
África. Esclavizada, colonizada, esquilmada y Resistente.
Agenda.
Burkina Faso
El asesinato de su líder independentista más consecuente.
-y II-
Viene del domingo 29 de junio.

… /… Sankara denunció la hipocresía de la sociedad tradicional burkinesa y fue implacable en la lucha contra la denigración, mercantilización y vejación de la mujer. Desde el inicio de la revolución las mujeres ocuparon cargos en la administración pública del Estado y se limitó el poder del hombre sobre la familia, estableciéndose la igualdad de derechos y de participación política. En este aspecto Sankara no utilizó términos medios: “El peso de las tradiciones seculares de nuestra sociedad ha postergado a las mujeres al rango de animal de carga: las mujeres sufren dos veces las nefastas consecuencias de la sociedad neocolonial, soportan los mismos sufrimientos que los hombres y además están sometidas por estos a más sufrimientos. Nuestra revolución se dirige a todos los oprimidos y explotados y por lo tanto también a las mujeres”. En 1985 nació la Unión de Mujeres Burkinesas y se desarrolló una campaña contra la mutilación sexual de las mujeres.
Siendo el sistema educativo colonial uno de los instrumentos principales para la supervivencia del sistema de explotación, con el que se había intentado borrar los idiomas autóctonos imponiendo el francés, se dio prioridad a la educación y a la recuperación de los idiomas locales y de su historia y cultura. Empezando por cambiar los libros en los que estudiaban los niños, ya que eran los mismos que se utilizaban en Francia, sin ninguna adaptación.
Sobre las ONG, que eran más de seiscientas, Sankara decía: “En los últimos años hemos estado literalmente inundados de ayudas de todos los géneros. Las llamaban ayudas para el desarrollo, pero desafío a cualquiera a encontrar ayudas de desarrollo en los lugares donde han llegado. La política de ayudas ha servido hasta hoy solo para hacernos serviles e irresponsables y para destruir nuestra economía”. “No es enviándonos sacos de cereales como los países ricos nos pueden ayudar, sino proporcionándonos los instrumentos para producirlos nosotros”.
Con Sankara, el país adoptó una posición contundente sobre la deuda externa. “Burkina Faso no se siente responsable de la deuda que tiene –afirmaba Sankara–, porque ya la hemos pagado con la colonización. Han exterminado a nuestras familias, han explotado nuestro suelo y nuestro subsuelo y no nos han dejado nada”. Y añadía: “Hemos dicho al FMI que lo que pide, nosotros ya lo hemos hecho. Hemos reducido los sueldos de los funcionarios y subsanado la economía. No tenéis nada que enseñarnos. Nos ha parecido entender que lo que el FMI busca va más allá de un control sobre la gestión, se trata de un control político”.
Alto Volta se había convertido, a propuesta de Thomas Sankara, en Burkina Faso (Tierra de los hombres dignos).

Efectivamente, digna fue su valerosa lucha y total entrega hasta que, en octubre de 1987, fue asesinado, tiroteado en plena calle junto a los doce compañeros que le acompañaban. Blaise Campaoré, compañero de Sankara, fue el traidor y brazo ejecutor. Tras dar un golpe de Estado, se mantuvo por años en la tarea de traer de nuevo la explotación, la opresión y la corrupción neocolonialista a Burkina Faso, como deseaba Francia para sus antiguas colonias.
La Revolución burkinesa duró tan solo cuatro años, tiempo en que se llegó a constituir una identidad nacional propia y un Estado verdaderamente soberano. Las múltiples dificultades internas, sobre todo el bajísimo desarrollo económico y social, así como una falta de conciencia nacional, herencia del arbitrario reparto en época colonial y las adversas condiciones para crear una organización centralizada que pudiera dirigir el país y resolver las disputas ideológicas y políticas, fueron obstáculos insalvables en aquel tiempo y en aquellas condiciones.

Hoy en día Burkina Faso sigue dando muestras de dignidad y lucha anticolonial y antiimperialista. Forma parte, con Mali y Níger, de la A.E.S. Su presidente Ibrahim Traoré.