
Muro de denuncias:
–Cultura a golpe de cheque millonario.
El oasis de cristal de En Tol Sarmiento: cómo se paga la banda sonora del PNV
Otorga a ETS de una tacada más dinero que lo que da a otros 90 grupos juntos.
El Gobierno Vasco aprobó una subvención de 300.000 euros al macroproyecto de la banda musical, seis veces el techo que fija para cualquier festival.
Mientras la consejera del Gobierno Vasco afirma no querer “penalizar el éxito cultural”, más de un centenar de músicos ha firmado un manifiesto contra procedimientos de “dudosa claridad” en el reparto del dinero público y el sector técnico se ha plantado en huelga.
Entre tanto, ETS ha ayudado a Petronor a lavar su imagen tras la fuga de benceno.
La relación entre la gestión de la industria cultural por parte del PNV y los megaproyectos que ponen su banda sonora es muy estrecha. El Consejo de Gobierno aprobó una subvención directa de 300.000 euros para un solo proyecto: Bihotzen Konkista, el macroevento de ETS, destinado a “proyectar el euskera y la cultura vasca fuera de Euskadi”.
La línea ordinaria a la que concurre el resto de la escena, las ayudas a giras musicales, tiene una dotación total de 175.000 euros y topes de 5.000, 10.000 o 15.000 euros por gira según la distancia y el número de conciertos. En su última edición se repartió entre 47 proyectos, una media de 3.723 euros por grupo, que en muchos casos cubrió lo justo para la furgoneta y dos noches de hotel. El dato resulta desolador: un grupo recibe 300.000 euros; los otros, casi medio centenar, solo suman 175.000 entre todos.
El propio Gobierno Vasco fija en su convocatoria de festivales de 2026 un tope de 45.000 euros por proyecto y un mínimo de 7.000, con 600.000 euros para repartir entre todas las disciplinas. Pero ETS se lleva, sola y sin competir con nadie, la mitad de esa bolsa y más de seis veces el techo que se aplica a cualquier festival del país.
El grupo sonoro ETS es la versión pequeña de un sistema mucho más amplio. En 2008, por ejemplo, se destinaron 700.000 euros a un proyecto de Kepa Junkera. Al mismo tiempo, Hordago-El Salto documentó en julio que las promotoras de tres festivales de Last Tour –BBK Live en Bilbao, BIME en Barakaldo y Azkena Rock en Gasteiz– han acumulado desde 2022 más de 12 millones de euros en subvenciones y patrocinio institucional.

El mismo Gobierno Vasco que riega de fondos públicos a los megaproyectos llegó a decretar restricciones a las actividades culturales en bares y locales de pequeño formato. Mano dura con la sala de 200 personas y cheque anual para un recinto de 40.000. Este modelo de “desertización cultural” es el que Nando Cruz y Jon Urzelai denunciaron en Bilbao durante la presentación de sus dos libros, Macrofestivales y Su festak.
Fermin Muguruza, el 4 de junio, al recoger el Premio Etxepare Euskal Institutua de Música en la sala Atabal de Biarritz, sintetizó el hartazgo de la escena contracultural de la siguiente manera: “Las subvenciones públicas no deberían parecerse a la casita de Bad Bunny; lo que es público debería funcionar como una plaza abierta, no como un reservado donde sólo entra el que es elegido a dedo”.
Trece días más tarde, el 17 de junio, más de un centenar de músicos, bandas y agentes culturales firmaron el manifiesto Denok Gara Kultura, pidiendo que los recursos “se gestionen con transparencia, criterios públicos y mecanismos accesibles para el conjunto del tejido cultural”, y denunciando procedimientos de “dudosa claridad, que distan mucho de garantizar la igualdad de oportunidades”.
Entre los firmantes, Izaro, Anari, Cris Lizarralde de Belako, Kaotiko, Lisabö, Mursego, Soziedad Alkoholika, Itziar Ituño y Olatz Salvador. La Diputación de Bizkaia, que compromete 140.000 euros anuales al BIME, calificó de “incoherente” a la plataforma de artistas. Una palabra un tanto llamativa viniendo de quien firma los cheques de manera totalmente desigual.
La lucha no solo procede de los artistas de la cultura. El sector técnico de espectáculos y eventos de Euskadi lleva en pleno conflicto desde la primavera. Afecta a más de 600 trabajadores.
La patronal respondió por carta diciendo que los trabajadores exageraban y que el suyo no es un sector precario. Cinco días. Exactamente el preaviso por el que se está peleando el convenio. Mientras, el gesto de solidaridad de ETS con el sector se llevó a cabo reproduciendo el abuso mismo contra el que se dirige la huelga. ETS adelantó el concierto “para sortear la huelga”.
Es justo eso lo que ETS evade: una noche de tensión real con la institución que le entrega el dinero, con la empresa que le patrocina la gira o con el ayuntamiento que le pone el escenario. Sin conflicto no hay cultura.
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