
Memoria histórica imprescindible:
-«No es una guerra la que se está librando, es una ‘cruzada’».
(Marcelino Olaechea, obispo de Pamplona).
El 23 de Agosto de 1936, mientras se celebraba una multitudinaria manifestación nacional-católica en honor a la ‘Virgen de Rosario’ por el centro de la ciudad de Pamplona, 53 presos fueron llamados por su nombre y apellidos, uno a uno, en el patio de la cárcel de Iruñea. Les dijeron que eran libres y que podían salir de la prisión.
En fila, atravesaron la puerta de la cárcel pensando que ya eran libres, pero allí les esperaba un nutrido grupo de requetés y falangistas que los fueron subiendo, uno a uno, a camiones.
Fueron conducidos a un paraje de Cadreita conocido como Valcaldera donde les esperaban unos cuantos curas y dos canónigos para confesarlos “en paz de dios”; luego los requetés y falangistas los fueron fusilando en grupos de ‘a seis’. Entre el barullo, uno de los presos consiguió huir. Se llamaba Honorino Arteta Echarte y gracias al él conocemos la historia.
Este fue el primer gran fusilamiento masivo en Nafarroa, tras el golpe de estado contra el legítimo Gobierno de la República.
Todavía se desconoce el paradero de los cuerpos de los 52 asesinados.
Ni olvido ni perdón
AFFN-NFSE

-Los Niños de la Noche: Historia y Leyenda en tiempos de guerra en Granada.
Los Niños de la Noche es el nombre que se dio a los combatientes que operaban en el frente de Granada durante la Guerra Civil. Se hicieron famosos, sin aparecer públicamente en ningún sitio, por salvar la vida de muchos granadinos, amenazados de muerte en la Granada ocupada por los militares y fascistas sublevados. Estos grupos hacían también operaciones de sabotaje e infiltración, pero los salvamentos y rescates de personas que querían evadirse produjeron unos impactos emocionales en numerosas familias y vecinos de Granada, que con el tiempo se fue transformado en una viva leyenda, a falta de investigaciones históricas sobre ellos, tarea difícil por la escasez de fuentes primarias, más allá de la oralidad y memoria. Ante tanto desconocimiento y confusión, se ha dado en la historiografía una reproducción de datos poco exactos, a menudo distanciados de la propia memoria de los vecinos (a menudo más cercanos a la realidad), pese sus limitaciones para expresar sus conocimientos y ordenarlos.
Los Niños de la Noche no aparecen en ningún documento oficial conocido. Fue un grupo que surgió dentro de la resistencia del Albaicín, se desarrolló espontáneamente, y aunque no oficialmente, sabemos que fue acogido por la Columna Maroto, predominantemente anarquista. Casi la totalidad de los testigos coinciden en que la resistencia del Albaicín fue llevada a cabo por los libertarios, que eran la fuerza predominante en Granada, pero aún más en los barrios marginales.
Esa resistencia no solo fue un intento o una oportunidad, sino que empezó esperando la llegada de refuerzos, pero sobre todo logró salvar miles de vidas en los días en que estuvo activa, y dará pie, con estas experiencias de salvoconductos, a los Niños de la Noche, que a su vez, además de combatir en la guerra, salvarán incontables vidas…
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–https://serhistorico.net/2025/08/22/los-ninos-de-la-noche-historia-y-leyenda-en-tiempos-de-guerra/

-Relato: brutalidad y muerte en las cárceles franquistas.
“Me llamo Manuela Moreno, soy natural de Maella, provincia de Zaragoza. Me detuvieron en el 38, estaba casada, tenía 3 niños y uno se me murió. Me juzgaron porque era de izquierdas, había votado a la República y era de la UGT, me pusieron 20 años. Me llevaron a Zaragoza, a la cárcel de Predicadores. Íbamos de todos los pueblos. Estuve 3 años en Zaragoza, el recibimiento que me hicieron los funcionarios fue decirme: «Mira, ya vienen los pendones de la República, la escoria de España, las putas de Negrín», todo lo que les dio la gana.
