
Muro de solidaridad y denuncias:
Balance represivo:
-Marzo 2025. Euskal Herria. Por Tinko.
- 03/03/2025 Un agente de seguridad de Renfe agrede a un joven donostiarra en Tolosa por pedirle que hablara en euskera.
- 03/03/2025 Ikasle Abertzaleak informó de que la Policía había entrado en varios centros educativos en Bilbo e Iruñerria durante las semanas anteriores, identificando y persiguiendo a estudiantes militantes.
- 03/03/2025 La Ertzaintza carga contra la manifestación de Vitoria-Gasteiz a favor de las víctimas de la masacre de 1976.
- 07/03/2025 UPN denuncia los carnavales populares celebrados en Altsasu.
- 10/03/2025 Un miembro del Sindicato de Vivienda Saretxe es juzgado en Donostia.
- 13/03/2025 El preso político vasco Juan Luis Agirre queda en libertad tras cumplir toda su condena. Llevaba 28 años preso.
- 13/03/2025 En Errotxapea dos jóvenes fueron condenados a un año de prisión y a costas de 15.000 euros. El procedimiento se ha prorrogado por cuatro años.
- 13/03/2025 La Ertzaintza carga contra la afición del Athletic. Varias personas fueron detenidas y causaron heridos. Uno de ellos fue trasladado al hospital y tuvo que ser intervenido quirúrgicamente.
- 14/03/2025 Un preso aparece muerto en la cárcel de Zaballa.
- 15/03/2025 El Gobierno Vasco incrementa un 10% el sueldo a la Ertzaintza.
- 17/03/2025 La Policía Nacional carga contra las personas que realizaban un corte de carretera en defensa del Gaztetxe de Burlata.
- 18/03/2025 El Gobierno Vasco hace firmar a las asociaciones y artistas que acuden a prisión un documento de censura para acceder.
- 19/03/2025 La Policía Foral arremete contra los trabajadores de Ezkiroz BHS que bloquean el acceso a la empresa.
- 19/03/2025 Gazte Langileen Asanblada de Bidasoa comienza a recibir multas en relación con Moskuko Gaztetxea.
- 20/03/2025 Denuncian el desalojo ilegal por parte de la Ertzaintza de la zona autogestionada de Birunda en Donostia.
- 21/03/2025 Vuelve a ser juzgada la presa iruindarra Iratxe Sorzabal. Durante el juicio denuncia las torturas sufridas mientras permanecía detenida.
- 24/03/2025 El preso político vasco Oskar Barreras es castigado y trasladado al módulo de aislamiento.
- 27/03/2025 Tres detenidos en Iruñea por denunciar el genocidio palestino.
- 28/03/2025 El preso político vasco Patxi Ruiz ayuna 24 horas para denunciar la actitud agresiva y provocadora de un carcelero.
–https://tinkoamnistia.org/es/2025/04/24/balance-represivo-de-marzo-4/

“50 años de libertad:»
-El penúltimo viaje de Jon Anza
Hemeroteca. Artículo de Iñaki Egaña. 13 de abril de 2019.
Han pasado ya diez años desde que Jon Anza tomó en Baiona aquel tren que le iba a llevar a Toulouse. Era un sábado, 18 de abril de 2009. Un viaje de tres horas y media del que nunca volvió. Porque Jon fue un desaparecido. Uno más a añadir a esa lista inacabada que comenzó hace ya décadas. Aún son varios los centenares de familiares vascos que buscan a los suyos en las cunetas, o que solicitan una pista del campo de exterminio en el que fueron convertidos en cenizas. Y a los últimos, Pertur, Naparra, Hernández y Popo Larre.
El cadáver de Jon apareció un 11 de marzo de 2010 en la morgue de Toulouse. Once meses en un lugar en el que, aparentemente, las pesquisas policiales y judiciales deberían haber encontrado la respuesta. No fue así. Eran tiempos de total sintonía entre Madrid y París. Toda una carga alineada, enfilada desde los tiempos de los GAL y las entregas de Policía a Policía. Medallas y premios en Madrid a jueces, policías y agentes antiterroristas franceses para que la sintonía fuera sólida y dirigida por España.
