
La otra historia:
-La que te niegan saber los que pagan la tinta de los libros y teles de historia. De su historia. También de la muy actual.
Opinión:
*Cartel obrero de 1886
8 horas para trabajar, 8 para descansar, 8 para lo que se disponga.
139 años después, en muchas grandes ciudades españolas…
Trabajo desde hace 4 años en un polígono del extrarradio en (x) y a turno de mañana y tarde. Literal y estrictamente mi horario es de 9 a 13 y de 15 a 19 h. Cobro 143 euros más que el SMI.
Pero: No tengo coche y no coincido con compañeros con él en mi trayecto. Me levanto a las 7, llego al mal transporte que tarda entre 61 y 65 minutos hasta mi parada (la última) y otros 15 minutos andando hasta el almacén. Tengo que esperar a que abran. Al mediodía es ridículo e imposible volver a casa a comer, así que con otros y otras compas lo hacemos en una caseta de la fábrica que los compañeros más antiguos lograron a la dirección, y siempre alguno o alguna lleva termo de café o té. Tenemos aire acondicionado, mesas correderas y sillas, nada más, parece una sala de prisión de película. Hay otros compas de pueblos cercanos que en esas dos horas van y vuelven a casa. A la tarde al salir, otros 15 minutos hasta el bus y 70-75 minutos de vuelta hasta la estación de mi zona. Y diez minutos más a casa. O sea, empleo de mi tiempo para el trabajo, desde las 7,30 de la mañana, comer en el trabajo, hasta las 20,40 de la noche, incluido el in itinere. O sea, ocho horas laborales, pero 13 horas y 10 minutos que no me quito el curro de encima.
Al llegar a casa, lavar la ropa del curro de esa puta mancha, cenar, poner la comida pal taper para el día siguiente y dejar la cena hecha para mañana. No hay día que no me den al menos las 12 de la noche sin acabar todo lo que hay que hacer en casa. Queda cambiar las sábanas, regar las plantas, esa maldita puerta que cierra mal, hablar con el vecino de no sé que del edificio… A las 6,55 suena el despertador.
Llega el sábado y estoy tan reventado del tute del curro, y tengo varias cosas en casa por hacer, que en la ‘siesta’ de la tarde me quedo planchado. A la noche, un bocata con los amigos y amigas. Y a casa, el cuerpo, y la cartera, dan ya poca juerga. Doy un paseo el domingo, como en casa, recojo la colada y preparo lo del día siguiente. Llamo por teléfono a mis padres y hermana. Me pongo al final a intentar leer un libro pendiente desde hace meses. El despertador suena a las 6,55. El libro, creo que tres páginas logré leer antes de caer dormido.
Cuando he visto este cartel histórico, me he decidido a escribir todo esto. Sobrevivo así (y con la enorme suerte de poder vivir sólo en una pequeña vivienda familiar), al igual que millones de trabajadores y trabajadoras, en muchas peores condiciones que yo. Varios compañeros de la empresa, además de jornadas maratonianas en tiempo por lo explicado, viven en pisos compartidos, en habitaciones con precios de escándalo, el precio del transporte…
¿Qué ha sido de la consigna histórica y más que justa de 8+8+8? Yo, a mi alrededor, no conozco casos que logren vivir dignamente así. Y en la tele siguen diciendo que la situación general mejora. Será para ellos. Y a los racistas: cuando hablo de compañeros lo digo con orgullo de varios africanos y varias latinoamericanas. Y con mil dificultades más que yo. A otro perro con ese hueso, clasistas de mierda. Y a los sindicaleros: entre reuniones y horas sindicales no se les ve el pelo. Varios compas dependen del contrato sustitución, baja laboral… con lo que a todo lo dicho añadidle su eterna inestabilísima situación económica.

*Por cierto: ¿Derecho al ocio? En una de las comidas, sale la realidad de la gran mayoría de trabajadores migrados. No tienen dinero alguno para ocio. Un compa marroquí cuenta que de 1.500 al mes (trabaja algún sábado a la mañana) viven cuatro de familia. Pagan 800 euros de alquiler por una casa muy pequeñita. Y el dineral en transportes. “Para la comida, gastos y poco más, hermanos. ¿Al cine? Hace años que no podemos llevar a mis hijas”. Una compa salvadoreña, que los libros que lee siempre son de bibliotecas públicas, no puede permitirse el lujo de comprar libros, ir al cine o a bares. Paga 450 € por una habitación, “más gastos”. El compa de Senegal vive aún más lejos que yo, y nos mira con cara de asombro al hablar de ocio. Cuando puede, queda con compatriotas para poder charlar y ponerse un poco al día, y recibe clases de español. Le gusta la música y algún domingo va a algún concierto gratuito.
Muy muy diferente a lo que cuentan en los telediarios… Pero esta es la historia de miles y miles de trabajadores y trabajadoras en varias grandes ciudades de España.
Re-envío. J.

*La historia muy actual. Lo que SÍ dice el comunismo:
-Lenin:
“Es lógico que un liberal hable de ‘democracia’ en términos generales. Un marxista no se olvidará nunca de preguntar: ¿Para qué clase?”

-Stalin:
«Nuestro objetivo final, el objetivo de los marxistas, es liberar a las personas de la explotación y la opresión».
«Nosotros, los bolcheviques, aunque estábamos en contra de la guerra y a favor de la derrota del gobierno zarista, nunca renunciamos a las armas». «La burguesía lucha contra los soviets con bastante crueldad, y luego grita sobre la crueldad del pueblo soviético. Con una mano nos envía terroristas, asesinos, vándalos, envenenadores, y con la otra mano escribe artículos sobre la inhumanidad de los bolcheviques». «Nuestro objetivo final, el objetivo de los marxistas, es liberar a las personas de la explotación y la opresión. El capitalismo, que enreda al hombre en la explotación, priva al individuo de la libertad. Bajo el capitalismo, sólo unos pocos de los individuos más ricos pueden llegar a ser más o menos libres. La mayoría de las personas bajo el capitalismo no pueden disfrutar de la libertad personal».