
África esclavizada, colonizada, esquilmada y resistente.
Agenda
Guinea Bissau y Cabo Verde
-I de II-
La Independencia que dirigió Amílcar Cabral

Entre los estudiantes que se oponían a la asimilación y a la cultura lusitana y proponían la cultura africana, surgieron los líderes de los movimientos de liberación, como Agostinho Neto o Amílcar Cabral. Fue aquella una generación que quería construir una identidad nacional africana denunciando la hipocresía del colonialismo luso, una farsa que solo había servido para ocultar la más brutal opresión y discriminación.
En 1953 nacieron los primeros grupos organizados que reclamaban derechos cívicos, sociales, económicos y culturales para una población nativa que, sistemáticamente, era reprimida por las fuerzas coloniales. Esta incipiente lucha anticolonial dio lugar, en 1956, a la fundación del Partido Africano para la Independencia de Guinea Bissau y las islas de Cabo Verde (PAIGC), por iniciativa de Amílcar Cabral, que fue nombrado secretario general.
Para entonces, tanto la población de Guinea como del archipiélago de Cabo Verde sufría hambre por la exportación forzosa del arroz que producían (entre 1958-1959, unas 10.000 personas murieron por falta de alimentos). La masacre de 50 obreros portuarios y unos 100 heridos, en 1959, que estaban en huelga en la capital, fue la gota que colmó el vaso para que el naciente movimiento anticolonialista comprendiera que no era posible continuar las luchas con los métodos políticos y pacíficos en las ciudades. Por lo que, después de esta masacre, los núcleos urbanos del PAIGC pasaron a la clandestinidad y se centraron en desarrollar un trabajo político entre la población rural, impulsando la lucha armada por la liberación nacional, formando los primeros núcleos guerrilleros.
De nada valió a los colonialistas proseguir con una represión indiscriminada junto a las mañas de los caciques tribales, que recurrían a los usos y costumbres más atávicas y arcaicas contra los revolucionarios. Nada frenó su crecimiento, produciendo un mayor rechazo y odio entre la población rural contra el régimen, de tal manera que, en 1963, se produjo el comienzo de la ofensiva guerrillera.
Para 1972, dos terceras partes del territorio ya estaban bajo el control del PAIGC, por lo que se pudo convocar elecciones para una Asamblea General, convirtiendo a estas zonas liberadas, de facto, en un poder paralelo al régimen colonial, al declarar en estas la independencia.
En estas zonas liberadas se pusieron en práctica las más variadas formas de participación social y de trabajo colectivo para la creación de las infraestructuras básicas que se necesitaban. La población rural adquirió conciencia y formación política, lo que daba contenido práctico a lo que sería la liberación nacional por la que luchaban y se estaban sacrificando. Se construyeron escuelas, hospitales, carreteras y se repartió democráticamente la tierra y se formaron profesionales con el apoyo de los países del bloque socialista.

Tras estos logros políticos, militares, sociales y culturales estaba el saber hacer de Amílcar Cabral. Un ingeniero agrónomo que hasta 1961, carecía de una ideología definida, hasta que comenzó a leer textos marxistas. Leyendo a Marx y a Lenin, toda su actividad política y revolucionaria estuvo inspirada en una teoría y práctica que entendió válidas para su país.
Tan válidas como que él fue uno de los más esclarecidos africanos en comprender y proponer que, más allá del logro de la independencia, además se necesitaba una revolución social que garantizara una real independencia política y económica al servicio del pueblo y que librara al país de la nueva dependencia que traía el neocolonialismo.
Desatada ya la “guerra fría” aquellos países en lucha por la independencia de inspiración socialista, fueron combatidos de múltiples formas por los imperialistas de todos los pelajes para evitar la “expansión del comunismo”, para lo que se justificaba mantener un régimen fascista como el portugués … /…
Continúa el domingo 14 de septiembre.