
Memoria histórica imprescindible:
90 años de la victoria del Frente Popular.
16 de febrero de 1936, elecciones negadas a sangre y fuego.
Los días 16 de febrero (y 1 de marzo) de 1936 se celebraron en España las terceras elecciones generales, y últimas, de la Segunda República Española.
Las elecciones dieron una mayoría parlamentaria a la coalición de izquierdas denominada Frente Popular (Frente de Izquierdas en Cataluña) que, con el 48,69% del total de los votos y más del 60% de los diputados electos, agrupaba al Partido Socialista Obrero Español (PSOE), Izquierda Republicana (IR), Unión Republicana (UR), Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), Partido Comunista de España (PCE), Acció Catalana Republicana, Unió Socialista de Catalunya, Partidos Sindicalistas y otros.

El sistema electoral establecía un sistema mayoritario con voto limitado o restringido. A diferencia del sistema electoral del régimen del 78, no se votaban listas cerradas de partidos, sino que el votante podía elegir en su circunscripción un número fijo menor de candidatos que el de escaños en juego. La fórmula electoral determinaba que los candidatos más votados eran proclamados diputados, siempre que obtuviesen al menos el 20% de los votos emitidos en su circunscripción y siempre que, al menos uno de ellos, hubiera obtenido el 40%. Si se cumplía este último requisito, pero no todos los escaños se elegían con más del 20% de los votos, los escaños no decididos se sometían a escrutinio en una segunda vuelta, que tenía lugar dos semanas después. A esta segunda vuelta solo concurrían los candidatos que hubieran sobrepasado el 8% de los votos.
El programa del Frente Popular incluía, en primer lugar, la amnistía para los delitos «políticos y sociales» (el excarcelamiento de todos los detenidos por la “Revolución de Octubre”), la continuidad de la legislación de reformas del primer bienio -que el bienio negro había paralizado o derribado- y la reanudación de los procesos de autonomía de las regiones, que llevaba aparejada la reforma del Tribunal de Garantías Constitucionales, entre otros puntos importantes para la gran mayoría de trabajadores y campesinos.

Tras la aplicación en mayo de los escaños finales (473 en total con una participación electoral del 76%) el parlamento se estableció así:
Frente Popular:
- PSOE 99 escaños
- IR 87
- UR 37
- ERC 21
- PCE 17
- ACR 5
- USC 4
- P Galeguista 3
- PRDF 2
- UdR 2
- PNRE 2
- PS 1
- PSI 1
- POUM 1
- PCP 1
- EV 1
- Republicanos Izquierdas 2
Total 286 escaños
Grupo PNV:
- PNV 8 + 1 socialcristiano vasco
Total 9 escaños
Partidos Republicanos de centro:
- PCNR, PRR, PRP, PRC y PRLD
Total 37 escaños
Derechas:
- CEDA 88
- BN-RE 12
- LC 12
- PAE 10
- CT 9
- PNE, mesócratas, PRM independientes y monárquicos 10
Total 141 escaños

Acabar con la victoria Popular
Cuando en enero de 1936 el presidente de la República disolvió las Cortes y convocó elecciones, varios generales acordaron entonces sublevarse en febrero si el Frente Popular ganaba las elecciones. Confiaban en que sus derechas lograrían imponerse en las elecciones a las izquierdas del Frente Popular.
Nada más conocerse la victoria en las elecciones del Frente Popular, lo que suponía que la «vía política» para impedir la vuelta de la izquierda al poder había fracasado tras la derrota de Gil Robles y de la CEDA en las elecciones, se produjo el primer intento de “golpe de fuerza” por parte de la derecha fascista para intentar frenar la entrega del poder a los vencedores. Fue el propio Gil Robles —que ya en diciembre había pulsado la opinión de los generales que él mismo había situado en los puestos clave de la cadena de mando (Fanjul, Goded, Franco) en torno a un «golpe de fuerza»— el primero que intentó sin éxito que el presidente del gobierno en funciones Manuel Portela Valladares declarase el «estado de guerra» y anulara los comicios. El líder de Renovación Española, José Calvo Sotelo, se manifestó en términos similares.
Incluso se tuvieron que repetir las elecciones en Cuenca y Granada el 3 de mayo de ese 1936, con 19 escaños en disputa, 13 en Granada y 6 en Cuenca. La derecha fascista clamaba, pero ya se había producido la amnistía, seguïan los repartos de tierra…
El resultado fue que el Frente Popular copó 17 de los 19 escaños en disputa (los 13 de Granada y 4 de los de Cuenca), mientras que las derechas solo obtuvieron 2 (por la circunscripción de Cuenca).

Los fascistas intentaron pues el golpe de Estado del 18 de julio, a sangre y fuego.
Los fascistas trataron de justificar retrospectivamente el golpe de Estado que acabó con la República. Uno de los elementos del Dictamen de la Comisión sobre ilegitimidad de poderes actuantes el 18 de julio de 1936, que se hizo público a principios de abril de 1939, es que había habido fraude en estas elecciones, ya que los resultados habrían sido falseados para favorecer al Frente Popular: falsificaciones de votos, violencias, nuevo gobierno formado antes de la segunda vuelta electoral y arbitraria revisión posterior de actas en perjuicio de las derechas. Los que aplicaban CAFE y tiro en la nuca, los que asesinaban a niños, mujeres y ancianos, los de las cunetas y fusilamientos en plazas de toros, se atrevían a mentir así:
“1º Que la inconstitucionalidad del Parlamento reunido en 1936 se deduce claramente de los hechos, plena y documentalmente probados, de que al realizarse el escrutinio general de las elecciones del 16 de febrero, se utilizó, en diversas provincias, el procedimiento delictivo de la falsificación de actas proclamándose diputados a quienes no habían sido elegidos; de que, con evidente arbitrariedad, se anularon elecciones de diputados en varias circunscripciones para verificarse de nuevo, en condiciones de violencia y coacción que las hacían inválidas; y de que se declaró la incapacidad de diputados que no estaban real y legalmente incursos en ella, apareciendo acreditado también que, como consecuencia del fraude electoral, los partidos de significación opuesta vieron ilegalmente mutilados sus grupos, alcanzando lo consignado repercusión transcendental y decisiva en las votaciones de la Cámara”.
Para cuando te hablan de la bondad del franquismo…