
Muro de solidaridad y denuncias:
Deniegan la amnistía porque los hechos sucedieron en Valencia
El 1 de octubre de 2017 Amparo Molina asistió en Valencia a la manifestación solidaria contra las cargas policiales y en apoyo al referéndum de independencia catalán. A pesar de que en aquellos momentos tenía 62 años y estaba físicamente impedida, al cabo de un tiempo fue condenada, por dos delitos de agresiones con agravante de motivación ideológica, supuestamente, por agredir a dos personas que acudieron a la contramanifestación del grupo fascista España 2000. El grupo de apoyo denuncia que al no encontrar al autor de la agresión, un joven con cresta según las primeras declaraciones de los fascistas, acusaron a Amparo porque la conocían de otras manifestaciones.
La Audiencia de Valencia ha denegado la amnistía parcial pactada entre el gobierno y los partidos independentistas catalanes a la manifestante. El motivo que alega este tribunal es que la ley no tiene en cuenta aquellos actos que hayan ocurrido fuera de Catalunya y que al ser una manifestación en Valencia no se le puede aplicar “de ninguna manera”.
La ley de amnistía en ningún momento menciona exclusiones o limitaciones en el ámbito territorial y solo habla de “actos ejecutados en el marco de las consultas celebradas en Cataluña”, de su preparación y consecuencias. De hecho, la ley deja claro que los actos no tienen que estar directamente relacionados con el 1 de octubre o el 9 de noviembre y que incluye todos aquellos hechos que ocurriesen en relación al proceso de independencia.
Además, el grupo de apoyo de la manifestante declara que el argumento de los jueces implica un desconocimiento de “las relaciones históricas, territoriales, culturales y de solidaridad entre Catalunya y el País Valencià”. También denuncian la indefensión por parte de la encausada y que el juez priorice una cuestión puramente administrativa a los derechos de igualdad delante de la justicia.

Represalias por expulsar a sionistas de un restaurante
Mientras el sionismo continua perpetrando el genocidio en Gaza y atacando a varios países de Oriente Próximo, los energúmenos sionistas, de vacaciones o que viven fuera del territorio legítimamente palestino, muestran su impunidad enfrentándose y saboteando a cualquiera que se oponga a sus deseos. Lo mostraron los hinchas de fútbol en Amsterdam, cuando tras quemar banderas palestinas y cantar consignas racistas acabaron apaleados por los antifascistas locales que sufrieron 60 detenciones durante esa noche. Lo han mostrado con múltiples grupos que han visto sus contratos y giras cancelados por criticar al ejército sionista.Y esto solo son algunos ejemplos ya que lo muestran cada vez que tienen la oportunidad.
El último caso es el de un hostelero que expulsó a un grupo de sionistas de su restaurante al escucharles gritar «Viva Israel»
El hostelero cuenta que al poco de que esos clientes se sentasen en la terraza empezó a notar que algo no iba bien. «Se comportaban de forma agresiva. Pedían las cosas como si fuesen militares». Slim pensó que podían ser turcos o árabes, porque estaban muy preocupados por que las cinco pizzas margaritas que encargaron no tuviesen nada de carne, así que les preguntó por su procedencia y le confirmaron que eran de Israel. «Y hasta gritaron ’¡Viva Israel!’», asegura Samir. Cuando el hostelero lo escuchó decidió pedirles que se marchasen. Les dijo que estaban invitados a lo que habían pedido —su comida ya estaba en el horno— y que abandonasen la terraza. No le hicieron caso, «y mantuvieron su actitud provocadora». Siguieron bebiéndose sus cervezas. Es por ese motivo por el que decidió ir a por su teléfono y salir a grabar lo que vendría después, por si la situación se complicaba y para garantizar su seguridad.
«En mi restaurante no son bienvenidos. Soy del sur del Líbano, en mi pueblo han muerto al menos 30 personas por culpa de Israel. Mi gente sufre como los palestinos. De mi cuerpo no salió otra reacción que no fuera esa», explica Samir, que no se arrepiente de su decisión ahora que el vídeo ha dado la vuelta al mundo y ha suscitado multitud de reacciones. «Muchos israelíes han pasado por mis negocios a lo largo de mi trayectoria como hostelero en Italia, Alemania o España y nunca me había portado de este modo. Pensaba que ellos podían ser como nosotros y haber estado viviendo engañados y siempre he dialogado sin problemas. Pero esta vez lo he hecho por este genocidio, es lo que me salió», subraya.
