
Repasando la historia ocultada:
Crimen de lesa humanidad, impune.
-50 años de impunidad: cuando Marruecos bombardeó con fósforo blanco y napalm al pueblo saharaui.
Se cumple medio siglo del ataque aéreo a cientos de desplazados en el desierto, hechos incluidos en un auto de 2015 de la Audiencia Nacional contra 11 mandos marroquíes que nunca rindieron cuentas.
El tiempo no lo cura todo. Este febrero se cumplieron 50 años del bombardeo con fósforo blanco y napalm sobre la población saharaui que huía del Sáhara ocupado por el ejército de Marruecos, sin que aún hayan respondido por ello ninguno de sus responsables. El ataque, perpetrado en medio del desierto causando decenas de muertes, forma parte de un auto de la Audiencia Nacional española que en 2015 ordenó la detención de 11 mandos militares y policiales marroquíes acusados de un delito de genocidio contra el pueblo saharaui. Once años después de esa resolución judicial, ninguno ha sido juzgado, ni siquiera interrogado.
Aquella masacre se sitúa entre el 19 y el 21 de febrero de 1976 en Um Dreiga, donde se habían concentrado de 3.000 a 4.000 saharauis que, en coches o andando, huían del sur del Sahara, la colonia española que había sido tomada por el ejército marroquí tras la Marcha Verde. Era el mayor campamento de desplazados, montado en un lugar frecuentado por beduinos para dar de beber a su ganado del agua de unos pozos en mitad del desierto. Dado su tamaño, contaba con un hospital de campaña y un dispensario, identificados con el símbolo de la Media Luna Roja (Cruz Roja). Sus ocupantes eran, en su mayoría, mujeres, niños y ancianos, muchos aún con su DNI en la cartera como vecinos de la que había sido la provincia 53 de España, el Sahara. Los hombres estaban a 70 kilómetros, en el frente de guerra que habían abierto las fuerzas del Frente Polisario y las de Marruecos.
Todo esto se sabe por lo que contaron los supervivientes a los autores de la investigación Los otros vuelos de la muerte, publicada por el Instituto Hegoa, en colaboración con la Universidad del País Vasco y la Asociación de Amistad con el Pueblo Saharaui de Sevilla. Ese trabajo fue dirigido por Carlos Martín Beristain, médico y doctor en psicología social, participante en Comisiones de la Verdad de varios países de América y África, que declaró en el Juzgado Central de Instrucción número 5 de la Audiencia Nacional, donde se abrió la causa por genocidio contra mandos militares y civiles marroquíes. «Es el único caso que se conoce en el mundo en el que se haya bombardeado a una población desplazada de un conflicto», subraya Beristain.

El bombardeo, según los supervivientes, se hizo en dos pasadas, con disparos de ametralladora incluidos, y los primeros objetivos fueron el dispensario y los pozos de agua del campamento. Chrifa Dahan, una mujer desplazada de El Aaiún, dio a luz ese mismo día y relató así a los investigadores de la masacre el horror que vivió: «Las bombas explotaban y todo se volvía fuego y se incendiaba todo. Había también humo y mucho polvo que no dejaba respirar y que impedía ver. Yo encontré un árbol y me quedé escondida y comencé a parir. Sola, sin la ayuda de nadie, di a luz a mi hija mayor, Galat».
Otros testimonios estremecedores son los de Minetu Sali Selma, a quien su madre, envuelta en llamas por el bombardeo, salvó la vida cuando ella tenía solo 40 días, arrojándola lejos para que no se quemara. Iauguiha Ali Mohamed, la hermana de esa mujer, que murió calcinada, lo contó así: «Fue un infierno. La aviación marroquí envió bombas con napalm que lo quemaron todo y de inmediato mucha gente murió y también hubo muchos heridos».
Otra mujer, Nuha, describió de esta forma lo ocurrido: «La primera bomba cayó justo en el hospital. Había mucho fuego. En el hospital había mujeres parturientas y enfermeras. Una matrona murió decapitada por la bombas. Mi jaima estaba cerca del dispensario. Sería al mediodía cuando cayeron nuevas bombas. Salieron corriendo todo el mundo buscando algún lugar donde esconderse. No había coches ni transporte para evacuarnos. Estuvimos escondidos por las montañas y las dunas dos semanas, hasta que fuimos evacuados a Rabuni».
Según la investigación de Los otros vuelos de la muerte, las pruebas que determinaron el uso del napalm y fósforo blanco en el bombardeo de Um Dreiga se basan, fundamentalmente, en que había cadáveres calcinados y muchos heridos por quemaduras, que supervivientes y personal médico que los atendieron reportaron numerosos problemas respiratorios y que el fuego se extendió a todo el campamento de desplazados de una manera nada habitual cuando se arrojan bombas convencionales, según los expertos.
El testimonio de otro de los supervivientes, Sid Ahemed Baba, relata una escena dantesca: «La imagen que me impresionó mucho fue la de una mujer que se llamaba, creo recordar, Fula Mohamed Abdalani, que estaba recostada de lado dándole el pecho a una criatura y tanto ella como la criatura quedaron carbonizadas. Cuando intentabas tocar una parte de su cuerpo, se deshacía en tus manos”.

Esa masacre fue incluida en abril de 2015, sin autores conocidos, en un auto de la Audiencia Nacional por la comisión de un delito de genocidio contra el pueblo saharaui, a raíz de una querella interpuesta por la Asociación de Familiares de Presos y Desaparecidos Saharauis (Afapredesa) y la Asociación Internacional de Juristas por el Sahara Occidental, entre otros. En ella se denuncia que desde la ocupación de Marruecos, en noviembre de 1975, hasta 1991, año en el que se firmó el alto el fuego en la guerra entre el Frente Polisario y el ejército marroquí, «se produjo un ataque sistemático contra la población civil saharaui por parte de las fuerzas militares y policiales marroquíes: bombardeos contra campamentos de población civil, desplazamientos forzados de población civil, asesinatos, detenciones y desapariciones de personas todas ellas de origen saharaui, debido precisamente a dicho origen, con la finalidad de destruir total o parcialmente dicho grupo de población y para apoderarse del territorio del Sahara Occidental».
Concluyó que «como mínimo» se habían registrado 50 muertes violentas cometidas por miembros de las fuerzas armadas o policiales de Marruecos, calificadas como asesinatos, 39 de las cuales fueron causadas por el bombardeo de Um Dreiga, 10 de ellas de niños. Además, concurrían, según el auto, 76 asesinatos en grado de tentativa, 208 detenciones ilegales, seis de ellas sin paradero de la víctima, y 23 delitos de tortura.
Once años después, nada ha avanzado…