
Memoria histórica imprescindible:
Fosas y más fosas:
-Comienza la exhumación de 1.250 asesinados por el franquismo enterrados en las fosas 548, 438 y 702 de Jaén.
Los fallecidos fueron fusilados después de terminada la Guerra Civil, en algunos casos ejecutados por familiares de víctimas de la contienda.
Cristóbal Valenzuela, secretario provincial del Partido Comunista en Jaén, fue ejecutado el 12 de julio de 1939 junto a su compañero de partido José Aroca Núñez; el 23 de agosto de ese mismo año, el socialista Alejandro Peris Caruana, secretario provincial del PSOE, corrió la misma suerte; y días más tarde le tocó el siniestro turno a José López Quero, un destacado sindicalista de UGT. Todos ellos tienen en común que sus restos están en la fosa común 548 del viejo cementerio de San Eufrasio de Jaén, donde estos días, después de mucho tiempo de espera, se ha iniciado la exhumación de las 173 víctimas de la represión franquista que están documentadas en este lugar. Si no hay más contratiempos, después deberían proseguir los trabajos en las otras dos fosas, la 438 y la 702. En total, 1.250 víctimas cuyos familiares aguardan desde hace décadas una reparación, al menos parcial, de justicia y dignidad.

-Castellnou de Bages exhuma a cuatro asesinados por el franquismo.
Los restos de dos guerrilleros y del matrimonio propietario del mas de la Creu del Perelló se han podido exhumar en una excavación en la localidad barcelonesa.
Uno de los guerrilleros asesinados era Ramon Bosch Noguera.
Un golpe en la puerta cuando ya eran las 10 de la noche del 22 de febrero de 1945 precedió la tragedia: un destacamento de más de treinta hombres de la Guardia Civil irrumpió en el mas de la Creu del Perelló, en el término municipal de Castellnou de Bages, y ejecutó a dos maquis y al matrimonio que vivía allí, propietarios de la casa. Ochenta años después, una actuación ha permitido exhumar los restos de las cuatro víctimas de la represión franquista, en una fosa excavada entre el 21 de mayo y el 12 de junio en el exterior del cementerio, muy cerca de donde, en 1999, se desenterró al maqui Ramon Vila Caracremada.

Aquel invierno de 1945 hacía días que se sospechaba de la colaboración con el movimiento de lucha antifranquista de Domingo Rovira Sardans y Ramona Bessa Bartrons, que vivían en la Creu del Perelló, masía hoy en ruinas. Las compras que hacía Ramona, superiores a las necesidades familiares, despertaron sospechas y el cuerpo armado comenzó a vigilar al matrimonio. La noche del jueves 22 de febrero, un grupo de quince soldados y veinte miembros de la División de Montaña de la Guardia Civil, que vigilaban el lugar desde las seis de la tarde, asaltaron la casa y ejecutaron a Ramon Bosch Noguera, de 25 años, y a otro guerrillero cuya identidad se desconoce. Posteriormente, atraparon a Domingo y Ramona en el exterior de la vivienda y los asesinaron con tres disparos en la cabeza a cada uno. En el momento del asalto de la Guardia Civil, en la casa también estaban Rosa Rovira Sardans, hermana del fallecido y enferma postrada en la cama; y los hermanastros Joan Estrada Bessa, de diez años, y Margarida Rovira Bessa, de dos. La otra hermana, de 13 años, Montserrat Estrada Bessa, trabajaba como sirvienta en una casa de Súria y no estaba en el domicilio cuando irrumpió el comando criminal.

Jamás olvidar:
-Memoria para Lorenzo Gaztelumendi, un deportado de Durango que saboteaba centrales eléctricas nazis.
Lorenzo Gaztelumendi Bilbao, natural de Durango (Bizkaia), fue uno de los miles de republicanos españoles deportados a campos de concentración nazis tras la Guerra Civil. Su historia, documentada por investigadores y reconstruida a partir de fuentes familiares y archivos, reflejó el itinerario de un militante antifascista comunista que terminó como víctima del sistema represivo del Tercer Reich.
Nació el 3 o el 5 de enero de 1909 —las fuentes varían— y fue hijo de Lorenzo Gaztelumendi Renteria –natural de Donostia- y Juliana Bilbao. Esa pareja se casó en la entonces parroquia y hoy basílica de Santa María de Uribarri el 10 de septiembre de 1896. En enero de 1936, medio año antes del golpe de Estado contra la Segunda República, Lorenzo hijo contrajo matrimonio con Paz Ruiz. Su entorno familiar, de tradición farmacéutica, aún residía en Durango, desde donde se intentaba establecer contacto con posibles descendientes del matrimonio.
Durante la contienda, Gaztelumendi se incorporó al Batallón Jean Jaurès, vinculado a las Milicias del Partido Socialista y la UGT. Según Kepa Ganuza, miembro de Euskal Prospekzio Taldea, más tarde fue ascendido a capitán del Ejército Republicano, con chapa de identificación 50.586. Figuró en las nóminas de diciembre de 1936 y de los primeros meses de 1937. En marzo, participó como alumno en cursos de la Sección de Guerra Química —especialmente en Defensa Antigás— en un cuartel de Portugalete, bajo la dirección de Juan Manuel Epalza. En abril, ya apareció como capitán del Departamento Antigás del batallón, aunque regresó temporalmente al Jean Jaurès. En mayo dejó de constar en las nóminas del batallón y pasó a las del servicio antigás, en el que permaneció al menos hasta julio. A pesar de esta especialización, Euskadi no fue escenario de ataques con armas químicas.
Al finalizar la guerra, como tantos otros combatientes republicanos, se exilió en Francia, donde fue internado en varios campos de refugiados, entre ellos el de Gurs, donde en su ficha se le registraba como “practicante de farmacia” de 29 años. Para entonces ya militaba en el Partido Comunista de España (PCE), una afiliación política que, sumada a su trayectoria militar, lo marcó como objetivo del aparato represivo nazi.
A finales de 1943, se integró en la red clandestina conocida como “Deportistas”, activa en Bretaña. Esta organización estuvo compuesta por republicanos vascos y españoles, muchos de ellos comunistas, cuyo objetivo era sabotear infraestructuras estratégicas del régimen nazi, como centrales eléctricas.
“Muchos de los integrantes de esta red participaron en actos de sabotaje en condiciones de altísimo riesgo”, explica Ana García Santamaría, autora del estudio Republicanos de Navarra, Gipuzkoa, Álava y Bizkaia en campos de concentración nazis. La red operó hasta comienzos de 1944, cuando una delación provocó numerosas detenciones.
Gaztelumendi fue arrestado por la Gestapo el 4 de marzo de 1944 en Rennes, donde residía entonces. Fue trasladado a la prisión de Jacques Cartier y, poco después, desde Compiègne en un convoy con destino al campo de concentración de Neuengamme, cerca de Hamburgo. Su número de prisionero allí fue el 36.417. “Como queda registrado en la ficha identificada como suya del propio archivo Arolsen iba en el convoy del 15 de julio 1944 y llegó el día 18”, apostilla García Santamaría. En Neuengamme fueron ingresados alrededor de 800 deportados y el durangarra aparecía de profesión, pfleger: enfermero o auxiliar de enfermería haciendo referencia, de algún modo, al oficio de la saga farmacéutica.

En BREMEN
Tras unos días de “adecuación”, como se denominaban los periodos iniciales en los campos, fue trasladado al subcampo de Farge, en Bremen. Allí trabajó como mano de obra esclava en la construcción de un gigantesco búnker para submarinos, considerado el segundo más grande de Europa y nombrado como Valentin. Según un reportaje del diario Le Télégramme de julio de 1948, la tasa de mortalidad en estas obras fue extremadamente alta, oscilando entre 2.000 y 6.000 fallecidos, aunque solo se pudo documentar la identidad de aproximadamente medio millar.
La familia de Gaztelumendi sostuvo que Lorenzo falleció el 8 de julio de 1944 en el campo, aunque investigadores como Ana García advierten de que “no se ha podido confirmar documentalmente la fecha exacta de su fallecimiento”.
En algunos documentos apareció registrado como “Gastelumendi”, lo que dificulta el rastreo de su trayectoria. Sus descendientes, si los hubiera, podrían arrojar luz sobre los últimos días de un combatiente cuyo rastro se perdió en los barracones del nazismo. La familia en Durango, que regentan una farmacia, una óptica y dos tiendas de moda ya cerradas Gaztelu y Mendi, conserva viva su memoria, y expresa su deseo de poder contactar con ellos.
El nombre de Lorenzo Gaztelumendi Bilbao –de quien no se ha conseguido fotografía- es actualidad a raíz de que el grupo municipal independiente Herriaren Eskubidea ha propuesto que Durango se sume al proyecto europeo Stolpersteine, que recuerda a víctimas del nazismo mediante pequeños adoquines dorados incrustados en el suelo con sus nombres.
La formación ha señalado el caso documentado de Gaztelumendi, deportado a Neuengamme –liberado en mayo hace 80 años- tras, como hemos leído, pasar por el campo de Gurs, y ha solicitado al Ayuntamiento que se instale un adoquín en su memoria.