El incidente no fue a mayores. Los clientes israelíes se marcharon, «aunque alguno, ya desde lejos, volvió a gritar ’¡Viva Israel!’». El resto de comensales se quedaron. De hecho, muchos apoyaron la decisión de Samir: «Me respaldaron de una manera que no podía imaginar. Me demostraron que en esta ciudad y en este país son humanos. Hasta una señora de 85 años me dijo unas palabras muy bonitas que no esperaba». Y lo cierto es que desde que el vídeo se ha hecho público, el hostelero no ha recibido más que mensajes de ánimo: «No voy a mirar si me puede perjudicar porque esto salió de mí».
Las repercusiones no han tardado en llegar y, además del boicot al negocio, la policía española se ha afanado en abrir una investigación:
El vídeo viral en redes sociales de un hombre libanés expulsando a un grupo de israelíes en un restaurante italiano de Vigo ha llegado a manos de la Policía Nacional. Un vecino de Madrid que visualizó los hechos en Facebook llamó a la Policía Local de la ciudad para que entrase de oficio. El varón, probablemente sin conocer lo que había ocurrido, comunicó que lo sucedido «dejaba mala imagen en Vigo». Los agentes municipales elaboraron un informe con el contenido multimedia y se lo trasladaron a la Nacional por si se hubiera tratado de un «posible delito de odio».
La sala de la Policía Local de Vigo recibió la llamada de una persona residente en la capital a las 17.40 horas. En ella, advertía de un vídeo en el que el hostelero libanés Samir Slim, asentado en la ciudad, obligaba a un conjunto de turistas israelíes a levantarse de la terraza de su local, Mimassa, situado en las proximidades de la fuente del Areal, en la conocida como La Paellera.
En declaraciones a FARO, Samir asegura que estos clientes se estaban comportando «de forma agresiva», pues «pedían las cosas como si fuesen militares». En un momento dado, les preguntó de dónde eran y estos le contestaron su procedencia. Además, según la versión del dueño del establecimiento, «hasta gritaron ’¡Viva Israel!’», una proclama que se escucha igualmente en el vídeo en el contexto de un pleno genocidio contra el pueblo palestino por parte del país israelí. Este habría sido el detonante de los hechos.
La Policía Nacional se encuentra investigando lo acontecido este miércoles en la ciudad, que ha generado gran repercusión entre la población.
Tanto fue así que hasta llegó a oídos de personas extranjeras, muchas de las cuales acudieron al perfil del local en Google para atiborrarlo de reseñas falsas y negativas. Su nota, un elemento diferenciador a la hora de escoger un lugar en el que comer, disminuyó hasta un 3,9/5. Horas más tarde, la propia plataforma digital se encargó de retirar todos los comentarios fraudulentos y recuperó su valoración original: un 4,7/5.

-200 personas arropan al encargado del restaurante vigués que expulsó a clientes israelíes en su declaración ante el juez.
Samir Slim, de origen libanés, fue citado por el Juzgado de Instrucción número 4 de Vigo para declarar como investigado por un presunto delito de odio.
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Lucha por la vivienda
Condena al fondo buitre Nestar por cláusulas abusivas
Los vecinos de la Calle Martín Muñoz de las Posadas 7, en Madrid, celebran una victoria histórica frente al fondo Nestar, propietario de su edificio y tercer mayor casero de España. El Juzgado de Primera Instancia nº 4 de Madrid les ha dado la razón. Lo ha hecho después de que los inquilinos presentaran a principios de año una demanda colectiva, a través del Sindicato de Inquilinas de la capital, en la que acusaban al fondo de incluir cláusulas abusivas en sus contratos de arrendamiento. La sentencia -a la que ha tenido acceso Público- es contundente: Nestar ha incurrido, efectivamente, en prácticas contractuales abusivas y deberá devolver más de 20.000 euros a los habitantes del inmueble.
En concreto, la jueza reconoce como abusivas seis de las siete cláusulas impugnadas por los inquilinos, entre ellas el cobro de un seguro de impago. “Este fallo llega tras más de un año de lucha por parte de las vecinas”, reivindica el sindicato en un comunicado. Una lucha que comenzó con una huelga de alquileres, con la que los inquilinos consiguieron reducir hasta en un 30% la cuantía de sus mensualidades, dejando de pagar extras y subidas improcedentes.
“Es la primera sentencia que gana un sindicato de inquilinos en este país. Hasta ahora los sindicatos habían acompañado a los vecinos, pero no habían presentado ninguna demanda en nombre propio, como sus representantes”, explica Víctor Palomo, abogado de CAES, despacho que lleva el caso. “Es un paso de madurez como organización, que permite al sindicato plantear litigios estratégicos y nuevas demandas colectivas para dar también la batalla en el frente judicial”, añade el letrado. Ya lo están haciendo. Hay otras seis demandas colectivas en curso y más de diez bloques organizados junto al sindicato para pararle los pies al fondo. Con un objetivo a la vista: extender la lucha a los 42 bloques que Nestar gestiona en la comunidad.