
Crónica de la presentación del libro “La sombra del Franco en la Transición”
Andreu García y Juan Manuel Olarieta explican algunos detalles de esa convulsa y sangrienta época en el Estado español y que sigue sin ser aclarada.
La VIII Edición de la Feria Libro Fanzine Material Político en Merkatua de Portugalete acogió la presentación del libro “La sombra de Franco en la Transición” (El Garaje ediciones) a cargo de Andreu García Ribera, abogado, periodista y director de ‘El otro país’, que ha actualizado el libro que escribió Alfredo Grimaldos, ya fallecido, y el abogado y luchador Juan Manuel Olarieta. Muestra que “no hubo transición”, sino “continuidad” de quienes tuvieron y ejercieron el poder desde la instauración de la dictadura con cómplices y colaboradores directos.
“El libro cuenta lo que anuncia, es decir Franco murió en 1975, pero el franquismo no murió con Franco, sino que ha tenido una continuidad desde el antiguo régimen nacido en 1939. Con su guerra, por supuesto, con los cientos de miles de muertos que hubo en la Guerra Civil de 1936/39 y luego con los cientos y cientos de muertos que hubo en la postguerra que fue, incluso, peor que la guerra”, explicó Olarieta.
“Es una obra para recuperar la Memoria Histórica, que se va perdiendo o que no se tiene, porque las nuevas generaciones no han conocido muchas de las cosas que se relatan en la obra”, por lo que recomendó su lectura para conocer lo que hoy está pasando, que quedó “bien atado” por quienes estuvieron en la sombra del dictador Franco.
Olarieta reconoció el trabajo de Alfredo Grimaldos, después actualizado y completado por el abogado y periodista Andreu García Ribera. “Tuvo el coraje y el esfuerzo de realizar un trabajo para que todas estas cosas no se olviden y se tengan en cuenta, porque hay muchas informaciones que se pueden perder y no se deben perder y se deben transmitir, no solo a personas individuales, sino a colectivos y a grupos”.
Definió el libro de “contraintuitivo”, porque todo lo que se ha dicho para justificar la continuidad de franquismo, “es decir que 1975/1978, cuando se aprueba la Constitución, que hubo un cambio de régimen político y que efectivamente el franquismo era una dictadura y que, como consecuencia de una serie de cambios, pasó de un régimen fascista a un régimen democrático. Pero lo que el libro transmite es todo lo contrario. Es decir, demuestra la continuidad del mismo régimen franquista”.

*Régimen que trasciende
Juan Manuel Olarieta insiste en que “se personaliza en Franco la culpa de todo, y muerto el perro, se acabó la rabia. Es lo que quieren transmitir. Esto es falso. El franquismo es un régimen político que transciende, incluso, a la figura como la de Franco. Y a lo largo de toda esa etapa de los años 70, 80 e, incluso, los 90 hay una continuidad, que no solamente existe en los aparatos fundamentales: ejército, policía, jueces y fiscales, sino absolutamente en todos los aparatos del Estado. Es decir, el Estado es el mismo hoy que el Estado que se creó en 1939, y las personas que dominan y controlan todo son los mismos que hoy están en el poder, los grandes cargos, no solamente en los cargos políticos, digamos que es lo más visible, sino en los cargos burocráticos y administrativos. Todos los cuerpos burocráticos son hoy los mismos que existían hace unos años, o son los hijos o los nietos de ellos”.
Pero no se queda ahí su reflexión, “aparte del aparato del Estado, hay una continuidad en los aparatos económicos. Los grandes oligarcas que financiaron, promovieron la Guerra Civil, y que dominaron y se enriquecieron, por ejemplo con el trabajo esclavo de los presos políticos, son lo que hoy controlan y dominan los grandes bancos y las grandes industrias. Hay una continuidad total”.
