Madrid, asamblea antirrepresiva, 11-S / Protesta masiva contra Israel durante La Vuelta en Bilbao / Concentraciones todos los lunes por los presos políticos saharauis.

Cartel asamblea 11-S.
Manifestantes propalestina se enfrentan a los antidisturbios que les separan de los ciclistas
Manifestantes propalestina se enfrentan a los antidisturbios que les separan de los ciclistas

Concentración frente al Ministerio de Asuntos Exteriores por los presos políticos saharauis
Concentración frente al Ministerio de Asuntos Exteriores por los presos políticos saharauis

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  1. Vuelta y genocidio Contestar

    I𝗻𝗰𝗶𝘃𝗶𝘀𝗺𝗼
    Hay mapas que no se dibujan con líneas, sino con silencios. Con declaraciones institucionales que pretenden ser bonitas con ecuánimes “palabras”, pero que en realidad son maquillaje. Con palabras que condenan la barbarie, sí, pero que al mismo tiempo reprenden a quienes se atreven a interrumpir el espectáculo para gritar que hay niños muriendo bajo los escombros. Esta es la cartografía del incivismo que hoy nos toca recorrer. Y sus líderes tienen nombre y apellidos: Aburto, Etxanobe, Pradales.
    El alcalde de Bilbao, Juan Mari Aburto, ha acusado a los manifestantes de “intolerables”, “incívicos” y “héroes de cargarse la buena imagen de Bilbao”. La diputada general, Elixabete Etxanobe, lamenta que las protestas “echen por tierra” el trabajo institucional para atraer eventos. El lehendakari, Imanol Pradales, habla de “espectáculo nada edificante” y de “formas poco pacíficas”. Todos coinciden en algo: la protesta les molesta más que el genocidio.
    Y uno se pregunta: ¿qué es más incívico? ¿Interrumpir una carrera ciclista para denunciar la masacre de miles de personas, o seguir pedaleando como si nada ocurriera? ¿Alzar la voz en favor de Palestina, o callar para que la foto institucional no se estropee? ¿Desobedecer para salvar la dignidad, o obedecer para preservar la imagen?
    Porque si de imágenes hablamos, la que se vio en Bilbao no fue la de unos alborotadores. Fue la de un pueblo que aún conserva el temblor en la conciencia. Que no se conforma con una declaración institucional “muy dura” mientras los niños mueren de hambre y los hospitales son bombardeados. Fue la imagen de quienes no quieren ser cómplices, ni espectadores, ni sepulcros blanqueados.
    Sí, sepulcros blanqueados. Esa metáfora bíblica que Jesús usó en el Evangelio de Mateo para describir a los fariseos: limpios por fuera, pero podridos por dentro. Tumbas cubiertas de cal para evitar la impureza del contacto, pero incapaces de ocultar la corrupción que las habita. Así son hoy muchos dirigentes: relucientes en sus discursos, pero vacíos de acción. Condenan la barbarie, pero reprenden a quienes la denuncian. Se solidarizan con Palestina, pero criminalizan la protesta.
    Y mientras tanto, Gaza sangra. Cada día, cada hora, cada segundo. Y ellos, los que deberían proteger la vida, se preocupan por la reputación de Euskadi, por la buena imagen de Bilbao, por el turismo deportivo. Como si la dignidad fuera un obstáculo. Como si la conciencia fuera una molestia.
    Pero la sociedad no es tonta. La sociedad ve. Y la sociedad se mueve. Porque cuando las instituciones se convierten en sepulcros blanqueados, es el pueblo quien tiene que levantar la voz. Quien tiene que interrumpir la carrera. Quien tiene que decir: BASTA.
    Así que sí, esta es la cartografía del incivismo. Pero no la que ellos dibujan. Es la que revela su hipocresía. Su pasividad. Su miedo a la verdad. Y si eso les incomoda, que se miren en el espejo. Porque la pelota, esta vez, les toca a ellos.

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