González Ruibal (Madrid, 1976) nos hace ver debajo de las piedras y sobre ellas también, objetos a los que hace hablar de manera realmente elocuente, haciendo que sean los mismos restos hallados los que expliquen historias, modos de vida o de muerte, enfermedades, dieta de los seres humanos a los que pertenecían… trincheras, letrinas, fosas, son visitadas al igual que edificios que sirvieron como penales, centros de detención, tortura, entregándonos unas memorias de subsuelo, y de superficie también, palacios y chozas como polos de dos clases enfrentadas: unos los de los vencedores y otras las de los vencidos y represaliados.
Por medio de todo ello somos puestos al corriente de historias entretejidas, tanto personales como colectivas, relacionadas con el golpe de estado, que acabó en larga y cruenta, guerra desencadenada por Franco y colaboradores; más no queda ahí la cosa sino que a través de las historias que nos van siendo presentadas se ofrece el nefasto panorama que montaron los golpistas vencedores: hambre, enfermedad, castigos, humillaciones sin cuento, tortura y muerte, guiados por el espíritu de venganza.
El nuevo libro del arqueólogo Alfredo González Ruibal da cuenta de las excavaciones cuyos resultados son presentados, con ilustraciones incluidas, en su «País en ruinas. Historias enterradas de la España franquista (1939 – 1975)», editado en Crítica. Si digo nuevo es debido a que anteriormente nos había regalado su Tierra arrasada. Un viaje por la violencia del Paleolítico al siglo XXI, obra que fue galardonada con el Premio nacional de ensayo 2024.
Trincheras, fosas, letrinas y otras hendiduras son excavadas por el arqueólogo y su equipo en busca de restos que se materialicen en diferentes objetos y signos que dan cuenta de las diferentes provisiones con que contaba cada uno de los bandos, del mismo modo que se hallan botellas de bebidas alcohólicas con especial presencia de algunos brandys, de alta graduación que hacen pensar en la ingesta de sus contenidos con el fin de elevar el ánimo ante las experiencias duras del combate, y las numerosas botellas de jerez (las marcas denotan las empresas colaboradoras con el campo franquista de Osborne y González Byass, empresas que a la vez sacaron pingües beneficios por su colaboración), tampoco faltan la presencia de alcoholes de menor graduación, como sidra, utilizados en celebraciones, frascos de medicinas que dejan ver cuáles eran los medicamentos más utilizados y los males que se combatían en la esfera de la salud… también se hallan medallas y monedas, que suponen la identificación ideológica de quienes las poseían… si el subsuelo es una mina, tampoco son evitadas las pesquisas de superficie de los edificios, asilos y otros, que fueron usados como campos de encierro, como prisiones, etc. El libro relata los lugares y los hallazgos, completando tales labores de búsqueda con noventa y una ilustraciones en las que se muestran diferentes restos, botellas, medallas, monedas, planos de diferentes lugares, viviendas de diferentes tipo que van desde palacios a chozas, muestra inequívoca de los diferentes modos de existencia de las diferentes clases sociales, y del polo al que pertenecían: el de los vencedores o los vencidos; entre otros nos son abiertas las puertas del Pazo de Meirás, residencia del generalísimo y familia, facilitándosenos el acceso a la intimidad de las viviendas populares y también al lujo de las nombradas de la crème de la crème; también se visita el Valle de los Caídos y se desvela la utilización de mano de obra esclava utilizada en el levantamiento del monumento… también se ofrecen muestras de publicaciones clandestinas.
Todo este impresionante cúmulo de objetos hallados, con las amplias explicaciones con que son acompañadas por Alfredo González Ruibal, dan cumplida cuenta de las condiciones de la lucha, de los desiguales apoyos y suministros de los diferentes campos, viéndose que los sublevados contaban con mayores recursos alimentarios y otros, al contar con mayores apoyos por parte de países extranjeros, de la misma cuerda ideológica, lo que se traducía en los artículos envasados además de en los restos de animales consumidos… lo que deja ver, por otra parte, el hambre brutal al que estaban sometidos los combatientes; unos más que otros, reitero.
No se limita la búsqueda y la entrega de los resultados de ella, sino que ésta sirve bien para ir entrelazando episodios guerreros, personalidades implicadas en ellos, y un retrato de las infames condiciones de vida que se vivían por parte del pueblo, y más en especial, en las poblaciones que mayor resistencia habían mostrado ante el alzamiento dicho nacional, propiciado por los militares nacionalistas hispanos, la jerarquía eclesiástica, los banqueros y empresarios de alto copete. En este orden de cosas, los relatos sobre la represión, la vida llena de dificultades y penurias de los maquis, y el castigo de sus familias asoman con potencia, y las historias de violencia y agresión, son expuestas con nombres propios… lo que convierte la arqueología en un modo de acercarse a la historia a través de los restos de la guerra y de la dictadura, y sus ruinas. Historias de vidas combatientes, de resistencia, y de dolor y muerte en los campos de concentración cuarteles y cuartelillos en donde se encerraba y castigaba a los rojos, en una red de horrores, condenándoles cuando no directamente a la muerte por fusilamiento, a la provocada por el hambre, y a la vida de sus familias en poblados de chabolas, donde acabaron malviviendo muchas de las familias de quienes fueron ejemplo de dignidad y lucha antifascista; en esa constante de salvaje represión la parte en que más se cebó el sadismo represor fue en las mujeres, lo que queda confirmado por muchas de las historias que se ofrecen.
La geografía visitada es amplia y las historias también, fluyendo los relatos de familias deshechas, y de casos de madres que se despedían de sus vástagos ante la proximidad de la muerte, dándose cabida a historias y adioses, halladas ocultas en el interior de frascos, en las fosas de diferentes lugares de la geografía peninsular (el asilo de Santa Cristina en la Ciudad Universitaria matritense, la Casa del Guarda de Jadraque en Guadalajara, Castuera, la alicantina Albatera, Paterna, Entrevías vallecana, Liébana, … y diferentes barriadas andaluzas) . Y…sonajeros, zapatos, crucifijos, lápices de carpintero, jeringuillas de médico… y Alfredo González ofrece una verdadera arqueología de la dignidad y decencia que acompañaba a la represión y castigo sin piedad ni límites que usaban el franquismo y sus secuaces, ya sean vestidos con sotana o con frac, con camisa azul, bordada roja ayer, o boina roja, en una maquinaria bestial y bien engrasada por el odio… que organizaba milimétricamente el hambre y la pobreza… que se mantuvo en pie hasta los estertores del tardofranquismo… y, todavía, las fosas sin excavar y los amantes, de uno u otro modo, con el régimen nacional-católico, amenazando con borrar del mapa, y de las leyes, cualquier disposición sobre memoria histórica… política que ya fue llevada a cabo por los gobiernos de los populares, como el de M punto Rajoy, y que hoy todavía promueven leyes, que dicen de concordia(?), en los lugares en los que (des)gobiernan con la ayuda de Vox.
–https://kaosenlared.net/el-silencio-locuaz-de-las-trincheras-las-fosas/