A los pocos días de su desaparición, ETA anunció que Jon Anza era militante de su organización y que viajaba a Toulouse con una importante cantidad de dinero. Realizaba tareas de correo. Jon había estado 21 años en prisiones españolas, acusado de diversas acciones derivadas de su militancia. Natural de Donostia, vivía en la localidad labortana de Ahetze.
La versión del ministro del Interior español se fabricó en apenas unos días. Su titular, Alfredo Pérez Rubalcaba era uno de los supervivientes de la época de Felipe González y los GAL. Un viejo sabueso con experiencia en lo público y en lo privado, en despachos, pero también en cloacas. Pérez Rubalcaba lanzó a los medios que, según sus datos, Jon Anza se había fugado con el dinero de su organización. Le acusaba de ratero. Y el medio que lo difundió acusó a ETA de “chivata” por descubrir la militancia de Jon. Las calumnias clásicas de la contrainsurgencia, porque para entonces Jon Anza ya estaba muerto, en la morgue de Toulouse, sin que nadie, supuestamente, le identificara.
Poco después, Le Monde filtraba la noticia de que Jon Anza podría haber sido secuestrado por agentes españoles. Se supo también, que en los meses anteriores, al menos otros cuatro militantes vascos habían sido secuestrados por mercenarios que se hacían pasar por policías o viceversa. El modus operandi en los secuestros de Lander Fernández, Alain Berastegi, Dani Saralegi y Juan Mari Mujika, este último en Donapaleu, sugirió cómo habría sido el de Jon Anza.
Interceptado en el tren, fue trasladado a un lugar desconocido donde en el interrogatorio quedó moribundo. Su estado de salud era delicado. Abandonado, fue internado en el hospital Parpan de Toulouse el 29 de abril, falleciendo el 11 de mayo.

Entre las labores de búsqueda se supo, lo que vino a reforzar la tesis del secuestro, que cuatro guardia civiles habían abandonado apresuradamente el hotel Adaggio de Toulouse, olvidando dos pistolas, cuando la familia y ETA denunciaron a la desaparición de Jon.
Aunque las evidencias eran notorias como para profundizar en la investigación, el Protocolo de Desorientación contrainsurgente funcionó de manera precisa. Manifestaciones multitudinarias a ambos lados de la muga, declaraciones de líderes políticos a favor de la investigación imparcial… Todo ello fue tratado por las autoridades españolas y francesas de manera frívola, señalando que sus protagonistas alentaban teorías conspirativas. Y que no había nada de qué sospechar.
En París, Michèle Alliot-Marie era ministra del Interior, que no puso objeciones a las declaraciones de Pérez Rubalcaba, aunque su equipo ya sabía de la mentira. La fiscal de Baiona Anne Kayanakis, reconoció públicamente los fallos habidos en el curso de la investigación. La fiscal abandonó el caso, según manifestó debido a su complejidad, entregándolo a una juez instructora, Myriam Viargues, de Toulouse, asistida por el fiscal Michel Valet.
El jefe de la judicial de Toulouse, encargado del caso, Francois Bodin, no encontró pruebas de irregularidades. Junto a Kayanakis, fue trasladado a Burdeos. Un ascenso. En España, el delegado del Gobierno en la Comunidad autónoma vasca, Mikel Cabieces, apuntó a que la desaparición de Jon era un hecho anecdótico, secundario. Que no merecía atenciones. Cuando abandonó su cargo en 2012 fue acogido por Kutxabank irregularmente, “por los servicios prestados” según su presidente Mario Fernández.
El entonces consejero de Interior del Gobierno vasco, Rodolfo Ares, denuncio en la Audiencia Nacional a los convocantes de una manifestación con el lema “Non dago Jon?” porque en la misma se lanzó el eslogan de “la Policía tortura y asesina”. Siete años más tarde, ese mismo Gobierno certificaba y documentaba la existencia de 4.113 casos de tortura en la Comunidad Autónoma Vasca.