En la cárcel de Zaragoza se pasó muy mal. En la de Torrero había 45 niños, los pobrecitos con un hambre y una miseria como nadie puede imaginarse. Nos daban una bañera de agua por semana. De esa agua teníamos que beber, lavarnos, lavar a los niños, lavar la ropa, etcétera. Fijaos cómo estaríamos de curiosas y el olor que echábamos, pues el agua de la bañera tenía que servir para 45 madres con sus 45 hijos y para otras personas, unas 70 o más que estábamos con ellos.
Allí en Torrero estuvimos 10 meses sin damos el sol ni el aire, completamente encerradas, parecía una mazmorra de la Inquisición. En abril nos llevaron a la cárcel de Predicadores. Los alimentos de los niños eran muy escasos y a las madres nada. En 6 o 7 días a los chicos les dio una bronconeumonía. Empezaron a morirse y quedaron 3. Cuarenta y dos niños se murieron en una semana.
El médico bajaba con las polainas llenas de la sangre de nuestros compañeros que sacaban a fusilar y él les daba el tiro de gracia. En la cárcel de Torrero había muchos hombres, la cárcel era mixta y siempre procurábamos saber algo de los paisanos del pueblo. Entre ellos yo tenía un cuñado que se llamaba Procopio Celma y estaba penado a muerte. Yo le decía: «No te preocupes, que no pasará nada». Decían que a los que no se habían manchado las manos de sangre no les pasaría nada, pero a él, que era una buena persona, que no había hecho nada a nadie, lo mataron.
Todos los días había saca y a todos los mayores nos tocaba algo: el marido, el hermano, el hijo, parientes de más cerca o de más lejos; allí todo era sufrimiento, angustia, hambre, miseria. Eso fue toda la guerra. Pasé al lado de una funcionaria que la llamábamos la Veneno con el plato en la mano, entre mil mujeres como sardinas en lata no sabías con quién te encontrabas, y me dijo: «¿Adónde va usted?». «Pues a comer». Me cascó 2 bofetadas que se me cayeron el plato y la cuchara al suelo. Todas las compañeras temblaban porque yo levanté la mano; pero quién la deja caer, con la pistola y el correaje que llevaba aquella tía. Siempre decía que ella con un pistolazo pagaba.
Me trasladaron a la cárcel de Barbastro, allí nos hacían cantar 3 veces el caralsol. Con el hambre que pasábamos el brazo no lo podíamos tener derecho, teníamos que apoyarlo en el otro: por la mañana, al mediodía, por la tarde y por la noche otra vez a cantar. Con esos me pasé 3 años. Cuando dieron el decreto de que salieran las de 12 años, me tocó a mí. En casa me encontré con la pérdida de uno de mis hijos y a mi marido trabajando mucho. Pero era tan buena persona que nunca me reprochó nada. Tuvimos otro hijo, mi Joselito que era muy pequeño cuando me detuvieron la 2ª vez.
Las guerrillas ya estaban formadas en Aragón y empecé a trabajar con ellas como enlace. Mi casa acabó siendo punto de apoyo de las guerrillas. Venían a descansar y a buscar las cosas que necesitaban. Ya no estaba yo sola liada con la lucha de los guerrilleros sino que mi marido también lo estaba. Nos daban propaganda para echar por la calle y nosotros lo hacíamos. Incluso el 14 de abril de 1947 pusimos la bandera Republicana en el viejo castillo del pueblo.
Me llevaron de Barcelona a Maella. Me torturaron mucho; cada 10 minutos me subían a pegar, me bajaban a descansar y después para arriba otra vez. Me preguntaron qué cosas había hecho y yo decía que no, que no había hecho nada. Me pusieron pena de muerte y me conmutaron a 30 años. A los 8 días me llevaron a Madrid. Caí enferma. Pasé 5 años en el Hospital Penitenciario sin asistencia, estuve un año paralítica. Me llevaron a Ventas, a la cárcel. Pero aún estuve 2 años más en la enfermería. Mi cara quedó desfigurada con una operación de tiroides.
De Alcalá de Henares salí en libertad en el año 1962”.