
Revolución, Resistencia y Memoria
Patrimonio de La Humanidad
Xabier Peñalver. Txalaparta 2022.
Euskal Herria
I de III

-Villa de Gernika.
En la villa vizcaína de Gernika, símbolo de los Fueros Vascos, se encuentra la Casa de Juntas con el emblemático árbol ante ella. A la sombra de este roble se redactaron leyes hasta 1876, Hoy es la sede de las Juntas Generales de Bizkaia, y han jurado bajo su árbol los sucesivos lehendakaris del Gobierno Vasco. La tradición sitúa en el siglo XIV el nacimiento del árbol original que murió en 1742- El siguiente, muerto en 1860, puede verse en el recinto. Su sucesor dejaría de existir en 2004, siendo sustituido por un retoño. Diferentes descendientes de este roble, símbolo de los vascos, se reparten por numerosos puntos del planeta.

El 26 de abril de 1937, día de mercado, Gernika fue bombardeada por la Legión Cóndor alemana y la Aviación Legionaria italiana en apoyo al Ejército franquista. El primer ataque fue a las tres y media de la tarde, produciéndose un intensivo segundo bombardeo a las seis a base de bombas explosivas e incendiarias. Un nuevo ataque tuvo lugar entre las 18,45 y las 19 horas, en el qu se ametralló a la población. El resultado fue la muerte de cientos de personas y la destrucción del 74% de los edificios.
Días antes, el 31 de marzo, Durango fue bombardeada en tres oleadas por la aviación italiana, produciendo la acción criminal 294 muertos. El régimen de Franco acusó a los republicanos de la destrucción de Gernika, no rectificando la versión en varias décadas. Pablo Picasso inmortalizó en su conocido lienzo esta masacre contra la villa, símbolo del pueblo vasco.

-Fuerte de San Cristobal-Ezkaba, en Iruñea.
Esta gran fortaleza situada a 895 m de altitud al norte de Iruñea fue construida a caballo entre los siglos XIX y XX con fines defensivos, aunque tras el golpe franquista de 1936 acabó siendo una prisión, en donde se maltrató a miles de prisioneros republicanos y se ejecutó a muchos de ellos. En el año 1938 había en el lugar 2.487 presos, la mayor parte dirigentes políticos y sindicales y militares republicanos. El 22 de mayo de ese año se produjo una fuga de 795 presos en malas condiciones y de forma desperdigada; de todos ellos únicamente tres lograron pasar la frontera, muriendo 206 y siendo detenidos los restantes. En 1988 se levantó un monumento en el monte Ezkaba a las víctimas de esta matanza. Entre 1937 y 1945 murieron en el lugar al menos 305 presos, muchos de los cuales fueron enterrados en el entorno.

Desde 2007, la Sociedad de Ciencias Aranzadi, la Sociedad Cultural Txinparta y la Asociación de Familiares de Fusilados de Navarra están exhumando, a petición de los familiares, cadáveres en zonas próximas al fuerte. Es conocido el cementerio de las botellas por contar cada uno de los muertos (131) con una botella entre las piernas con su identificación. El fuerte fue abandonado por el Ejército español en 1987 y a partir de 2009 se encuentra abierto al público con visitas guiadas. Sin embargo, pese a lo dramático de lo sucedido en el lugar, aún no ha sido considerado como lugar de la memoria. Transcurridos 80 años de la fuga, se ha señalizado una ruta de 53 km que une el monte Ezkaba y Urepel, recordando lo sucedido en diversos paneles informativos.

-Parque de La memoria, en Sartaguda.
El parque se encuentra en el pueblo de Sartaguda, próximo al río Ebro, y forma parte de un “Paseo por la Memoria” que se inicia en este lugar y que concluye en el cementerio, junto al panteón en el que están enterrados desde 1979 los habitantes de este pequeño lugar —conocido como “el pueblo de las viudas”— asesinados en 1936 por los sublevados franquistas contra la República legalmente constituida.

El parque de la Memoria fue inaugurado en 2008, ocupa una extensión de 6.000 m² y es un homenaje a los 3.452 asesinados en Nafarroa en 1936. Esta zona, cubierta de verdes prados, contiene diferentes monumentos y esculturas entre los que destacan una entrada al lugar de 6 m de altura, realizada por J.R. Anda; una representación de un fusilamiento sobre una gran plancha de acero corten, de N. Basterretxea; otra correspondiente al fusilamiento de tres jóvenes, de J. Ulibarrena; una gran escultura de bronce en homenaje a las viudas y mujeres represaliadas, de R. Romero; el rincón de los escritores con diversos textos; y un gran muro de 7 m de largo y 2,5 m de alto en el que están escritos los nombres de los asesinados agrupados por términos municipales. En la zona hay plantado un retoño del árbol de Gernika.

El número de excavaciones llevado a cabo a partir de finales de los años 70 en diversas localidades de Nafarroa y los sucesivos y dificultosos trabajos desarrollados en esa misma línea posteriormente han permitido la recuperación de un número importante de víctimas abandonadas en las cunetas y en los campos durante décadas y que finalmente van depositándose en lugares dignos de reposo. En el pequeño pueblo de Sartaguda fueron asesinadas 84 personas, dejando 64 viudas y 131 huérfanos, y estas cifras tan elevadas para tan pequeña población fueron el motivo de su elección para la construcción de este recinto para la memoria.