En la Audiencia Nacional, las gestiones del magistrado Fernando Andreu no dieron fruto alguno. Como tampoco las que llevaba, simultáneamente, sobre otro de los desaparecidos históricos, Eduardo Moreno Bergaretxe, Pertur. En 2017, concluyendo la interpretación de la muerte de Jon, oficialmente por un fallo cardiaco y su gestión a una cadena de errores administrativos, el Tribunal de Apelación de París desestimaba la demanda de reconocimiento de la responsabilidad del Estado francés en la investigación de la muerte del militante vasco.
Hoy, diez años después, y según la ley de victimas del Estado promovida por el Gobierno autónomo vasco, con el aval del PNV y del PSOE, Jon Anza no es una víctima. Por dos razones. La primera porque Jon era militante de ETA y quedan excluidos de los excesos policiales. Y la segunda porque a pesar de los indicios y de las evidentes irregularidades en la investigación, las resoluciones judiciales se imponen, según el acuerdo, sobre el resto. Así que, diez años más tarde, sigue siendo asunto de Estado. A Jon le falta su último viaje, el de la verdad.

Politi-estercolero:
-Vuelve Pablo Iglesias: El camaleón más versátil de la política española.
En una intervención “estelar” en la Asamblea Ciudadana de Podemos, Pablo Iglesias volvía a ofrecer, con su habitual elocuencia, un discurso que busca —desesperadamente— recuperar los viejos ecos de una presunta “izquierda radical”.
Como ha venido haciendo a través de su Canal Red, Iglesias volvió a clamar contra la OTAN, despotricó contra el gasto militar como lo haría cualquier persona de izquierdas coherente y presentó a su partido como el único baluarte frente a una “izquierda domesticada”, lanzando duras críticas a Sumar y a la actual deriva del Gobierno de coalición.
Unos días antes, en la presentación de su libro “Enemigos íntimos”, en la taberna Garibaldi, había reforzado esta misma narrativa, sosteniendo que España necesita “una izquierda real que cuestione el capitalismo” y postulando a Irene Montero frente a la “izquierda cómoda”.
No es este, sin embargo, el primer pretendido giro hacia la “radicalidad” del cofundador de Podemos. En realidad, toda su biografía política no es más que la historia de una continua mutación camaleónica, de un calculado ejercicio de oportunismo que le ha llevado a ir cambiando en función de las coyunturas, siempre al servicio de su ascenso o supervivencia personal.
«La hemeroteca es implacable: el pasado de Iglesias desmonta su nuevo disfraz radical»
*El espejismo del nuevo radicalismo: un cálculo electoral como único horizonte
La radicalización verbal de Iglesias en las actuales circunstancias políticas era, en definitiva, una maniobra previsible. La expulsión de Podemos del Gobierno, la exclusión de Irene Montero de las listas de Sumar y el hundimiento electoral sufrido por el proyecto morado dieron el pistoletazo de salida al ex vicepresidente del Gobierno para tratar de reactivar un relato que, de no conocer su trayectoria, algunos podrían llegar a considerar como casi revolucionario.
Así lo podríamos creer, en efecto, si no tuviéramos en nuestra memoria que siempre que la coyuntura le fue más favorable, en términos de inclusión en las instituciones del Poder político, Iglesias fue el primero en abrazar la «moderación» socialdemócrata para integrarse sin rubor en el Régimen del 78 que antaño decía querer derribar.
Recordemos que fue él mismo quien, tras señalar al PSOE como bastión de la “casta”, terminó entrando como socio menor en un Gobierno presidido por Pedro Sánchez y ejerciendo con entusiasmo como vicepresidente de esa misma “casta” que había jurado combatir.
Hoy, desde la relativa comodidad de su actual trinchera mediática, Iglesias intenta presentarse nuevamente como el azote del sistema que en su momento contribuyó a auparlo. La hemeroteca, no obstante, resulta implacable. Aún resuenan en nuestros oídos, sin ir más lejos, algunas de sus declaraciones durante la pandemia del covid-19, cuando no tuvo reparos en celebrar que la Unión Europea —según él- había “cambiado” y abandonado supuestamente su esencia neoliberal.