Explica que “como he dicho antes, el régimen fascista español no se concentra en la figura de Franco sino en todo el sistema de organización del poder y del funcionamiento del aparato del Estado y eso conduce a deducir inmediatamente que en España no sabemos, a pesar de que han transcurrido 70 años del final de la Guerra Civil, lo que es el fascismo. Y lo hemos tenido delante de las narices mucho más tiempo que en Alemania y que en Italia”. Por lo que concluye que “si no sabemos lo que es el fascismo, lógicamente, no sabemos lo que es la democracia. Nos creemos que la democracia es cualquier cosa y que en cuanto en un país hay dos o tres partidos políticos y hay unas elecciones y tal que eso es un régimen democrático. Un régimen democrático son muchas cosas y no solamente eso”. Para Olarieta, “la historia no es un calcetín. Y más la historia del capitalismo y la evolución de los sistemas políticos no son reversibles. Ahora eres un régimen dictatorial, pero se acaba la dictadura porque se acaba Franco o se acaba Hitler, Mussolini o Pinochet y volvemos a empezar, no. Porque cuando asesinas a decenas de miles de personas, cuando aniquilas al movimiento obrero organizado, las cosas no dan marcha atrás. Porque uno es el que mata y el otro es el que muere. Y no se le puede dar marcha atrás. Y eso es lo que ocurrió no solamente en la Guerra Civil, sino en la transición, que es una historia de sangre. Y eso es lo que Alfredo y Andreu explican muy bien a lo largo de todo el libro. Las grandes matanzas que hubo no solamente en la última etapa del franquismo, sino en la etapa inmediatamente posterior, justo cuando se va a cumplir el aniversario de los fusilamientos de Txiki, Otaegi, Sánchez Bravo… es decir de los cinco antifascistas que fueron asesinados en 1975. Los últimos fusilamientos de Franco”. Termina indicando que “en aquel momento sembró el terror entre muchísimas organizaciones, que finalmente ante una situación de violencia organizada e indiscriminada claudicaron ante el gobierno y admitieron que había un cambio, etc. Sin embargo, en el libro se recogen más de 200 casos de asesinatos políticos inmediatamente después de la muerte de Franco y a lo largo de ese período. Y cómo la Transición está ligada a grandes asesinatos políticos. Esos asesinatos sería interesante discutirlos de quienes los comenten y porqué. No todos los asesinatos se cometieron a manos de las fuerzas represivas de la policía, y guardia civil sino que hubo muchos asesinatos que fueron obra de grupos fascistas de la época”.
*Fascistas dirigidos por aparatos del Estado
Olarieta añade que “ahora se habla mucho del auge de la extrema derecha. Parece que la extrema derecha, lo que he dicho del calcetín, que es reversible. La extrema derecha desaparece, luego vuelve a aparecer. Esto no tiene sentido. Si echáis un vistazo al libro os daréis cuenta que en aquel momento los grupos fascistas que había, no es que fueran numerosos sino que además estaban dirigidos por los aparatos del Estado y eso es justamente lo que explica la naturaleza de todos estos grupos”.
Por último, entre otras muchas reflexiones, insiste en que “hubo un cambio muy importante después de la muerte de Franco, que es la esencia de la transición, y que con la transición política algunos antifascistas cambiaron de bando. Es interesante, porque son esos que decían que estaban luchando contra Franco que cambian de bando, que se ponen a apoyar al Estado y son los que lavan la imagen del régimen a partir de los años 70. Y le conceden al franquismo, que no tenía ninguna legitimidad histórica ni política porque procede de una victoria en una guerra, le conceden legitimidad. Le dan una legitimidad, que antes no tenía. Ese es el importante papel que jugaron todos esos grupos de izquierda reformista, o como los queráis llamar, y que lógicamente fueron cooptados, engullidos por el propio régimen. ¿Con qué? Con sueldos, con cargos electos, cargos funcionariales y pasaron a formar parte de la rueda del Estado burocrático-franquista”.

Tras esta intervención, Andreu García Ribera, quien ha actualizado y añadido una larga lista de asesinatos en el libro, intervino para avanzar distintos elementos fundamentales que escribió Alfredo Grimaldos.
Está claro, según dijo que “la transición es un proceso político pilotado, desde el principio, por el poder. La Constitución del 78, desde una perspectiva constitucional, es heredera de la Ley de Sucesión de 1947”. Explica que “Franco, al acabar el 45, había formado parte beligerante del eje nazifascista. Tenía que hacer un mínimo de cara al imperialismo norteamericano y al Reino Unido para que lo admitiesen en su ser. Entonces se constituye en Reino. La ley de Sucesión constituye a España en reino, sin rey, y le otorga a Franco la facultad de elegir a su sucesor., como un emperador romano”. Franco solo pone unas condiciones: “que sea de estricta regia, claro; que sea varón; que sea católico y tenga más de 30 años. Justo el retrato que 22 años después el Borbón Juan Carlos, ese miserable que se pasó inaugurando pantanos de la mano del dictador toda su época de príncipe”. Período de “constitucionalismo franquista, con las leyes fundamentales, no había un texto codificado y cerrado. Eran siete leyes, que luego fueron ocho: la ley para la reforma política. Desde la ley, a la ley por medio de la ley. Desde la ley fascista a la ley, la Constitución, por medio de la ley, la ley para la reforma política”.
