
Movimiento obrero. Su brutal situación:
Derecho a vivienda digna:
-Libro ‘El secuestro de la vivienda’.
Jaime Palomera: “La vivienda necesita una revolución”
Integrante del Instituto de Investigación Urbana (IDRA) y uno de los fundadores del Sindicat de Llogateres, Jaime Palomera presenta ‘El secuestro de la vivienda’, un libro sobre el juego amañado en el que los propietarios son cada vez más ricos y los inquilinos cada vez más pobres.

-Hace meses que la vivienda aparece como la primera preocupación de la población española. ¿Qué nos dice esto?
Ahora mismo hay un grado de malestar muy grande porque mucha gente joven —pero no solo— está viendo que la idea de tener casa, tener hijos, es prácticamente ciencia ficción. Y el origen de esto tiene que ver con el problema de la vivienda, que en realidad no es un problema específico de la vivienda. Lo que hay de fondo es la desigualdad y el hecho de que las casas se han convertido en uno de los bienes más preciados para la inversión. Todo esto hace que quien no tiene mucho dinero le resulte cada vez más difícil tener lo más básico, una casa. Todo esto genera mucha angustia, mucha inquietud.
-¿Se está imponiendo la idea que vincula la crisis de la vivienda con la especulación o está ganando el discurso que quiere imponer la derecha, que echa la culpa al pobre, al migrante, al okupa?
A diferencia de otros países europeos, en nuestro país ahora mismo hay un sentido común mayoritario que dice que tenemos un problema con la especulación. Lo vemos cada vez que salen encuestas que dicen que la mayoría de la población está a favor de intervenir el mercado para regular los alquileres, que la mayoría está a favor de que en los edificios residenciales no haya pisos turísticos, de que la mayoría defiende que baje el precio de su propia casa si eso significa que hay vivienda más asequible. Hay un sentido común que es contrario a la especulación inmobiliaria y que considera que se ha llegado demasiado lejos. Y eso tiene que ver con que esto no solo afecta a los más jóvenes, sino que los padres y los abuelos de esos jóvenes comparten la angustia por el futuro de sus hijos y sus nietos.
Este no es simplemente un problema de si puedo o no tener casa —que ya de por sí es grave—, sino que es un problema de desigualdad. El malestar que está logrando capitalizar buena parte de la derecha populista en cada vez más países tiene que ver fundamentalmente con el crecimiento de la desigualdad y el malestar que eso produce.
Si hay cada vez más gente que apuesta por estas derechas populistas es porque están ofreciendo explicaciones que, por simplistas que sean, parecen más satisfactorias. Esa idea de que al final tu bienestar está siendo secuestrado por los pobres y por los inmigrantes, parece seducir más que otras propuestas.
Si estas propuestas que tienen que ver con reducir la inmigración para que tú tengas más bienestar resultan creíbles es porque las otras, las que tendría que liderar la llamada izquierda, no lo están siendo.
El malestar que genera el problema de la vivienda es, sobre todo, un problema de desigualdad, porque si no tienes casa en propiedad y si vives de alquiler, cada día serás más pobre. Y el Gobierno no es capaz de hacer cosas que realmente tengan un impacto y que la gente pueda notarlo. Si esto sigue así, quien lo va a capitalizar es el otro bando, con discursos que recurren al miedo y al odio y no a la esperanza.

-Desde la izquierda y los colectivos sociales, a la hora de hablar sobre los culpables de la crisis de vivienda, se suele señalar al turismo, a los fondos de inversión y a los hogares de clase media y clase alta rentista. ¿Cuál es el papel de cada uno de estos agentes en el problema?
Entre los responsables a mí me falta uno, el Estado. El Gobierno es el que pone las reglas, que tienen un impacto en los otros actores que mencionas.
