
Memoria histórica imprescindible:
Fosas y más fosas:
-Aspe y 52 exhumaciones de asesinados por el franquismo
Aspe exhumará la fosa del cementerio de Alicante que busca devolver los restos de 52 represaliados del franquismo a sus familias.
El Ayuntamiento de Aspe ha conseguido una subvención de 8.300 euros para redactar el proyecto de exhumación de los 52 represaliados del franquismo que permanecen en la fosa número 9 del cementerio de Alicante, una de las últimas grandes fosas comunes pendientes de intervención en la provincia.
Entre las víctimas se encuentran vecinos de quince municipios alicantinos, como Elda, Aspe, Novelda, Monforte del Cid o Monóvar, entre otros, además de represaliados de otras zonas de España como Madrid, Cáceres o Navarra. Entre ellos figura el burgalés Antonio Ortega Gutiérrez, militar y presidente del Real Madrid entre 1937 y 1938, durante la Guerra contra el fascismo.
La fosa número 9 contiene a víctimas ejecutadas entre mayo y agosto de 1939, tras la caída de la República, en el marco de la represión franquista. Si los trámites avanzan correctamente, las labores de exhumación podrían comenzar a finales de 2026, siempre que se obtenga una segunda subvención, valorada en 70.000 euros, para financiar los trabajos arqueológicos y de identificación genética. Una cifra considerable si se vuelve a tener en cuenta que el actual Consell ha dado este año solamente 200.000 euros como total de las ayudas para exhumaciones en toda la Comunidad, lo que da idea de la magnitud del proyecto y de la inversión necesaria para intervenir esta fosa.

Carlos Rodríguez Medina, de 38 años, militar natural de Madrid, falleció el 17 de mayo de 1939. Eduardo Rubio Funes, de 48 años, militar nacido en Alicante, murió ese mismo día. Tomás Andreu García, agricultor de 26 años y natural de San Fulgencio, fue ejecutado el 22 de mayo de 1939, al igual que José Ballester Navarro, jornalero de 24 años de Daya Nueva; José Fenoll Bailén, panadero de 24 años de Alicante; José Martí Alberola, obrero de 56 años de Novelda; y Juan Montalvo Gordillo, dependiente de 28 años natural de Cáceres.
Luis Carranque Álvarez, de 34 años y vecino de Benidorm, falleció el 27 de mayo de 1939 sin oficio conocido. Ese mismo día murieron José María Jover Escolano, comerciante de 30 años de Novelda, y Cayetano Sánchez Alarcón, hilador de 24 años natural de Crevillent.
El 31 de mayo de 1939 fueron fusilados Francisco Alonso Vera, zapatero de 33 años de Novelda; Ernesto Conte Vaño, militar de 24 años de Alicante; Antonio Guillo Sierra, tejedor de 35 años de Elche; Constantino Navarro García, jornalero de 61 años de Novelda; Tomás Navarro Soriano, zapatero de 47 años también de Novelda; Antonio Rocha Calderón, agricultor de 50 años de Elda; Luis Santos Olcina, zapatero de 43 años de la misma localidad; Carlos Torres Soler, obrero de 43 años de Elche; y Antonio Vieco Albert, zapatero de 43 años de Elda.
Matías Ferrer Iborra, jornalero de 30 años de l’Alfàs del Pi, falleció el 10 de junio de 1939. El 15 de junio fueron ejecutados Santiago Bernabeu Aguado, zapatero de 36 años de Elda; Eleuterio Durá Romero, contable y obrero de 54 años de Pinoso; José Llorens Carbonell, jornalero de 31 años de Relleu; Jaime Ortín Cerdán, zapatero de 34 años de Elda; José Pujalte Benavente, empleado de 46 años de Aspe; y Ginés Rodríguez López, barbero de 24 años de Alicante.
El 11 de julio de 1939 murieron Manuel Bellod Orgilés, exalcalde republicano de Elda de 36 años; Antonio Beltrán Jiménez, zapatero de 59 años y también de Elda; Juan Beltrán Richarte, tallador de 33 años de la misma localidad; Antonio Candela Llorens, cantero de 34 años de Novelda; José Castelló Crespo, chófer de 41 años de Novelda; Matías Cayuelas Rizo, chófer de 47 años de Elche; Luis Coves Moya, chófer y mecánico de 44 años de Altea; Jaime Martínez Durá, cantero de 24 años de Altea; Antonio Martínez Pérez, alpargatero de 39 años de Novelda; Vicente Pérez Llorens, jornalero de 33 años de Relleu; y Vicente Ripoll Devesa, jornalero de 31 años de Altea.
