
África, esclavizada, colonizada, esquilmada y Resistente
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Kenia
-Una “Independencia” a la Medida del Colonialismo

En esta colonia británica, desde 1918, las tierras más fértiles habían sido arrebatadas a los kikuyus, la etnia más numerosa de Kenia, para entregárselas a colonos blancos. Los kikuyus expropiados o bien se quedaban sin nada, como vagabundos en las ciudades, o bien podían cultivar una parcela de los colonos a condición de aceptar hasta 270 días de trabajo semiesclavo, no remunerado. Una manera de obligarles a un trabajo mal pagado por los colonos, fue imponerles numerosos impuestos, forzando la necesidad de tener unos ingresos para pagarlos, siendo encarcelados si faltaban al trabajo. Estas poblaciones de campesinos sin tierras fueron confinados en reservas, siendo masificados en ellas y sancionados si las abandonaban.
Pero esta impunidad comenzó a ser contestada más activamente al término de la I GM, gracias al regreso de los veteranos de guerra que los británicos habían enviado por decenas de miles, como soldados y como fuerza de trabajo auxiliar. En contacto con los soldados europeos estos keniatas, que habían adquirido una mayor conciencia social y política, vinieron a reforzar la lucha anticolonial. Cuando las promesas colonialistas y sus cínicas frases como: “antes que nada, territorio para los africanos” mostraron su total falsedad, comenzó a surgir un movimiento nacionalista entre los nativos kikuyu que más habían padecido el robo de sus tierras. En los años veinte comenzaron a formarse las primeras organizaciones de esta etnia que reclamaban la devolución de las tierras expropiadas y la igualdad de derechos sociales y políticos.
Tras la II GM, en Kenia, una vez más, fueron los soldados nativos licenciados los que volvieron reforzados en sus convicciones independentistas para prender la mecha revolucionaria. En ese contexto, el colonialismo británico se vio forzado a iniciar un proceso hacia una independencia “controlada” de Kenia, contando con los acomodados sectores burgueses keniatas y las élites tribales.
Sin embargo, desde 1947, los patriotas kikuyus más consecuentes que venían denunciando la complicidad de los jefes tribales, ante la inutilidad de los métodos pacíficos, habían formado el Ejército por la Tierra y la Libertad de Kenia. La brutal respuesta colonial, decretando en 1952 el estado de guerra, dio comienzo a la lucha generalizada del movimiento guerrillero kikuyu, que se mantuvo activo hasta 1956, en que fue derrotado. En esta lucha perdieron la vida cien mil campesinos (más de mil fueron ahorcados) y en torno a un millón –mujeres y niños incluidos– fueron confinados en campos de concentración, llamados “aldeas protegidas”; siendo la tortura un medio generalizado con toda la población. Pese a su derrota, la lucha popular guerrillera mostró la amenaza que suponía mantener un régimen colonial tan salvaje sin retoque alguno, lo que contribuyó a acelerar la independencia en 1963, concedida y pactada al gusto de los colonialistas británicos. El ejército popular derrotado, por interés del invasor británico, pasó a ser conocido como Mau-Mau, tildándolo de “sociedad secreta” que cometía todo tipo de atrocidades; burdas falsedades para ocultar las suyas propias y la justa causa de sus víctimas.
Años después, con títeres africanos en el gobierno, se hizo todo lo necesario para la defensa de los negocios británicos. De la propiedad de las tierras robadas a los kikuyus no se tocó ni un pelo y nuevos terratenientes, ahora keniatas, ocuparon esas tierras. La corrupción campa a sus anchas y esa burguesía sin escrúpulos, en una pretendida y calculada “reconciliación nacional”, ha llegado a erigir una estatua de un héroe y mártir del Ejército Popular, ahorcado por el colonialismo británico.
Desde los años noventa han aumentado de manera incontrolable la desocupación y el éxodo rural. Los jóvenes de los barrios bajos urbanos se convierten en fuerza de trabajo explotada en actividades precarias, clandestinas o formando bandas criminales empleadas por sectores del poder para defender sus intereses. La policía y el ejército no ha vacilado en disparar a una multitud de manifestantes armados de piedras y de eslóganes. Los muertos en estos enfrentamientos son muchos más de los que los medios de comunicación cuentan porque, para estas nuevas élites keniatas, la soberanía del país puede esperar.
*Dedan Kimathi Waciuri fue ahorcado en la prisión británica de Kamiti el 18 de febrero de 1957 a los 36 años de edad. Máximo dirigente del Ejército de Tierras y Libertad de Kenia.