«Podemos se presentó como rupturista, pero fue una operación para reconducir el descontento hacia el sistema»

*El discurso antimilitarista y la complicidad con la OTAN
Uno de los ejes centrales de la narrativa actual de Iglesias es la denuncia de la OTAN y el rearme del Estado español. Pero, aunque no le falte razón al señalar las políticas belicistas del Ejecutivo del PSOE y Sumar, lo cierto es que él es uno de los menos apropiados para ofrecer lecciones de ética en este terreno. Bajo la vicepresidencia de Iglesias no solo se aprobó el mayor incremento del gasto militar hasta ese momento, sino que Podemos formaba parte también del Ejecutivo que se encargó de organizar la «Cumbre de la OTAN» celebrada en Madrid.
Pero aún más sangrante fue su respaldo incondicional al general Julio Rodríguez, ex-Jefe del Estado Mayor de la Defensa, al que Iglesias no dudó en promocionar como candidato de Podemos y soñó con convertir en Ministro de Defensa. Aunque Rodríguez fue corresponsable de la destrucción de Libia por parte de la Alianza Atlántica, Iglesias lo impuso como número dos de la lista de Podemos al Congreso de los Diputados por Zaragoza, en 2015, como cabeza de lista de Unidos Podemos por la circunscripción electoral de Almería, en las Elecciones Generales de junio de 2016, y acabó promocionándolo para que fuera designado Secretario General de Podemos en Madrid.
Por aquellas fechas, el Partido de Pablo Iglesias, que ahora pretende venderse como adalid del antimilitarismo y el pacifismo, no tenía empacho en reconocer, por boca del propio general Julio Rodríguez y de otros destacados portavoces, que «la OTAN es necesaria y Podemos respetaría los compromisos» con la Alianza, brazo armado del imperialismo occidental.

*Monarquía: de adversario declarado a cortesano institucional… y vuelta a empezar
No menos reveladora ha sido la evolución de Pablo Iglesias en relación con la Monarquía. De tildar a la Casa Real como símbolo de la corrupción, calificando a los Borbones como “gentuza”, y exigir que el rey «se presentara a las elecciones», pasó a declarar que «sería un honor reunirse con el jefe del Estado».
Una integración plena en la institucionalidad que también demostraron abiertamente sus compañeras de partido, Irene Montero e Ione Belarra, participando con entusiasmo en el besamanos al monarca durante la celebración de la llamada «fiesta nacional».
Hoy, Iglesias vuelve a tratar de retomar su vieja estampa, presentándose de nuevo como un convencido republicano y crítico acérrimo de la institución monárquica, como si nada hubiera ocurrido en su trayectoria política a lo largo de la última década.
«Iglesias encarna la deriva de esta nueva «izquierda» identitaria, heredera de los viejos eurocomunistas, que ha sustituido la lucha de clases por los juegos de pronombres»
*Los cambios de discurso como estrategia de supervivencia personal
Y es que la trayectoria política de Pablo Iglesias ha sido un auténtico catálogo de promesas que fueron diluyéndose como azucarillos al calor del poder o de su conveniencia inmediata. Iglesias ha terminado por convertir el arte del «donde dije digo, digo Diego» en su especialidad, dejando claro que en su manual de supervivencia política los principios tienen el mismo valor que en su día expresara, en tono humorístico, el genial Groucho Marx.
De afirmar que Podemos nunca entraría en un Gobierno con el PSOE si antes no lograba superarlo en número votos, pasó a justificar la Coalición como una victoria estratégica, cuando su partido comenzó a perder fuelle electoral y estimó que entrar en el Ejecutivo era la única manera de frenar su caída.
De despreciar la institucionalidad, defendiendo que «la política está en la calle, los centros de trabajo y los centros de estudio y no en los parlamentos», pasó a desdecirse, en cuestión de unos pocos meses, asegurando que esa afirmación era tan solo una “estupidez que decían cuando eran de extrema izquierda” pero, en realidad “las cosas se cambian en las instituciones». Hoy, Iglesias vuelve a decir lo contrario, sin sentir la más mínima vergüenza, a través de los micrófonos de La Base.