Históricamente, lo que hace el turismo es apreciar el precio en el suelo. Si en un lugar concreto hay mucha inversión pública para convertir una localidad en turística, el suelo absorbe ese valor generado, y eso se traduce en un aumento de las rentas del suelo. Si ese suelo está en un lugar donde hay mucha inversión pública, mucha actividad económica y un atractivo, eso inmediatamente hace que el precio del suelo aumente. Y la cuestión es quién capitaliza ese aumento del precio del suelo. Y esto conecta con los otros dos actores que comentabas. Desde la gran crisis de 2008, quien lo empieza a capitalizar con fuerza son los fondos de inversión. Los fondos cumplieron el papel de volver a decirle al mundo que España era un lugar atractivo para invertir. Cuando los fondos compraron grandes stocks de vivienda consiguieron revitalizar el sector inmobiliario y recuperaron las rentas inmobiliarias. Todo esto se logró gracias a una intervención brutal del Estado. Los liberales que están tan en contra de la intervención del Estado jamás hablan de cómo el Estado desde 2008 intervino con una fuerza inusitada en el mercado del suelo y de la vivienda para hacer que esos grandes actores, los fondos, tuvieran las condiciones ideales, pagando menos impuestos que nadie, unas nuevas reglas de juego para comprar cientos de miles de casas y de solares, gestionarlos y aumentar su precio potencial y su atractivo.
En los años posteriores a ese primer ciclo, en el que le pusieron la alfombra roja a los fondos, se suma una parte minoritaria de las clases medias y altas, una especie de capa que está justo por debajo, personas no tan ricas como las que se lucran con los fondos de inversión, pero también bastante ricas. Un número importante de personas de estos sectores se lanzan a comprar propiedades para ponerlas en el mercado del alquiler.
Entre 2008 y 2023, el mercado del alquiler aumentó en 1,3 millones de pisos. Esas viviendas no se construyeron. Eran casas en las que antes vivían familias que tuvieron que vender o perdieron sus casas por la crisis. Esas viviendas se las quedaron fundamentalmente los más ricos.
Detrás del auge de los pisos en alquiler hay una profunda desigualdad. Y es que aquellos que normalmente se hubieran comprado su primer piso cada vez lo tiene más crudo porque tienen que competir con otros actores, individuos y familias que tienen mucho más dinero y que van al mercado a comprar casas para ponerlas en alquiler o para usarlas como producto de inversión.
-La mayoría de la población española habita en viviendas en propiedad. ¿Quiere decir esto que la crisis de vivienda es minoritaria?
La crisis de vivienda afecta de manera muy intensa a una parte de la clase trabajadora y, sobre todo, a las nuevas generaciones, a los más jóvenes y ya no tan jóvenes. Te hablo no solo de una parte muy grande de la generación Z, sino una parte también muy importante de la generación millennial, que ve cómo acceder a una propiedad es muy difícil y depende cada vez más de heredar el piso de los padres, si es que va a heredar, o de tener una herencia en vida, es decir, que tus padres te den el dinero. Si tú miras los patrones históricos, observamos que aquellos que tienen ahora una casa en propiedad cada vez van a tener más difícil mantener esa casa en la familia.
Estamos en una espiral en la que no solo cada vez es más difícil tener casa, sino que cada vez hay más desigualdad y más transferencia de riqueza. Y esto solo se soluciona cambiando las reglas del juego. Y ese cambio no va a venir con el actual Gobierno. Con la actual composición del PSOE, con las actuales alianzas oligárquicas entre el poder del Estado y el poder económico, entre el Ministerio de Economía y el poder económico, no va a haber el cambio que necesitamos y por eso necesitamos poner las bases para que se pueda dar ese cambio. Hay que poner las luces largas y entender que la desigualdad va a seguir aumentando y que, si no queremos caminar hacia una realidad parecida a la de países del sur global —que ahora nos parece muy lejana pero es hacia dónde vamos caminando poco a poco—, vamos a necesitar cambios estructurales. Por eso la vivienda necesita una revolución…