José García Gil, natural de Mendigorría, falleció asesinado el 13 de julio de 1939 sin que consten su edad ni oficio. El 15 de julio fueron ejecutados Daniel Amorós Amorós, jornalero de 28 años de Algueña; Fidel Bernabeu Cortés, agricultor de 54 años de Tibi; Antonio Marhuenda Pastor, labrador de 26 años de Monóvar; Antonio Ortega Gutiérrez, militar de 51 años de Burgos; Nicolás Sepulcre Pastor, agricultor de 41 años de Monóvar; y Germán Verdú Pastor, agricultor de 34 años de Tibi.
El 16 de julio de 1939 murieron asesinados José Castelló Sandoval, Francisco Pérez Giménez y Eliseo Romero Pérez, todos naturales de Mendigorría, sin datos sobre su edad ni ocupación. El 17 de julio fueron fusilados José Abad García, agricultor de 51 años de Novelda; Ángel Bailén Ibáñez, recaudador de 43 años de Almería; y Juan Pérez Alfonso, jornalero de 34 años de Monóvar.
Ramón Aracil Verdú, jornalero de 31 años de Monforte del Cid, fue ejecutado el 3 de agosto de 1939. Finalmente, José Cantó Escolano, obrero de 35 años de Novelda, falleció el 8 de agosto de 1939.

-Castrillón y 16 exhumaciones de asesinados por el franquismo
Arrancan los trabajos de exhumación en la fosa de La Lloba, en Castrillón, Asturias, donde se cree que puedan estar los restos de unas 16 víctimas asesinadas por el franquismo.
«Estoy muy emocionada y sobre todo feliz, porque yo pensé que me iba a morir sin ver cómo se abría esta fosa». Lo dice Laura González, ex presidenta de la Junta General del Principado de Asturias, quien cree que su abuelo podría encontrarse en la fosa común de La Lloba. Sin embargo, el sentimiento es compartido entre muchos de los familiares, que se acercaron hasta la finca para ser testigos del inicio de los trabajos de exhumación.
Sobre un terreno complejo que durante estos días ha sido acondicionado, se encuentra la fortificación militar del ejército republicano del año 1937. En un comienzo la fortificación se había construido para impedir la entrada de las tropas fascistas sublevadas por la zona, sin embargo, no entró nunca en servicio, convirtiéndose meses después en lugar de represión donde decenas de personas fueron asesinadas.
«Parece que en los meses siguientes en la caída al Frente Norte la Quinta Pedregal, en Avilés, se convierte en un centro de detención y represión y desde allí, sin juicios ni nada, hay ejecuciones irregulares en toda la comarca». Precisamente una de esas fosas es la de La Lloba, aunque en la comarca se extienden otras más. «De algunas tenemos nombres de posibles víctimas y tenemos que seguir investigando para cruzar los datos, porque los mismos familiares no tienen certeza ni seguridad. Era todo irregular, clandestino, y no hay actas que digan que una persona represaliada está aquí. Son suposiciones o testimonios indirectos. Por ejemplo un conductor de un camión que se lo requisaron para traer aquí gente a fusilar».
Por todos estos testimonios, muchos recogidos desde hace años por Georgina González, hay indicios de que en la fosa de La Lloba pueda haber 14 víctimas probables y otras 14 «un poco dudosas». Desde el grupo Arqueos insisten en que «nunca podemos hablar de certezas» y que «puede que no encontremos las personas que buscamos», aunque para las familias el hecho de haber comenzado con unos trabajos por los que llevan años esperando supone ya un hilo de esperanza.
Georgina González lleva desde hace años luchando porque se abra la fosa. Lo primero fue buscar a las familias y poco a poco fue reuniendo testimonios que llegan hasta 16 familias no solo de Avilés sino de Alicante, Francia y Canarias. Muchas familias llevan desde 2003, cuando la Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica denunció la obra de la A-8 que iba a pasar por la fosa y consiguió que se desviase, esperando por este momento. «La gente quiere hacerlo y tiene muchas ganas, lo único que tienes que decirles es cómo», destaca y llama a las familias que tengan desaparecidos a dar una muestra de ADN para encontrarlos.
Amparo Iglesias, vecina de Avilés, espera también encontrar a su abuelo que «fue asesinado, no muerto en la guerra, asesinado en la casa Pedregal. Ahí le perdimos la pista». «Lo mataron por ser socialista. Salía de casa y había un señor de Avilés que decía: a ese hay que matarlo que es rojo. Y quedó mi abuela con cuatro hijos y otro en la barriga y se lo quitaron todo», recuerda. Pese a que no sabe si se encontrarán los restos de su abuelo en La Lloba, Amparo tiene la esperanza y la «ilusión» de, al menos, intentar encontrarlo.
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