
Memoria histórica imprescindible:
-Fermín Salvochea. 1842-1907.
Nacido de buena familia, el revolucionario gaditano llegó a alcalde y acabó en la pobreza tras media vida en la cárcel.
Si en 1842 nace entre algodones en una familia acomodada, con un padre mercader y una madre sobrina de un importante político, las circunstancias de su muerte son muy distintas. Según narra su compañero Pedro Vallina, “Salvochea ha donado su cama a los pobres y se acuesta en una mesa. Al levantarse un día de otoño de 1907, la mesa se derrumba, causándole una grave lesión vertebral que le conducirá pronto a la muerte”. Tanto su nacimiento como su fallecimiento se producen en Cádiz, ciudad que será testigo principal de su vida.
Su vida política, no obstante, no empieza en “la tacita de plata”, sino en Londres y Liverpool. Salvochea pasa allí varios años estudiando. Lo que descubre le vuela la cabeza. Se trata de Thomas Paine, difusor de los principios de la Revolución Francesa, de Robert Owen, uno de los iniciadores del comunismo, y de Charles Bradlaugh, que le hace ateo. “Mi patria es el mundo, todos los hombres son mis hermanos y mi religión consiste en hacer el bien”. Son palabras de Paine que, dirá el propio Salvochea, “se han grabado en mi mente para siempre”. Vuelve con 21 años a Cádiz y, armado con valores como el republicanismo, el igualitarismo y el internacionalismo, decide que no quiere ser un burgués más, sino hacer algo más importante: cambiar el mundo. Su primer intento serio de conseguirlo se produce con ‘La Gloriosa’, la Revolución de 1868. El joven con gafas, barba y voz baja dirige a las milicias de voluntarios de la ciudad andaluza, lo que le supone sus primeros meses de cárcel y que aumente su fama entre las filas republicanas, en cuyo sector federal y más obrerista milita. Pronto llegará su primer exilio, que le lleva desde Gibraltar a Tánger dando un rodeo por París y Ginebra.
Regresa a Cádiz en 1870. Aunque se mantiene dentro del Partido Federal, ya forma parte también de la Internacional obrera. En 1873 llega la República y las primeras elecciones municipales le convierten en alcalde de Cádiz, puesto desde el que toma medidas fundamentalmente secularizantes. No dura demasiado en el cargo, ya que en julio se proclama (y a continuación es derrotado) el Cantón. El alcalde Salvochea pasa a ser el preso Salvochea, condenado a 20 años de cárcel y enviado a las colonias africanas. En enero de 1882 rechaza la oferta de indulto por razones morales, lo que no significa que tenga intención de seguir encerrado. En mayo logra fugarse del Peñón de Vélez de la Gomera. Tras múltiples peripecias, en diciembre de 1885 consigue establecerse de nuevo en Cádiz. Sus ideas se han ido aclarando y se muestran en el periódico que funda, El socialismo. Rechaza la nueva oferta de los federales para encabezar una candidatura electoral porque “no se puede esperar nada de la política” y el camino es “la transformación de la propiedad privada en colectiva para impedir así la explotación de clase y la lucha de todos contra todos”.
Salvochea se convierte en el referente indiscutible de las sociedades obreras locales y precisamente por eso vuelve a situarse en el ojo del huracán, con diversos procesos judiciales contra su persona a principios de la década de los años 90 que, en un ambiente muy difícil para el movimiento obrero, le llevan otros nueve años a la cárcel. Allí sigue plantando cara a la autoridad. Por ejemplo, el director del penal de Valladolid le exige que asista a misa: “Usted irá a la iglesia o de lo contrario se le encerrará en una celda subterránea”. “Prefiero la celda”, responde el gaditano. Tras su liberación y una estancia en Madrid, a principios del siglo XX vuelve a una humilde casa, con vistas al océano Atlántico, en su querida ciudad y, debilitado por tanto sufrimiento, sigue colaborando con obreros y librepensadores. De rico y alcalde a preso y pobre, Fermín Salvochea completa lo que para él sin duda fue un ascenso social pues, como dejó escrito: “Mirad con el microscopio de la sociología las joyas con que se engalanan las burguesas, y veréis que en sus piedras preciosas se encuentran los glóbulos rojos que faltan en la sangre de los proletarios”.
–https://www.elsaltodiario.com/contigo-empezo-todo/ascenso-social-fermin-salvochea

Fosas y más fosas:
-Hallan los restos de 71 personas en dos fosas comunes de un parque de Cañada Rosal en Sevilla.
En la segunda fosa se ha identificado a un grupo de mujeres que son compatibles con nueve vecinas desaparecidas de Fuentes de Andalucía y que son conocidas como ‘Las niñas del Aguaucho’.
El Ayuntamiento de Cañada Rosal (Sevilla) ha localizado los restos de 71 personas en las dos fosas comunes que se encontraron en el antiguo cementerio de la localidad, en el marco de los trabajos destinados a localizar e identificar a las víctimas de la represión franquista en el municipio.
«Por el número y por la documentación que tenemos es prácticamente imposible que todas las víctimas halladas fueran de Cañada Rosal. Tanto por testimonios como por otras fuentes sabemos que hasta aquí llegaron víctimas de La Luisiana o de Fuentes de Andalucía. Entre ellas sería relevante que se pudieran encontrar las nueve mujeres conocidas como Las niñas del Aguaucho».
Hasta ahora, en las dos fosas encontradas se han localizado los restos de 71 personas. Concretamente, en la primera fosa se han conseguido muestras óseas para análisis genético de los restos de 14 víctimas (13 hombres y una mujer), mientras que en la segunda aparecieron 57. Además, existe la posibilidad de que en la segunda fosa todavía haya cuerpos no localizados en capas de tierra aún sin excavar.
En la segunda fosa se ha identificado a un grupo de mujeres que son compatibles con nueve vecinas desaparecidas de Fuentes de Andalucía y que son conocidas como Las niñas del Aguaucho. Las jóvenes de 16 a 22 años desaparecieron en agosto de 1936 y se creía que sus cuerpos habían sido arrojados a un pozo en mitad de un campo.

-ADN para 4 asesinados en 1937 en San Roque.
Los trabajos de exhumación en el cementerio de la Estación de San Roque (Cádiz) permitió en febrero de este año la localización de los restos de cuatro víctimas de la represión franquista, fusiladas el 3 de febrero de 1937. Se trata de Diego Pitalúa Infantes, farmacéutico de Jimena de la Frontera de 57 años; sus hijos José y Francisco, de 26 y 24 años respectivamente; y la empleada del hogar de la familia, Inés Parra Rondán, de 43 años, madre de tres hijos menores.
Las víctimas fueron secuestradas en sus domicilios de Estepona y Jimena por los sublevados franquistas y trasladadas hasta el cementerio sanroqueño, donde fueron ejecutadas sin proceso judicial. No consta que militaran en ninguna formación política, aunque se cree que simpatizaban con Izquierda Republicana, el partido de Manuel Azaña. La brutalidad de la represión en la zona dejó centenares de desaparecidos y sembró el terror entre la población civil.
Estos asesinatos fueron cometidos solo por el hecho de defender la legalidad republicana. «Nunca imaginaron que podrían ser asesinados, y por eso no huyeron en La Desbandá».
Los descendientes de los Pitalúa, están asentados en Jimena, Estepona y Jerez. Desde fin de septiembre, las pruebas genéticas permitirán confirmar la identidad de las víctimas.