*Invisibilizar a las víctimas de 40 años de dictadura
Andreu García remarca que “con cierta ironía, pero no falseando la historia, se puede decir que la Constitución del 78 es la ley fundamental porque es causa fundamental de las leyes fundamentales”. En ese sentido, el requisito para que esta operación manejada desde el poder pudiese desarrollarse “es invisibilizar a las víctimas de 40 años de dictadura, como se hizo efectivamente con el consenso y el apoyo de una izquierda, PSOE y PCE, fundamentalmente, que a cambio del plato de lentejas de participar en esa operación de reforma, otorgó la legitimidad que desde luego no tenían los falangistas”.
En la presidencia de Carrero Blanco se desarrollan tres operaciones durante años “para garantizar que la sucesión de Franco fuese la continuidad del poder político económico y social de las clases dominantes que habían gobernado desde 1939”.
Como relata quien ha actualizado el libro, “la primera es la ‘operación tránsito’ u ‘operación Alborada’. Durante años están haciendo análisis de quién puede ser la figura que desde el Régimen lidere o sea la imagen de la reforma. Establecen un retrato robot: debe ser un político que venga del Movimiento para evitar que pueda haber reticencias entre las filas sobre ese cambio. Ha de ser político que no haya vivido la guerra, un político en ese momento joven, y un político de provincias y que tenga un escaso patrimonio. No podía ser Areilza, que había estado en la guerra, había sido alcalde de Bilbao… y con una gran fortuna”. Según ese perfil lo elabora, entre otros, Martín Villa, “y llegan a Adolfo Suárez. No es una casualidad. No es la historieta que nos cuentan. Es una operación planificada y sistematizada por los servicios de inteligencia”.
La otra operación es ‘Diana’. “La elaboran los servicios de inteligencia, junto con la CIA, y es un operativo militar para prevenir en caso de que hubiese un vacío de poder, de acuerdo con el artículo 37 de la ley orgánica del Estado”. Andreu García explica lo que “esta calaña de malnacidos entendía por vacío de poder: Una lucha por la ruptura democrática”.
Y por último, la tercera, es la ‘Operación Primavera’. “Igual que elegían y diseñaban el dibujo de quien desde el Régimen tenía que dirigir ante la opinión pública la transición, dirigieron quien tenía que ser la oposición. Tenían que crear un Partido Socialista. En ese momento el PSOE histórico era bastante derechista y anticomunista, y no gozaba del beneplácito de los poderes de la burguesía europea”. García explica que “financian El congreso de Suresnes, la CIA lo aprueba y da el placet y los servicios de presidencia de Gobierno son los que organizan el congreso de Suresnes de 1974. El PSOE renovado. Es un nuevo partido. Se crea para esto”. Así, “la conjunción de estas tres operaciones, preparadas por los servicios de inteligencia franquistas con la participación de la CIA y la Fundación Friedrich Ebertt de la socialdemocracia alemana, son las que desarrollan lo que luego toma cuerpo en la llamada transición política”.

*261 muertos tras la muerte de Franco
A juicio de García Ribera, “hay que deconstruir, hacer una nueva narración histórica del mito de la transición modélica y pacífica. Desde luego, no es en absoluto modélica que una dictadura se suceda a sí misma, pero si algo no es, sin duda, es pacífica. En ese libro hay 261 muertos desde la muerte del dictador el 20 de noviembre de 1975 hasta el 31 de diciembre de 1983”. Detalla diferentes muertes, que se recogen en el libro y recalca que “si hubiera una nueva edición habría unas doce ampliaciones que tendría que anotar en el texto”.
Cuenta una anécdota que le pasó con su editor Manuel Blanco Chivite. “Le llamé un 20 de noviembre y le dije que hoy es el aniversario de la muerte de Franco. Y me dijo ‘te equivocas’, no murió el 20 noviembre, sino que Franco se hizo rey. Y es cierto. La monarquía se inserta en una estructura política que era el franquismo. Los militares de aquel 18 julio continuaron acumulando galones y estrellas, los policías de la Brigada Político Social constituyeron la Diligencia Policial en toda la década de los 80. De los jueces, qué vamos a decir. Coger el Boletín Oficial del 5 de enero de 1977: se disuelve el Tribunal de Orden Público y más abajo crean la Audiencia Nacional. Como decía el juez Joaquín Navarro ‘no esperaron ni siquiera para resucitar los tres días que exige la Biblia”.