Algo similar sucedió con Venezuela y su proceso bolivariano. Tras defender a ese país y a América Latina como “referencias fundamentales para el sur de Europa”, no tuvo problemas en renegar de sus palabras, afirmando que «nunca había dicho tal cosa” y evitando responder a quienes, en los platós de La Sexta, sostenían que el Gobierno venezolano estaba asesinando opositores a mansalva en las calles de Caracas.

*Iglesias y Podemos vs. Sumar: una falsa disyuntiva entre proyectos calcados
Con vistas a las próximas citas electorales, Iglesias busca ahora diferenciarse de Sumar, acusando a Yolanda Díaz de ser la «muleta del PSOE». Una crítica que, apuntando a un hecho incuestionablemente cierto, carece también de sentido cuando quien la formula es Pablo Iglesias. Durante su estancia en el Gobierno, Podemos desempeñó exactamente el mismo papel que hoy juega la vicepresidenta designada, por cierto, a dedo por el propio Iglesias como su sucesora.
La competencia entre Podemos y Sumar no es más que una disputa por la hegemonía en el espacio electoral de una izquierda plenamente integrada en el sistema, entre dos facciones sin diferencias sustanciales en su ideología, ni en su práctica política.
*Podemos: un disfraz populista adaptable al mercado político
Desde sus inicios, Podemos fue una formación construida a partir de una amalgama confusa de consignas populistas, presentadas en un envoltorio mediático vistoso pero carente de coherencia política.
Como advertimos desde las páginas de Canarias Semanal, desde los primeros momentos de la aparición de la formación morada, Podemos no pasaba de ser otra cosa que una construcción mediática orientada a reconducir el malestar social, expresado en el Movimiento 15M, hacia márgenes aceptables para el sistema.
Pablo Iglesias y su núcleo dirigente entendieron desde el principio que podían obtener réditos electorales vendiendo una imagen renovada de la socialdemocracia clásica, disfrazada de rupturista. Así, se presentaron como críticos del Régimen del 78, de la Transición española y de la “casta”, sin cuestionar jamás los pilares económicos del capitalismo. Su presunta «radicalidad» inicial no se apoyaba en una organización popular, sino en una estrategia diseñada para capitalizar electoralmente el desencanto social sin poner realmente en peligro las estructuras del poder.
En los momentos de mayor auge de la formación morada, el propio Iñigo Errejón, entonces segundo del partido, se jactaba de que «no necesitaban una base popular organizada” para llevar a cabo su proyecto, confirmando que su prioridad era la mera ocupación formal de las instituciones y no la transformación de la sociedad.
Su ambigüedad ideológica permitió a Podemos moverse con soltura entre discursos encendidos y prácticas de moderación institucional. Una ambivalencia que se expresó también en la aceptación plena del sistema capitalista, reconocida por el propio Iglesias cuando ante los medios expresó que:
«Uno se podía definir como quisiera en su casa, pero lo que hay son economías de mercado y lo que se pueden hacer son algunas políticas dentro de esas economías de mercado».
La realidad es que Iglesias, que hoy se permite denunciar a la «progresía mediática», logró llegar a la vicepresidencia del Gobierno gracias a esa misma progresía mediática que lo aupó, lo invitó a platós y lo convirtió en fenómeno televisivo antes de decidir que, una vez amortizado Podemos como «bomberos del incendio social», había llegado la hora de prescindir de sus servicios.
Al desviar la energía de las protestas hacia una estructura de Partido integrada en el sistema, Podemos contribuyó decisivamente a la desmovilización de los sectores populares generando frustración y alimentando, de forma indirecta, el ascenso de algunas de las opciones reaccionarias ultraderechistas que hoy se presentan como “antisistema”.
Pablo Iglesias, por su parte, encarna, quizás como ningún otro político español contemporáneo, la deriva de esta nueva “izquierda” identitaria, heredera de los viejos eurocomunistas, que ha sustituido la lucha de clases por los juegos de pronombres y ha hecho del oportunismo su modus vivendi.
Pero lo que también pone en evidencia la esperpéntica trayectoria de Iglesias, y la experiencia de Podemos, es la urgente necesidad de construir una alternativa política popular que no dependa de figuras mediáticas, de camaleones políticos sin escrúpulos morales, ni de maniobras de marketing electoral.