
“Arenas” en libertad:
-Creación literaria en forma de romance, basada en el libro autobiográfico de Manuel Pérez Martínez, Camarada «Arenas»: «RELATO DE UN NIÑO POBRE»
(Continuación del anteriormente publicado los días 3 y 4 de abril)
COMIENZO DE LA VIDA LABORAL EN MADRID DE MANUEL PEREZ MARTINEZ. (Camarada «Arenas)
SOLEDAD EN «EL POZO.» AÑORANZA DE TETUÁN
Cecilia Ruth-Castelao

1a Parte
Tu padre se va al trabajo
a las seis de la mañana,
tú te levantas después:
¡Manuel, tocan diana!
Vas a ir al nuevo tajo,
por cierto, de escayolista,
que por suerte has encontrado:
¡Comienzas a ser realista!
Tienes que coger el metro:
caminata desde El Pozo
por Martinez de la Riva
(no te cansas, eres mozo)
hasta el Puente de Vallecas.
Allí está la boca que engulle
a cientos de trabajadores:
¡Pronto apagarán las luces!
Es de noche todavía
cuando por las escaleras,
pasando por las taquillas
al andén muy pronto llegas.
Lo encuentras abarrotado
de emigrantes como tú,
rostros oscuros, curtidos
de aquella España del Sur:
Andaluces de Jaén,
de Badajoz, extremeños,
gañanes de tierra adentro
y de la Mancha, manchegos.
Como puedes, te abres paso
hasta llegar a una puerta
de uno de los vagones
que han abierto. —¡La tartera,
Manuel, ten cuidao con ella,
no la viertas, que no comes!
La bolsa la agarras bien
y entras entre apretujones.
— «¡Señores viajeros!» Se oye
nítidamente una voz:
«Al salir tengan cuidado
(voz que sale de altavoz)
para no introducir el pie
entre coche y el andén.»
Al ser avispao y menudo
entras en un santiamén.
Como sardinas en lata
todos vais en el vagón,
os èchais el mutuo aliento
en la cara. De blasón
ninguno sois. Os aguantáis
y nadie dice ni mú.
Toses, traqueteos de puertas:
¡No disparos de arcabuz!
La gente de aquí es muy rara,
te miran como de reojo
y casi nunca te hablan:
¡Rostros serios como abrojos!
Son rostros de campesinos,
de braceros a jornal
en sus pueblos, que han dejado,
con esperanza de mejorar
sus vidas en la capital,
trabajando de peones
de albañil. Es un oficio
que no necesita galones
ni estudios. Solo estar sanos
y trabajar como burros,
eso sí, sin protestar:
¡Recuerda que sois garrulos!
Y te acuerdas en la obra,
alrededor todos sentaos
de la chasca en el bidón.
Y ya bastante cansaos,
a mitad de la jornada
a la hora de comer:
¡Tampoco nadie habla allí!
Percibes rara mudez.
Quiero saber el motivo
de este silencio aplastante.
Te haces esta pregunta
cavilando unos instantes.
(Fin de la 1ª parte)