Narra como de los 16 jueces del Tribunal del Orden Público (TOP) “pasaron 10 a la Audiencia Nacional y 6 al Tribunal Supremo” y cuenta como “José Hijas Palacio, que fue uno de los presidentes del TOP, llegó a ser presidente del Tribunal Supremo. Quién hacía jurisprudencia sobre el desarrollo de derechos y libertades, era uno de los tres que había sido presidente del TOP. El otro Enrique Amat también pasó. A otro Mateu Canovés, no le dio tiempo a pasar, ya que ETA lo eliminó del censo de 1979, si no hubiera llegado al Tribunal Supremo. Tenía el dudoso honor de haber firmado, o bien como ponente o bien como presidente, todos los procesos del TOP desde su creación en 1963 hasta su disolución en 1976”.
Con estas indicaciones, “nos está mostrando la continuidad de los aparatos de poder. Hay que poner nombres. Es lo que hace el libro ‘La sombra de Franco en la Transición’. Es un libro que tiene sus elementos de análisis, pero es un libro periodístico.
Andreu García Ribera insistió en el tema de la “impunidad, que lo ha tocado muy bien Juanma, la esencia de impunidad de los crímenes de 40 años y los que siguieron”. Después puso diferentes ejemplos de asesinatos por fascistas o a manos de la policía, que se relatan de manera directa en el libro y que no tuvieron pena o fue ridícula. Algunos huyeron del Estado español y aunque los servicios secretos conocían sus paraderos no hicieron nada. “Este entramado queda claro en el caso Atocha” señaló, donde “La conexión internacional fascista y la red Gladio, que no es ajena a estas actuaciones” tuvieron su protagonismo. “En el caso de Atocha sabemos que en el juicio no se tocó nada, ninguna conexión internacional. Toda esta estructura fue la que garantizó el crimen y la impunidad”.
Terminó con el caso Scala, un sala de fiestas de Barcelona, que según la versión oficial se incendió el 15 de enero de 1978 y causó la muerte de cuatro trabajadores y se usó para criminalizar al movimiento anarquista por lanzar los cócteles molotov.

*Caso Scala para criminalizar la lucha del movimiento anarquista
Cerró la intervención indicando que “No quiero acabar sin hablar del caso Scala, que con la ley de secretos oficiales en 2028 podríamos investigar. Es una intervención directa por parte de inteligencia militar. En octubre de 1977 se firmaron los Pactos de La Moncloa con una contención salarial fortísima. Participaron UCD, PCE, PSOE, e implica a CCOO y UGT, con una inflación del 26,4%. Se impone una contención del 20-22% es un pacto salarial, de perdida de poder adquisitivo de los trabajadores, que se aplica con carácter retroactivo. Había convenios ya firmados” y, sobre todo, incidía contra la lucha obrera, porque “si los trabajadores presionaban, las empresas tendrían posibilidad de despedir al 5% de la plantilla”.
En Catalunya, “CNT se opuso a los Pactos de la Moncloa. El 15 de enero, los servicios secretos más altos infiltran a un preso social y Scala es símbolo de fiesta, y tiran cócteles molotov”. Causó la muerte de cuatro trabajadores y se usó para criminalizar al movimiento anarquista por supuestamente lanzar los cócteles molotov que dieron origen al incendio. Sin embargo Andreu García señala que “se tiraron en el vestíbulo y no se escucharon las explosiones”, pero “un vecino aficionado a la fotografía echó fotos porque el humo llegaba desde la parte trasera, no desde el vestíbulo”. Un policía se hizo pasar por periodista y compró las fotografías al vecino para hacer desaparecer las pruebas. Además “un exguardia civil que tenía un quiosco en frente de la discoteca Scala vio a 4 personas trajeadas con maletines que después salieron sin ellos. Al guardia civil, le negaron la declaración. Se persona e hizo una declaración jurada, pero no la admitieron como prueba a los abogados. Tres días después apareció muerto de dos tiros. Y, por último, añadió que el jefe de bomberos de Barcelona dijo que las características del incendio “no fueron compatibles con cócteles molotov, sino con una bomba de fósforo, que hoy es propiedad exclusiva del ejercito español”.
Tras las intervenciones se produjo un turno de preguntas, que muestra que todavía existe un interés por la mal llamada transición.
Y enlaces en youtube de las dos intervenciones de los ponentes: