
Memoria histórica imprescindible:
-La guerrilla extremeña: de Lázaro a exTreBeO
El primer relato sobre la guerrilla antifranquista extremeña del que tenemos constancia es el que apareció en el semanario Estampa, de Madrid, en entregas durante los meses de mayo y junio de 1937, a razón de un capítulo semanal. A guisa de reportaje, incluía varios episodios bajo el título general de “Los guerrilleros rojos de Extremadura”, firmados con el seudónimo de Lázaro. Este nombre correspondía al periodista Amando Lázaro Ros (1886-1962), quien trabajó durante los años treinta como traductor para diversas editoriales de izquierdas -hablaba francés, inglés e italiano, aparte de su español natal- y como periodista para el diario Claridad, el periódico del sector del Partido Socialista Obrero Español liderado por Largo Caballero. Allí escribió, pocos meses antes del inicio de la guerra, algunos artículos sobre las colectividades campesinas y las ocupaciones de tierra. Estos artículos y su trayectoria posterior sirvieron para señalarle acabada la guerra, salvándole del paredón la intercesión de una hermana monja, lo cual no le libró de pasar al menos cinco años en las cárceles franquistas. Después trabajó como traductor de numerosas obras de la editorial Aguilar.
Sus reportajes sobre la guerrilla relataban, de forma novelada, los hechos protagonizados por los hombres y mujeres de Extremadura que huyeron de la represión fascista que avanzaba desde el sur junto al ejército sublevado. Como señalaba Justo Vila en su libro pionero sobre la Guerra Civil en Extremadura (Editorial Universitas, 1983), estos hombres y mujeres integraron dos núcleos iniciales de guerrilla y resistencia que durante los siete primeros meses de guerra se concentraron en la Sierra de Monsalud, con huidos de Jerez de los Caballeros, Burguillos del Cerro, Fregenal de la Sierra, el Valle, Almendral, Torre de Miguel Sesmero, Almendralejo, Villafranca de los Barros, Barcarrota, y en la Sierra de Alpotreque, con huidos de Alburquerque, Badajoz, Villar del Rey, La Roca de la Sierra, Talavera la Real, San Vicente de Alcántara y otros lugares…
–https://serhistorico.net/2025/10/03/la-guerrilla-extremena-de-lazaro-a-extrebeo/

-El atentado a la librería de Ruedo Ibérico en 1975
En la madrugada del 14 de octubre de 1975 una bomba destroza el local de la librería y editorial Ruedo Ibérico en la Rue de Latrán, en París.
El ataque es reivindicado por el grupo paramilitar A.T.E, Antiterrorismo ETA, una de las muchas siglas en las que se amparaba el terrorismo parapolicial que caracterizó el final del franquismo y los primeros gobiernos de la monarquía.
Ruedo Ibérico, fundado bajo ideales libertarios y revolucionarios en 1961, pretendía enfrentarse en el plano cultural a la única realidad permitida y construida de forma oficial por el franquismo.
Para ello publicaría y editaría cientos de títulos vetados por la censura o radicalmente opuestos en sus planteamientos o análisis a los publicitados por el Régimen, introduciéndolos de forma clandestina en la península.
Sus locales se convirtieron en un punto importante de reunión de escritores, pensadores y activistas en el exilio.
Aquél atentado formaba parte de la campaña terrorista iniciada desde España contra personas y locales en el exilio francés, así como la oleada de atentados perpetrados contra librerías, publicaciones, salas de arte, teatros o cines tanto en el interior como en territorio francés llevados a cabo desde la extrema derecha y ciertos sectores policiales en la década de los 70 y principios de los 80.
Ruedo ibérico continuó su actividad tras el atentado con más fuerza y apoyo que nunca.
Tan sólo la decepción por parte de sus fundadores hacia el trato y olvido dado desde el nuevo modelo político a los que verdaderamente habían luchado contra el franquismo provocó finalmente su cierre en 1982, olvidado también por muchos autores de hoy afamado renombre a quienes los editores de Ruedo Ibérico publicaron su primera edición cuando era prácticamente imposible hacerlo.
