
Movimiento obrero. Su brutal situación:
-Las torres de vigilancia frente a incendios forestales: el último eslabón de precariedad de los bomberos.
Jornadas de diez horas en soledad, estancias de dos metros cuadrados y teniendo que decidir por sí mismos dónde escapar en caso de fuego. Así son las condiciones de los vigilantes en la Comunidad de Madrid que están en pie de guerra con el Gobierno de Ayuso.
“Esta torre es de las privilegiadas, tiene electricidad, puedo enchufar algo para tener calefacción o algo de fresco cuando las temperaturas suben o bajan, eso sí, ni váter ni donde hacer nuestras necesidades cerca”, explica a El Salto uno de los trabajadores de las torres de vigilancia frente a incendios forestales de la Comunidad de Madrid. Un trabajo que cuenta con contratos donde la categoría profesional puede ser de atención al cliente pero que tiene una realidad muy distinta: diez horas en espacios que van entre 1’5 y dos metros cuadrados como máximo. Solos. Incluso cuando un incendio se desata.
Eso es lo que ocurrió en Cinco Villas, en la Sierra Norte de Madrid, el pasado 16 de julio. “Dos horas antes se había producido el incendio de la Mierla, que lo veíamos en dirección a Manjirón (al noreste de la torreta)”, indica uno de los vigilantes, que explica que “no tienen ojos en la nuca”, ya que el incendio de Cinco Villas se inició al suroeste, en el otro punto, pegado a la carretera A1. “Empezó a venir el fuego en forma de cono hacia esta ladera, lo rodeó por completo en la base y entonces empezó a subir las llamas por la ladera, en dirección a la torreta”, explica sobre el terreno otro vigilante que acudió a la ayuda del compañero que en ese momento estaba en la torreta…
En Madrid, existen 33 torres de vigilancia con 60 vigilantes que controlan la posible proliferación de incendios distribuidos en turnos de siete días a la semana durante los seis meses de mayor riesgo. Una pequeña parte del equipo de bomberos forestales públicos y contratados a través de Tragsa que la Comunidad de Madrid cifra en más de seis mil profesionales contando con voluntarios de seguridad y emergencia.
La importancia de esa primera detección cobra todavía más peso en un contexto en el que los trabajadores forestales y las organizaciones ciudadanas reclaman que la prevención no se concentre únicamente durante los meses de mayor riesgo. Los bomberos forestales públicos de Madrid llevan años reclamando poder trabajar durante todo el año y que se reconozcan las funciones que realizan, incluidas las de prevención, detección y vigilancia.
Frente a esto, algunas comunidades autónomas han tomado la decisión de invertir más en cámaras que en personal, lo que hace temer que en un momento se prescinda de esta figura laboral. De hecho ya hay 150 cámaras en Castilla y León y 160 en Galicia, con el gran problema al que apuntan los expertos: los falsos positivos por nubes, niebla, humo industrial o incluso el reflejo del calor sobre el asfalto pueden confundir a los algoritmos. “Cuando nos vayamos jubilando o cuando quieran nos cambiarán por cámaras, porque ahora mismo nos tienen como alarmas con patas, no nos quieren para nada más”, indica uno de los vigilantes de la Sierra Norte madrileña.
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-A la oficina o a la calle: los estudios de videojuegos ponen ahora trabas al teletrabajo.
Tras años de enorme crecimiento y flexibilidad gracias a la pandemia, las compañías sufren ahora duros ajustes e imponen la presencialidad de los trabajadores, o el despido.
Los sindicatos y los trabajadores denuncian que es para forzar salidas.
Las empresas de videojuegos se hicieron de oro cuando en 2020 el coronavirus obligó a confinar a medio mundo y, una vez en casa, el teléfono y la consola se erigieron como los pocos elementos de entretenimiento al alcance de la mano de millones de jóvenes y mayores. Y la pandemia no se entiende sin el teletrabajo, que fue permitido y alentado en estas empresas para seguir embolsando. De esa situación, que ha durado años, miles de trabajadores del sector adecuaron su vida en torno a esta modalidad de trabajo. Residían en pueblos ante la falta de viviendas y precios en las grandes ciudades o ahorrarse el enorme tiempo perdido en itinere hasta las oficinas. Y realizaban el mismo o más y mejor trabajo desde casa. En estos trabajos técnicos de creación, se ha demostrado la eficacia del teletrabajo. A las empresas, además, no les vino nada mal unos pocos gastos en adecuación de plataforma de trabajo y comunicación y millonarios ahorros (han sido 6 años) en consumos, limpieza, espacio físico (algunas empresas han funcionado en este periodo en oficinas de 30 m²)…
Pero los consumidores no han mantenido el nivel de compras de sus videojuegos. Y las empresas han, están y van a seguir despidiendo trabajadores en un mercado de nuevo normalizado -y no hiperinflado- en ventas. Ahora están exigiendo de nuevo trabajo presencial en las empresas. Muchos trabajadores, de nuevo, han visto rotas esas adecuaciones que tuvieron que hacer para acoplarse a poder seguir trabajando. La excusa para los despidos, exigida, volver al trabajo presencial. ¿Que te trastoca totalmente la vida, o que de nuevo a 3 horas diarias del curro entre ir y volver? Tú decides, si no… a la calle.