Asociación Mesa de Memoria Histórica de Latina

-25 años de exhumaciones en España
«Hay pueblos en los que todavía quedan más muertos fuera del cementerio que dentro»
El 21 de septiembre del año 2000 se realizó en Priaranza del Bierzo, en León, la primera exhumación científica de la historia de España. Un cuarto de siglo después, las cifras siguen siendo poco optimistas: más de 100.000 desaparecidos en cerca de 6.000 fosas distribuidas por todo el país.
Todo empezó en la provincia de León. En el kilómetro 8 de la carretera comarcal Ponferrada-Ourense. Bajo un viejo nogal que anuncia la entrada a Priaranza del Bierzo. Allí, fueron arrojados a una fosa los cuerpos de trece hombres. Trece hombres fusilados por su adscripción al régimen republicano. Por su defensa de los valores democráticos. Ocurrió la noche del 16 de agosto de 1936, a un mes escaso de que el golpe de Estado militar encabezado por el general Francisco Franco recorriera España de norte a sur. Trece hombres que permanecieron allí sepultados 40 años de dictadura. Y lo que es peor: 25 de democracia. Sin que se investigara su paradero. Sin que sus familias pudieran darles una sepultura digna. O tener la seguridad siquiera de qué les había ocurrido. Viviendo con miedo. Bajo la amenaza constante del olvido.
Uno de estos hombres se llamaba Emilio Silva Faba. Militante de Izquierda Republicana, el partido de Manuel Azaña, y propietario de un pequeño almacén: La Preferida. El 15 de agosto, Emilio fue arrestado por las fuerzas sublevadas y conducido a los calabozos. No sobreviviría a esa noche. Tampoco volvería a ver a su familia. Ni a su mujer, Modesta, ni a ninguno de sus seis hijos. Desde entonces, su nombre y su historia parecían perdidos. Silenciados bajo el peso de la amnesia institucional que sancionó en toda España la Ley de Amnistía de 1977. El instrumento de la «reconciliación nacional» y de la «superación del pasado», se repetía incansablemente durante los años de la Transición. El instrumento de la impunidad, matizan sin miramientos las asociaciones memorialistas.
Se cumplen 25 años de una fecha que lo cambiaría todo. El 21 de octubre del año 2000, un nieto y un hijo de Emilio sacaban a la luz, por fin, los primeros restos de esa memoria enterrada. Inaugurando el camino de la reparación para las decenas de miles de desaparecidos de la dictadura. Y para sus familias. Hijos, sobrinos y nietos. Ese día empezaban los trabajos de exhumación de la fosa de los Trece de Priaranza. Unas labores de excavación e identificación en las que se implicaron familiares, arqueólogos, forenses y miembros del ayuntamiento berciano. Convirtiéndose en la primera exhumación científica de republicanos asesinados por la dictadura. Porque no solo se recuperaron los trece cuerpos. Nueve de ellos llegaron a identificarse por medio de pruebas de ADN. Y pudieron, casi 70 años después de su asesinato, descansar en paz. Al abrigo de sus familias.
«No fue la primera como tal. Se realizaron algunas exhumaciones clandestinas ya durante la Guerra Civil y, sobre todo, después de la Transición, a partir de los años 80», explica Iván Aparicio, presidente de Recuerdo y Dignidad de Soria. Pero no con los mismos medios técnicos. Con una simple azada, un pico y una pala. «Por eso, la repercusión de lo que se hizo en Priaranza fue inmensa. Muchas familias constataron, por primera vez, la posibilidad de identificar esos cuerpos. De rescatar la memoria de todos esos familiares desaparecidos durante décadas».
Ávila, Burgos, Granada, Cádiz o Albacete. La exhumación de los Trece de Priaranza comenzó a reproducirse en diferentes puntos de España. «Supuso un poco el punto de partida del movimiento memorialista moderno», señala Aparicio. Así como el nacimiento de la conocida Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), presidida por el nieto y tocayo de ese primer identificado, Emilio Silva. Una asociación en torno a la que se aglutinan, hasta el día de hoy, las familias de muchos de los todavía más de 100.000 desaparecidos a manos de la dictadura.
«En nuestras cunetas, debajo de nuestros huertos y en sitios de toda España, siguen los cuerpos de miles de personas que un día fueron arrancadas salvajemente de sus casas y de sus familias»…